101 Faces de César lacalle

‘101 Faces’ de César Lacalle

Hay una actitud, una manera de afrontar el día a día, explícitamente no consensuada, pero que compartimos los ciudadanos de las grandes urbes. Caminamos mirando hacia abajo. Contamos los pasos que nos separan de nuestro destino. No hacemos más que caminar, frenéticos, de un destino a otro. A pie, en transporte urbano. Tornos y vagones. Tejemos un mapa delirante por ciudades abismales. A veces miramos al frente, y si nuestra mirada se cruza con la de otro ciudadano anónimo y cotidiano como nosotros, nos sentimos de pronto invadidos.

Esa mirada desconocida, pero a la vez tan familiar -porque es tan parecida a la que vemos cuando nos miramos en el espejo- invade nuestro pequeño espacio de intimidad. Así que preferimos no mirar. Ahora, además, tenemos una excusa para mirar hacia abajo. La pantalla de nuestros smartphones puede ser una ventana a otros mundos. Mundos irreales por los que buceamos mientras que ignoramos el mundo real que nos rodea. Nunca levantamos la cabeza. Dicen que, en ciudades con historia, siempre hay que mirar hacia arriba. Una placa conmemorativa o una gárgola en una cornisa. La ciudad está llena de secretos. Nosotros somos uno de sus secretos.

Con su obras, el fotógrafo César Lacalle (Madrid, 1963) escribe una especie de biografía de las grandes urbes. Las suyas no son vistas de pájaro del perfil de la ciudad. No le interesa esta imagen global, tan manida e impersonal. A él le interesan esos pequeños rincones en los que no nos percatamos durante nuestro ir y venir diario. Estas pequeñas escenas, sacadas de su contexto, transpiran el alma de una ciudad. Una ciudad anónima, como las de su serie No name city. Cualquiera de las fotografías podría estar hecha en nuestra ciudad. Quizá incluso nos hayamos detenido en ese rincón. Puede que seamos una de esas espaldas que se alejan por la calle. De pronto, lo conocido se vuelve desconocido y el mundo nos parece inmenso a la vez que pequeño.

Lacalle ha reunido algunas de las fotografías más representativas de su discurso en la exposición La vida túnel, que se podrá ver hasta el 26 de febrero en el Centro Cultural San Juan Bautista, en el distrito de Ciudad Lineal de Madrid. A sus fotografías acompañan las palabras de la periodista y gestora cultural Bárbara Vidal. Ha sido casi un año organizando esta exposición, que pronto se verá ampliada en otro centro público de Leganés. “Hay centros más o menos dispuestos a acoger tu obra” , explica el artista. Para La vida túnel ha traído algunas de sus fotografías de No name city, esos rincones urbanos desconocidos y, casi siempre, deshabitados. En esta serie, la arquitectura es profundamente silenciosa. “Los espacios deshabitados que muestro en mis fotografías me transmiten un instante íntimo. Es cuando interrogo el lugar, la ciudad, las personas que habitamos en ellos, es entonces, cuando las ideas toman forma, me engancho al espacio y quiero fotografiarlo”, cuenta Lacalle.

‘La vida túnel’, exposición de César Lacalle

Una de las paredes de la exposición está ocupada por una gran instalación fotográfica. Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos de Lacalle, 101 Faces, retratos de ciudadanos anónimos que ya ha realizado en ciudades como Madrid, Londres, Shangái o Paris. La que ha traído a La vida túnel corresponde a la serie de Manhattan, y por ello ha querido organizar los 101 retratos con forma de skyline. La monumentalidad forma parte de la idiosincrasia de la ciudad. También la variedad de razas, edades y estilo de vestir. “De 100 personas fotografiadas, puedo haberle preguntado a mil. En algunas ciudades están más dispuestos a participar que en otras. En Manhattan están acostumbrados a ver de todo. En Shangái son más reticentes. Madrid es un término medio”, cuenta de su experiencia rastreando las calles de Nueva York.

“Una gran ciudad marca pautas de comportamiento, de gustos, de deseos, ofrece oportunidades y también genera frustraciones y desencantos y esto se ve reflejado en cada uno de nosotros” explica el fotógrafo. Después de fotografiar tantas grandes ciudades, Lacalle se dio cuenta de que sus ciudadanos son bastante parecidos. Comparten algunas pautas y maneras de actuar probablemente derivadas de interactuar con un espacio grande e impersonal como es la ciudad moderna.  “Quizá seamos una masa, pero homogénea no lo creo, a pesar de esta “uniformidad” a la que estamos llegando. Existen llamativas diferencias sociales que no deberían de producirse” opina el fotógrafo. Y a pesar de esta masificación, de la soledad que transmiten muchas de las escenas urbanas de Lacalle, el artista confía en una pulsión que nos lleva a las personas a acercarnos las unas a las otras, a buscar compañía y refugio.

Completa la muestra otra pequeña selección de fotografías de conocidos rincones culturales. Esta vez, Lacalle no tiene problema en desvelarnos el lugar retratado. La originalidad no reside en su anonimato, si no en la manera en que son presentados, tan vacíos, tan irreales, con una estética casi futurista, de distopía, de ciudad vacía. El Centro de Arte Complutense, el Museo Reina Sofía, el Caixaforum… ¿qué queda de estos espacios, hechos para disfrute del público, cuando le arrancamos el contenido humano? Imagine una ciudad silenciosa, en la que no quede nadie. ¿Qué historias contaría?