Imagen del secretario general de Podemos de la Comunidad de Madrid durante la entrevista realizada en la sede del partido / Alejandro Martínez Velez

Imagen del secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid durante la entrevista realizada en la sede del partido / Alejandro Martínez Vélez

Después de tanto años en la universidad a Luis Alegre le cuesta encerrar al académico para dejar hablar al político. Recibe a El Acróbata recién estrenada la campaña electoral, se le nota ilusionado, distraído; quizá por todo el trabajo que ha hecho y el que le queda por hacer. Un trabajo que ha situado a una lozana formación como Podemos, de apenas unos meses de vida, en el vórtice vertiginoso de la política. Pese a formar parte desde el inicio en la gestación del partido, y a convertirse en el secretario general de la formación en la Comunidad de Madrid, ha preferido mantener un perfil bajo. Ahora, sin embargo, asegura que las miradas en el supermercado ya han empezado. La gente le reconoce, pero se siente a gusto. No echa de menos pasar inadvertido, pero sí leer. Su gran pasión, junto a la filosofía. Dice ser amante de G.K Chesterton, el “príncipe de las paradojas”. Tiene un par de libros pendientes de publicar, aunque no tiene tiempo. Tampoco para ir al cine, algo que “le fascina”. Quiere acabar con el mito de que los secretarios generales no lloran, porque el lo hace cada vez que acude a una de estas salas. No le gusta, o quizá sí. Lo que seguro le encanta es su profesión y por eso entiende la política como un medio y nunca como un fin. Aunque no se pone fechas asegura que volverá a la aulas y, mientras tanto, si hay suerte y así lo quieren los ciudadanos, buscará como arreglar los problemas de Madrid.

icon-paperclip Consulta la primera parte de la entrevista)

¿Qué diferencia hay entre el Luis Alegre, profesor y filósofo, y el Luis Alegre político?

Han cambiado los grados de intensidad de cada una de las cosas. Yo llevo haciendo política en movimientos sociales, ciudadanos, vecinales desde los 15 años. Y llevo apasionado por la filosofía desde los 18. Creo que el compromiso político es, en general, una obligación ciudadana, o, como mínimo, un derecho ciudadano. Y lo que varía es dependiendo de las situaciones políticas la intensidad con la que te dedicas a una cosa y con la que te dedicas a la otra.

¿Se han producido cambios en su vida cotidiana desde que forma parte de la primera línea de la política?

Se ha trastocado mucho, el nivel de intensidad con el que he centrado mi actividad más en la política que en la filosofía en el último año, y que probablemente lo siga haciendo en el próximo año, no tiene precedentes en mi vida. Pero llegará el momento, y será más temprano que tarde, en que recupere mi otra gran pasión y mi vocación profesional: la filosofía.

¿Ha notado ya las miradas en el supermercado de gente que le reconoce por su labor al frente de Podemos? 

Sí, es una cosa que he notado. Y que dependiendo del grado de intensidad con el que te dediques a esto debe de ser difícil de sobrellevar. El grado en el que estoy yo ahora la verdad es que es agradable. Es agradable que te pare gente mayor dándote las gracias por haberles permitido recuperar la ilusión. Unas gracias que me parecen inmerecidas, pero que no dejan de agradar. La gente se siente más feliz consigo misma, más satisfecha, siente que ha recuperado la dignidad. Estaba resignada, acobardada, humillada, y no encontraban el modo de plantar cara a las élites. Y  de repente te das cuenta que estas personas te dan las gracias porque se sienten más dignos y más valientes. Y por esto te dan las gracias en el supermercado. Esto es un privilegio que jamás habría soñado tener.

Es algo habitual entre los políticos que, llegado el momento, dejen de leer la prensa o ver la televisión. Igual que los entrenadores de fútbol que aseguran que no ven los partidos del rival. ¿Ha dejado de comprar el periódico o de sintonizar algún canal en la televisión? 

Bueno, la televisión yo no la he visto nunca. Y la prensa la sigo leyendo. Lo que sí que me pesa mucho es haber dejado de leer a Kant, a Hegel… Debo reconocer que en el último año he tenido poco tiempo, y pocas posibilidades de concentración, para leer a estos autores. Pero lo recuperaré.

¿Cuáles han sido sus referentes en el mundo de la filosofía? 

Mi maestro es Carlos Fernández Liria. Es la persona por la que decidí estudiar filosofía y siento una fascinación academia y teórica por él. Todo lo he escrito con él, incluso dirigió mi tesis doctoral. Le considero no sólo uno de los grandes filósofos del panorama español, sino que además le considero inequívocamente mi maestro.

¿Cuál es el último libro que ha leído? 

El hombre vivo de G. K. Chesterton. Además creo que ha sido la decisión mas acertada que he tomado en años respecto al libro que tenía que coger. Chesterton es absolutamente maravilloso. Una vez que estás metido en esta vorágine de la política que casi te aisla del mundo y te mete en unos ritmos vertiginosos, esta obra es todo lo contrario. El hombre vivo es, ante todo, la construcción de un personaje tan puro y tan inocente que es en realidad como un niño que disfruta de todo como si fuera la primera vez. El mundo le produce la fascinación que no pede dejar de producirte cuando lo ves por primera vez. Es un mundo con puestas de sol, es un mundo con bichos bola, es un mundo maravilloso… Estamos acostumbrados a insertarnos en la cotidianidad y no nos parece raro que haya montañas o avestruces. Nos parece lo más normal del mundo y, sin embargo, si fuéramos capaces de ver las cosas con la ingenuidad de los ojos de un niño realmente viviríamos permanentemente el milagro en que consiste el mundo.

¿Echa de menos escribir? ¿Tiene algún libro en el tintero? 

Sí. Tengo un par de libros en el tintero que incluso los tenía ya comprometidos con el editor. Pero voy a intentar aprovechar este verano para retomarlos. Es sobre estética, sobre poesía, sobre el problema del juicio, sobre el misterio que hay en esa operación que consiste en poner las palabras a las cosas y que, en último término, tiene mucho que ver con la operación política en la que estamos. La conexión que hay entre política y poesía.  Un ejemplo, la palabra “casta” es en cierta mediada un acierto poético. Es la posibilidad de introducir una palabra nueva en el mundo que empaqueta, de un modo diferente, las semejanzas y las diferencias que había entre los partidos del antiguo régimen y que vuelve relevantes diferencias que hasta entonces estaban eclipsadas. Diferencias entre las élites privilegiadas y las minorías a las que se está haciendo pagar la crisis Esto te da la posibilidad de nombrar el mundo con palabras que le hacen más justicia.

¿Qué libro regalaría y a qué político? 

El libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, se lo regalaría a Cristina Cifuentes.

Como madrileño, ¿sigue yendo al cine a pesar de los elevadísimos precios? 

Me fascina el cine, aunque voy relativamente poco. La última vez que fui vi una película que recomendaría a todo el mundo, sin excepción: Pride. Ahora tengo muy poco tiempo y, además, hay una cosa que no me gusta que es que lloro en el cine. Esto me recuerda una anécdota, creo que viene recogida en El Libro de los abrazos, que cuenta la historia de un guerrillero nicaragüense que siempre se negaba a ir al cine. Ya después de unas cuantas películas a las que el tipo no acudía, le preguntaron pero por qué no quieres ir al cine, y él contestó: “Lloro en el cine”.

Se han publicados muchos artículos y muchos libros sobre las propuestas de Podemos y sobre los trabajos de sus fundadores. Sin embargo, apenas se ha tratado el tema de cómo surgió la formación. ¿Cómo vivió usted  ese proceso?

Estas historias dan mucho juego a los historiadores y a los periodistas, pero siempre son medio falsas. Al final siempre tienes que buscar un mito fundacional. En realidad, las personas que formamos esto tenemos en común conocernos de hace muchísimos años, haber hecho muchas actividades políticas juntos y haber diagnosticado la necesidad de irrumpir con una formación en el panorama político actual. Eramos perfectamente conscientes que lo que nos faltaba para irrumpir era tener una figura visible, intentándola buscar en distintos sitios y no encontrándola, y en ese proceso nos damos cuenta de que Pablo Iglesias se abre un hueco en los medios de comunicación. Es una cosa que se va labrando poco a poco. No hay un acontecimiento que marque un punto de inflexión. No os quepa duda de que se inventará. Es un punto literario que la historia necesita inventarse porque de lo contrario es un rollo.

Si no existiese Podemos… habría que inventarlo.