Coge una tiza y dibuja en el suelo tus recuerdos.  Un paisaje, una casa, un libro, una postal, una canción, un nombre o una persona.  Colapsan unos con otros tratando de hacerse un hueco en esa superficie que hace de improvisada pizarra. Después de tres años, la tiza de Juan Fernández Rivero  ha diseñado un tablero, se llama After Ego y lucha por ser su primer poemario en solitario. “Tendemos a concebir la memoria como una herramienta pseudo-fotográfica, pero lo cierto es que no es así; los hechos y las imágenes van deformándose a medida que se vive, y en ocasiones esas deformaciones son precisamente las que configuran nuestra personalidad y nuestra forma de mirar el mundo y nuestro alrededor” cuenta a El Acróbata Fernández Rivero. De ahí se explica la transformación, la obra se empezó a cuajar en forma de diario cuando en el 2013 este poeta sevillano se encontraba en Albuquerque, Nuevo México, como profesor del Instituto Cervantes. Tres años después, dos continentes y varias ciudades a sus espaldas él mismo se dio cuenta de que su libreta había cambiado. Se reconocía en recuerdos que no había vivido pero que se mostraban cristalinos, lo que ha acabado por ser After Ego tomaba forma. “Ha cambiado radicalmente desde su primera versión hasta la última. Tiendo a ser obsesivo a la hora de revisar —a veces demasiado—, así que muchos de los poemas que escribí cuando vivía en Estados Unidos han sido alterados o incluso eliminados de la versión actual”.

Fernández Rivero contesta a través de correos electrónicos cuidando cada palabra, con la pausa necesaria a la hora de responder qué es After Ego: “Un intento de entenderme a mí desde mis propios antifaces; podríamos decir que, si yo fuese escultor y no poeta, habría esculpido un mapa de mis cicatrices: de las que oculto y las que no, de las falsas y las verdaderas”.  No es su primera obra publicada, ya que integró las firmas de Plural de habitación, un proyecto que combinaba la poesía y la arquitectura.  La editorial www.Libros.com  con su habitual formato de publicación por crowdfunding dio luz verde a la idea que se encuentra próxima a lograr su objetivo. Fernández Rivero, que ahora mismo reside en Madrid tras haber pasado por Irlanda o Bosnia,  forma parte del equipo editorial.  El sistema de micromecenazgo va desde el paquete básico, ejemplar con tu nombre en las páginas de cortesía, a uno que incluye un taller en edición de estilo y corrección a cargo del propio autor.

Estracto, Alter Ego-min

Si los recuerdos son lugares, el mapa de After Ego es extenso. Para el autor su etapa en Estados Unidos marcó su poesía: “Fue en Nueva York donde entré en contacto con la literatura joven estadounidense y la poesía de Internet, que en aquel momento me pareció revolucionaria. Se trata de una etapa importante para mí, pues en cuanto volví a España empecé a participar en multitud de eventos —jams, recitales, poetry slams…— y a exponer una poesía que hasta entonces nunca había salido de mi ordenador”.

El proyecto viene acompañado con una selección de diez fotografías originales firmadas por  João Pedro Pinto. Historias, sucesos, interpretaciones y la vida personal del artista se solapan unas a otras.  Por ejemplo,  “El día que Petr Pavlensky se cosió los labios” da comienzo a un texto tan cotidiano como utópico con la nostalgia del amor entre pantallas de ordenador de fondo.

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Juan Fernández Rivero / www.libros.com

“A Lorca, Bonnefoy y Ungaretti les debo la concepción de una poesía imaginista; a Rimbaud y Rodin las ganas de llevar las cosas siempre un poco más allá; a Lezama, Valente y Maillard el gusto por lo profundo y lo velado; a Bertolt Brecht y Enrique Falcón la idea de que el arte requiere de conciencia crítica”, contesta sobre sus influencias, sin olvidarse de autores de su generación: “Natalia Litvinova, Tao Lin y mis compañeros del grupo Plural de habitación”. La fotografía -Joel Peter Witkins o David Nebreda- o el arte oriental forman parte de sus tablas: “He escrito muchísimos haikus, senryus, tankas… No sé si algún día esos poemas verán la luz, pero desde luego el sincretismo que persigo en mis imágenes no existiría si no hubiera leído a Santōka o Bashō”.

After Ego -realmente cerca de cumplir el objetivo de la publicación- es, en definitiva, un viaje que rememora e imagina de manera simultánea, y que lleva al lector a evocar dicha travesía a la misma vez que plantea preguntas sobre nuestra propia historia. Juan Fernández Rivero cuenta con borbotones de tinta que la memoria no es aquello que recordamos, sino cómo lo recordamos y por qué.