alice-in-wonderland

La versión de Disney de Alicia en el País de las Maravillas.

A nadie le resulta extraño que una vez al año celebremos el día de nuestro nacimiento. Pero tuvo que llegar un sombrerero loco para que nos preguntásemos qué ocurría con los otros 364 días del año restantes. ¿Acaso nuestros no-cumpleaños no son importantes?

Aunque la pequeña Alicia cumplió 150 primaveras el año pasado, sus aventuras en el país de las maravillas continúan creando tal expectación, que la Biblioteca Británica ha decido ampliar su exposición conmemorativa hasta el próximo 17 de abril.

La obra de Charles Lutwidge Dogson, escrita bajo el popular pseudónimo de Lewis Carroll, no sólo se ha convertido en una de las obras más populares de todos los tiempos, sino también en uno de los sellos de identidad de la cultura británica. El legado dejado por Alicia en Reino Unido es infinito: cobra vida en obras de teatro escolares, locas fiestas del té, carnavales… Incluso diferentes tabloides británicos retan a sus lectores con diferentes tests que ponen a prueba cuán friki de Alicia son.  

Desde su creación, Alice’s adventures in Wonderland, verdadero título del libro, ha atraído tanto al gran público, como a la industria cinematográfica. Pese a que su primer salto a la gran pantalla lo dio de la mano del director británico Cecil Hepworth en 1903, la versión más conocida del libro fue la creada por la famosa factoría Disney en 1951. Así, tras el éxito cosechado en las salas con Blancanieves y los siete enanitos, la factoría se dejó seducir por la pequeña rubia de aspecto angelical.  A la Alicia de 1951 le seguiría, casi sesenta años más tarde, una moderna y diferente película dirigida por Tim Burton (2010). El excéntrico director, quien confesó ante el diario The Guardian “odiar a la aburrida versión de Alicia” que había salido en la televisión incontables veces, admitió que, por lo contrario, él se había dejado guiar por la verdadera protagonista que Carroll mostró en su libro: “una Alicia que siempre había sido golpeada por una vida real en la que no encajaba”.

Son muchos los que a día de hoy se siguen preguntando si realmente ésta es una obra concebida para el público infantil. Llena de simbolismos, delirante y compleja, la obra publicada en 1865 pronto se consideró como el nacimiento de la literatura “non-sense”, es decir, sin sentido.

Sin embargo, esta sensación de locura y delirio que siempre han acompañado a Alicia no se deben sólo al “sin sentido” estilo del autor, puesto que la verdadera historia sobre la creación de Alicia en el país de las maravillas no ha hecho sino potenciar dicha percepción.

Carrol, las sombras de un icono británico

El fantástico mundo de las maravillas nació una veraniega tarde de 1862 en Oxford (Inglaterra). Carroll disfrutaba de un paseo en bote por el Támesis con las hermanas Liddell: Alice, de diez años, Lorina, de trece, y Edith Mary, de ocho. Las pequeñas Liddell eran las hijas de su compañero y amigo el vicecanciller de la Universidad de Oxford, Henry Liddell, con las que el diácono Dogson (Lewis Carroll) pronto estableció una gran amistad. Alice, la más inquieta y rebelde de las tres hermanas, le pidió a Carroll que le contase un cuento, pues la excursión se le tornaba muy aburrida. Ante la insistencia de la joven, éste fue hilando un relato sobre las hazañas de una muchacha que compartía nombre y edad con Alice.  Encantada, una vez terminó de escuchar la narración, le suplicó al diácono que escribiese ese magnífico cuento para ella.

Carroll tardó dos años en finalizar la obra, cuyo primer ejemplar entregó, en exclusiva, a su querida Alice Liddell. Asimismo, este valioso manuscrito incluía varias ilustraciones realizadas por él mismo y un ovalado retrato de su musa bajo el cual se escondía su foto.  

Esta extraña relación, obsesiva, que el escritor mantenía con Alice siempre ha estado rodeada de una gran polémica. Carroll jamás ocultó su predilección y fascinación por el carácter desenfadado de aquella pequeña, nerviosa, traviesa, de pelos desaliñados, que apenas contaba siete años de edad en el momento en que se conocieron. Ella fue, por excelencia,  su musa literaria y fotográfica.

A raíz de una carta escrita por los padres de Alice en la que pedían a Carroll que no se acercase nunca más a la menor, algunos expertos han llegado a afirmar que el también matemático había pedido matrimonio a Alice. Ello explicaría el frío distanciamiento que tuvo lugar años después entre la familia Liddell y Carroll. Sea como fuere, se desconoce la causa exacta que provocó esta ruptura, ya que todas las páginas del diario del escritor correspondientes a esa época fueron arrancadas por sus familiares.

Junto al legado de diarios, Dogson dejó consigo la correspondencia que había mantenido durante toda su vida, hasta poco antes de su muerte, con una ya adulta Alice. Esto reavivó la duda sobre la naturaleza de aquel amor “prohibido” que le procesaba y la opinión pública comenzó a preguntarse si éste, quizá, habría sido correspondido, dado que, en honor a su amigo, ella bautizó a uno de sus hijos con el nombre de Carroll.

Considerado un pionero de la fotografía, su fallecimiento desveló, por otra parte, numerosas imágenes un tanto controvertidas que había hecho a las hermanas Liddell y a otras niñas. En estas instantáneas, las modelos aparecen desnudas, semidesnudas o en poses muy poco naturales, más propias de una persona adulta.  Según reveló Servando Rocha en su libro El hombre que amaba a las niñas, el estricto y tímido diácono sólo se sentía cómodo con las menores de edad. De hecho, sólo con ellas se expresaba de forma libre y sin ataduras. Les escribía sencillas cartas que jugaban con los dibujos y las palabras, en las que él aparentaba ser otro niño, y se servía de los juguetes que guardaba en su maletín para conseguir que posasen ante su objetivo “con un vestido hecho de nada”. ¿Pero cómo dejar que la genialidad de Carroll se ensuciase con rumores tan turbios como el de la pedofilia? En un país tan moralista como Reino Unido, muchos se apresuraron a defender que había sido un retratista de la inocencia, que sus fotos se estaban sacando de contexto y que artistas como Julia Margaret Cameron habían sido precursores de este tipo de desnudos. A pesar de todos los intentos por silenciar las perturbadoras evidencias, el documental emitido por la BBC El mundo secreto de Lewis Carroll marcó un antes y un después al señalar, sin ningún tipo de reparo, que Lewis había sido un pedófilo.

La oscura historia que se esconde tras lo que, en apariencia, es un inocente e infantil relato siempre acompañará a su polémico autor y a su protagonista. Mientras tanto, Alicia continuará con su persecución al blanco conejo de ojos rojos, sus incomprensibles conversaciones con el sombrerero loco, sus enfados con el travieso gato, sus juegos de croque con la malvada reina de corazones y, por supuesto, nunca cesará de fascinar y embaucar a cada generación que se tope con ella.

“Porque aquí todos estamos locos, tú también estás loco. ¿Y cómo sé qué estás loco? Tienes que estarlo porque si no, no habrías llegado hasta aquí.”