Cartel Elecciones 1977

Cartel de las elecciones de 1977

En 1977 pocos hablaban de bipartidismo. La corrupción no estaba muy presente en los discursos políticos ni se hablaba de castas. Era una España diferente y por tanto unas elecciones diferentes, las primeras democráticas desde 1936, donde el cambio ya era una realidad imparable y sólo había que elegir quien lo comandaba: o los conservadores herederos del franquismo y amantes de lo tradicional, o los progresistas que caminaban como funambulistas entre el marxismo y la Europa de las Comunidades Europeas. Una España del ‘Habla pueblo habla’ germen de la actual del ‘Sí se puede’.

Hace casi 40 años no se imaginaba que existiese el PP, y su predecesor, Alianza Popular, era un partido minoritario que sufrió un enorme vapuleo aquel 15 de junio. Eran herederos de tiempos antiguos con Fraga, un vetusto líder de la dictadura, como jefe supremo acompañado por Arias Navarro, el hombre que anunció llorando la muerte del dictador, algo que a los españoles no debió gustar en demasía. Al igual que no les debió gustar Carrillo y su Partido Comunista predecesor de Izquierda Unida por mucho que les sorprendiera después de haber sido la principal oposición a Franco.

Adolfo Suárez votando junto a su mujer en las Elecciones de 1977

Adolfo Suárez votando junto a su mujer en las elecciones de 1977

Era una España diferente pero parecida a la de ahora en la que también había un partido a batir, la hegemónica UCD, que, a pesar de ser favoritísima, no consiguió una mayoría absoluta ni contando con el hombre del momento, quien había urdido la Transición, Adolfo Suárez.

Los resultados, aunque claros, no fueron tan determinantes como en parte se esperaba. No había mayoría absoluta y las amalgama de partidos que se habían lanzado a la piscina electoral tenían más peso de lo que un país recién salido de una dictadura de pensamiento único podría llegar a imaginar. Un 78% de participación, récord histórico, ayudó a que partidos como el PSP de Tierno Galván pudiesen entrar en un Congreso tan fragmentado que ahora mismo diríamos que caminaba hacia la italianización. Un Parlamento que a pesar de sus diferencias internas tuvo la difícil responsabilidad de tener que pactar una nueva Constitución y el futuro democrático de un país sumido en una crisis económica, política y de identidad.

Tras los resultados finales de los comicios se mostró una polarización de los españoles que poco después fraguaría el bipartidismo que ahora se intenta romper. Suárez ganó con 165 escaños seguido por el sorprendente e inesperado PSOE, de un joven y carismático Felipe González, con 120. Tras ellos, una amalgama de pequeños partidos encabezada por el más que derrotado Carrillo y sus 20 escaños comunistas. Unos resultados cuya lectura se encaminó a la europeización del país y a una tendencia a las mayorías de centro que ahora parece que empieza a cambiar o, por lo menos, a abrirse.

Mapa de resultados Elecciones 1977

Mapa de resultados electorales de 1977

Campaña para todos

La campaña había comenzado unos meses antes, justamente el 15 de abril de 1977 cuando el Consejo de Ministros del Gobierno provisional convocó las elecciones. Quedaban 2 meses para intentar ganar unas elecciones que no tenían un ejemplo anterior en el que fijarse. Por ello los partidos optaron por una lucha sin cuartel ni trincheras y sin saber muy lo que tenían que hacer para ganar al contrario. De tal caos, el que más se aprovechó fue el renovado y fresco PSOE, con dos líderes como González y Guerra que hacían las delicias de los modernos españoles. Poco después el expresidente confesaría que si hubieran tenido algo más de tiempo para convencer a los más reacios habrían ganado unas elecciones más.

Aunque el PSOE fue el que más partido sacó a la campaña, todos los partidos con posibilidades quisieron aparecer en los medios, era el boom de la televisión y el que no estaba en la imagen se quedaba fuera. Con discursos por la estabilidad y la paz, algo que con el terrorismo de ETA y de otros grupos de ultraizquierda y de ultraderecha parecía lejos de conseguirse, Fraga, Carrillo, Suárez o Tierno Galván campaban por televisiones, radios y periódicos de todo el país intentando erigirse como los líderes que necesitaba esta nueva España. También lo hacía Blas Piñar con sus franquistas reaccionarios y Gil Robles con sus demócratas cristianos, pero a ellos parece que ni el llenar plazas de toros les surtió efecto.

Todo era un laboratorio sin muestras de lo que había que hacer para vencer, solo formulas que había que ir probando sin saber que resultado podían dar. Mítines, puerta a puerta, canciones repetitivas y pegadizas, anuncios en calles y radios, todo valía para intentar ganar, o por lo menos para demostrar que tu idea era mejor que la del otro. España se convirtió en una especie de tabula rasa en la que todos iniciaban de cero y tenían las mismas posibilidades de triunfar.

Hasta el 15 de junio, miércoles (se celebró en día laborable para incentivar la participación), cuando España se dio cuenta que aunque no lo sabía era un país de bloques y de mayorías, justas, pero mayorías. Ahora, 38 años después, aquellos comicios se han desvirtuado igual que toda la Transición pero quedará para el recuerdo como aquel momento en el que la España post Franco empezaba a escribir, casi sin saberlo, una historia que ni se imaginaban a dónde podría conducir.