Bandera de Austria

Bandera de Austria

En mayo de 2015, cuando aún no se hablaba ni en la mitad de Europa del problema de los refugiados, en Austria ya causaba estragos políticos a los partidos tradicionales y  daba alas a los ultras. El 31 de mayo, en unas elecciones regionales celebradas en algunas de las comarcas austriacas, la mecha del extremismo volvía a encenderse tras casi 15 años apagada por el apoyo europeo. Los refugiados y migrantes estaban a las puertas, aunque en mucho menor número, de un país con un problema de paro creciente y con grandes desigualdades entre el norte, rico, y el este, pobre.

Allí, en las regiones fronterizas con el problemático país húngaro, con el que llegaron a formar un imperio no hace más de dos siglos, los socialdemócratas y los democristianos se vieron obligados a pactar con los ultras del FPO. Un partido vetado por la UE hace 15 años tras llegar a formar parte del gobierno nacional con un discurso filonazi y de un cariz nacionalista y racista que hacía mucho que no se veía en estas tierras. Ahora esas regiones se debaten entre los ciudadanos solidarios que usan sus propios coches para rescatar a los refugiados del vecino Hungría y los que están a favor del control estricto del presidente Viktor Orban.

Según la propuesta hecha por Bruselas sobre el número de refugiados que deberá acoger cada país, Austria no será de los más afectados (con 3.640 acogidos) pero sí será uno de los lugares clave debido a su posición estratégica, vecino  de Alemania, y con una economía bastante estable y con una de las tasas de paro más bajas de la UE. Poco parece haber importado en esto el miedo al crecimiento del FPO de Heinz-Christian Strache que, para mejorar tanto su resultado en las últimas elecciones, se aprovechó sobre todo de la llegada continuada de inmigrantes y refugiados provenientes de Oriente Próximo.

Lo cierto es que los refugiados que han pasado por el país en este tiempo no han puesto mucho interés en quedarse en Austria, y han intentado pasar lo más rápido posible hacia el norte, al objetivo con el que soñaron nada más empezar su larga y tormentosa travesía: Alemania. Eso ha hecho que dentro del país la situación sea de calma y que la ultraderecha no se haya pronunciado nada más que para pedir una valla en la frontera con Hungría, algo que no se ha tomado muy en serio ni dentro ni fuera de las fronteras austriacas. Lo dijo Strache en la televisión pública donde añadió que quería que solo llegasen a Austria refugiados judíos y cristianos, nada de musulmanes. “No queremos que Europa se islamice. No queremos que muera nuestra cultura cristiano-occidental”, explicaba Strache.

Heinz Christian Strache en un mitin

Heinz Christian Strache en un mitin

Pocos podían imaginar que el carismático y polemista Jorg Haider, el primer ultraderechista en entrar en un gobierno después de la II Guerra Mundial en Europa,  dentista de profesión y vienes de nacimiento, iba a conseguir levantar más su partido de lo que él pudo. Gaider murió en 2008 en un accidente de tráfico por lo que no pudo ver como su sucesor en el Partido de la Libertad de Austria ha llegado a convertir a uno de los partidos más ultras de Europa en un socio clave de un gobierno socialdemócrata que llegó a vetar su candidatura en el año 2000. Un caso parecido al de Le Pen en Francia que refleja la deriva de Europa hacia el radicalismo tras una grave crisis que ha afectado incluso a los países más estables de la Unión. Ahora Strache es todo una estrella en los ámbitos ultra de Europa, se codea con los que como él defienden el fin del modelo de la Unión Europea apostando por un nacionalismo mucho más fuerte y la intervención pública en todos los ámbitos de la sociedad.

Bajo ese mantra que repite hasta la saciedad (su lema para las regionales fue: “Que no te sientas como un extranjero en tu propio país”) ha conseguido incluso ponerse líder en las encuestas para las elecciones generales del país (casi empatado con socialdemócratas y conservadores), aunque aun quedan tres años hasta que se celebren. Lo que si es más fácil que pase es que el líder del ultraderechista FPO cree un verdadero dolor de muelas a Europa desde una alcaldía de Viena, a la que se presentará, y que se vota en un mes. La ciudad más importante y grande del país, la capital y una de las ciudades modelo de Europa, podría caer en manos de los ultras, algo que no se ha visto todavía en la Europa de la posguerra.

La ola de solidaridad con los refugiados desde el país de Mozart y la subida (mucho menor que la del FPO pero notable) de los Verdes vislumbra un cambio en la ideología de los austriacos también hacia un extremo contrario del que ha aglutinado el señor Strache. Los refugiados siguen cruzando su frontera con una sensación de alivio, cogiendo sus trenes, sus ayudas, como si de una vuelta a la vida se tratase, pero si no se gestiona bien puede que, como apuntan las encuestas, este país, cuna de la cultura europea, tome un camino que lo convierta en un verdadero problema para el resto del continente.