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Imagen del videoclip ‘Little black submarines’ de The Black Keys.

Tan sólo unas cuantas casas separaban los hogares de Dan Auerbach y de Patrick Carney en Akron, una pequeña ciudad del estado norteamericano Ohio, que en la actualidad presume de las dos grandes estrellas de la NBA, LeBron James y Stephen Curry, aunque sólo el primero se criará allí.  El barrio era su punto en común, aunque la amistad no surgiría hasta años más tarde. Sí se conocían en especial por la relación que mantenían los hermanos pequeños de ambos.  Al ser de la misma quinta fueron compañeros de instituto.

Ahí vivieron dos mundos opuestos, Auerbach era la estrella de fútbol –soccer en Estados Unidos-, capitán del equipo y habitual consumidor de porros; el chico popular destinado a bailar con la jefa de animadoras tal y como dicta el folklore adolescente yanqui en lo referente a bailes de instituto. Carney agachaba la cabeza en los pasillos y llevaba unas gafas que hasta bien entrado el siglo XXI no serían apreciadas por las ‘tendencias’. Según narró la revista norteamericana Rolling Stones, Carney llegó a sufrir los ataques y abusos de uno de los amigos de Auerbach. La Policía, a raíz de la denuncia de su madre, acabó interviniendo. Misma ciudad, mismo instituto, mismo barrio, pero años luz de distancia. Hasta que una guitarra y una batería se pusieron de por medio. A través de sus hermanos coincidieron en una sesión de improvisación. Tocaron juntos por primera vez, años más tarde lo volverían a hacer bajo el nombre de The Black Keys.

En el 2002 se estrenan con el disco The Big come up. Tras haber pasado por los garitos de la ciudad actuando, se dieron cuenta de que sin álbum no iban a lograr salir de allí. Empezaron a producir el que sería su estreno en el sótano de su casa. Hubo suerte y una discográfica dio el visto bueno a su demo. The Black Keys empezaba a sonar y salieron a la carretera. En dicho disco se incluía una versión de ‘She said she said’ de los Beatles. Su sonido era rudimentario pero intenso, tan intenso como los años de actuaciones en pequeños locales. Sería en dichos lugares donde el dúo, con ocasional ayuda de músicos externos, empezaría a colocar su nombre en festivales y de ahí al boca a boca.

Durante los siguientes años publicarían Thickfreakness, Rubber Factory –llamado así por estar grabado precisamente en una fábrica de goma abandonada en Akron, que a su vez es conocida como la ciudad de la goma por la industria del sector que albergó-, Magic Potion y Attack and Release. The Black Keys era antes de la segunda década del 2000 un grupo importante en el panorama musical nacional de Estados Unidos. Habían conseguido una fama a tener en cuenta a pesar de que su estilo rock-blues fuera un producto de larga digestión, no acostumbrado a los pelotazos. Eran comparados usualmente con The White Stripes, el grupo de los hermanos White que popularizó el icónico tema ‘Seven Nation Army’, que al margen de su letra se ha convertido en un típico himno en estadios, salas y prácticamente cualquier aglomeración de personas.

En el 2010 sus caras asoman en la cima con Brothers, instantáneamente ‘Tighten up’ se convertía en la canción más reconocible de The Black Keys.  Un riff de guitarra adictivo, un llanto amoroso y una euforia musical al final de la canción, para rematarlo se unía un videoclip simpático. Su éxito recordaba al que tuvo el grupo australiano Jet al inicio del siglo, cuando parecía que ninguna barrera podría detener el avance de ‘Are you gonna be my girl?’. El quingentésimo grupo que iba a salvar el rock y que acabó separándose en el 2012 tras tres discos de estudio. Sin embargo, el plato fuerte para The Black Keys estaba aún por llegar.

I got a love that keeps me waiting
I’m a lonely boy
I’m a lonely boy

El Camino (2012), o cómo una banda de blues rock era capaz de convertirse en el grupo de moda. ‘Lonely boy’ es pegadiza y eléctrica. Si no mueves los pies al ritmo de la batería lo haces al ritmo del riff, si todavía eso no es suficiente llega al turno del estribillo. Quién no estuviera vencido con todo ello caía rendido ante el plano secuencia del hombre negro que protagonizaba el videoclip. Tres minutos y quince segundos dedicados a su baile, con un simple movimiento de cámara en vertical, pura carne de Facebook. El éxito en España se pudo medir en el concierto que dieron a finales de año en el antiguo Palacio de los Deportes. Lleno total, más de 15.000 personas botando al ritmo de guitarras. Un año antes se trataba de un grupo que llenaría una sala en la capital de España.

El Camino mostró, evidentemente, un aperturismo musical en la búsqueda del éxito y del reconocimiento más allá de los fieles al ‘garage rock’. Un álbum que seguía el recorrido coherente del dúo de Ohio. Llegaron dos singles más, la poderoso y también sumamente pegadiza ‘Gold on the ceiling’ y ‘Little black submarines’, una joya en toda regla: “I should’ve seen it go but everybody knows that a broken heart is blind”. Un disco completísimo, si el grupo está formado por una guitarra y un batería –más, claro, músicos de estudio- el lucimiento va para los dos. ‘Stop-stop’, ‘Hell of season’, ‘Money maker’… Casi ninguna pista a descartar. Los chicos del momento, su rock sonaba en todas las radios, en las teles… Hasta en los Grammys –que ya visitaron con triunfo con Brothers-, donde ganaron su categoría de grupo y canción con ‘Lonely boy’, por si había dudas.

Si estás en la cima sólo queda bajarla, al menos en el siguiente paso. Turn blue (2014) se presentó por medio del twitter personal del ex boxeador Mike Tyson. Una portada hipnótica a la par que mareante precedía al primer single, ‘Fever’. Una canción que, como su propio nombre indica, transmite intranquilidad, ganas de gritar, fiebre. La crítica de los medios especializados fue positiva. Pero de los estribillos pegadizos se pasaba a canciones más lentas con una guitarra de igual calidad pero enfocada al rock psicodélico, como bien representa la canción que nombra al álbum, ‘Turn blue’.

En la actualidad el grupo se encuentra en descanso, que no separación. De momento no hay noticias ni movimientos respecto al siguiente paso del dúo de Ohio. Dan Auerbach y su guitarra exploran nuevos horizontes con The Arcs, con el que publicó Yours, dreamily en el 2015 con respectiva gira. Además han colaborado y producido con Lana del Rey. Carney también compaginó su activad con diferentes proyectos así como con diferentes polémicas, como la que les enfrenta con la plataforma Spotify. Ahora The Black Keys son reconocidos por su trabajo como uno de los referentes del género. En el 2012 llegaron a ser la banda del momento. ‘Lonely Boy’ suena demasiado bien.