Retrato del Duque de Lerma

Retrato del Duque de Lerma

En los mentideros del Reino de España en que se han convertido los programas de actualidad política en radio y televisión, esta semana, el tertuliano de turno, no habla de otra cosa más que de nuevos casos de corrupción. La sospecha cae una vez más sobre el partido del Gobierno en Funciones y sus apéndices territoriales, desde el corazón del país en Madrid hasta las soleadas costas -sí, también en invierno- del Levante Español. Dos históricas de la política, como la ex-alcaldesa Rita Barberá y la ex-alcaldable Esperanza Aguirre, se ven acorraladas por el hedor de las corruptelas.

Bajo las planchas de pladur de las faraónicas promociones inmobiliarias que mutilaron nuestra piel de toro, patrocinadas por cajas de ahorros –ahora en extinción-, se escondía la putrefacción de un sistema que producía infraviviendas en cadena en la misma proporción que delincuentes agrupados en diferentes casos de corrupción: Caso Gurtel, Caso Bárcenas, EREs de Andalucía, Caso Púnica, Caso Taula, Operación Malaya, desfalco de Caja-Madrid, Caja del Mediterráneo, Caja Castilla-La Mancha…

La ominosa lista de investigaciones abiertas actualmente, por desgracia, es eterna. En ella se ven directamente como imputados – desde hace pocas semanas el término jurídico correcto es investigados, para que la turba no se indigne- o indirectamente salpicados, ministros y exministros, presidentes y consejeros de comunidades autónomas, concejales y alcaldes, altos cargos sindicales, directivos de la patronal, cúpulas enteras de organizaciones políticas -por supuesto-, incluso la familia real y miembros de la jerarquía eclesiástica.

España está totalmente podrida, o al menos aquellos que pretendían ser el mástil de la bandera del patriotismo, de la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos, de la defensa de la clase trabajadora, o de la justicia en el sentido más literal de la palabra. Si echamos la vista atrás, esta infección que se come el futuro y la prosperidad de nuestra sociedad ancla sus raíces en periodos próximos en el tiempo. Todavía se recuerdan las tramas destapadas durante los gobiernos de Felipe González, como el Caso Roldán, o casi simultáneamente, el Caso Naseiro sobre la financiación de Alianza Popular –embrión del actual Partido Popular- en el que una mala praxis invalidó todo el proceso que pretendía destapar la supuesta “contabilidad B” del partido –la de antes, no la de ahora, aunque parezcan lo mismo.

Aunque corrupción, tal y como lo entendemos ahora, es un término contemporáneo, si buceamos en las páginas del pasado muchos y muy variados han sido los casos de desfalco de la cosa pública. Uno de los que más se ha escrito, y que todavía hoy sigue siendo controvertido, tiene una antigüedad de más de cuatro siglos: El Caso Lerma.

En 1598 muere Felipe II, el monarca en cuyo imperio no se ponía el sol. Fue tal el celo del rey prudente por preservar sus posesiones en todo el orbe y por imponer la fe católica en sus dominios y los adyacentes que, durante su reinado, fue declarada hasta tres veces la bancarrota (1557, 1575 y 1596) -es decir, la suspensión de pagos-, y sin un Banco Central Europeo que saliera a su rescate. En esta penosa situación económica hereda el trono Felipe III, un joven de 20 años más interesado por la caza y otros quehaceres cortesanos que por la administración de sus reinos. El joven monarca pronto decide delegar el gobierno en D. Francisco de Sandoval y Rojas, noble de Castilla la Vieja a quien su majestad, el segundo de los Felipes, ya había otorgado el título de Virrey de Valencia. La elección como valido –equivalente en la actualidad a un Primer Ministro- del que en 1599 fuera nombrado Duque de Lerma rompía con la costumbre de la dinastía de los Austrias, quienes prefirieron gobernar directamente la monarquía con la ayuda de un selecto grupo de nobles.

Retrato de Felipe III

Retrato de Felipe III

El gobierno de Lerma supuso un cambio en la política tanto interior como exterior de la Monarquía Hispánica. Si bien es verdad que según el historiador con mayúscula del periodo, Fernand Braudell, el cambio en el trono no trastocó los esquemas geopolíticos heredados de la Europa del s. XVI, sí que se aprecian nuevas tendencias que expirarán a la vez que lo hizo la vida de Felipe III. Tras el fracaso de la política exterior de Felipe II por derrotar la herejía en las Provincias Unidas, Inglaterra y Francia, durante el reinado de su hijo se apostó por una política pacifista. En el plano interior, si por algo se recuerda esta etapa es por la expulsión de los moriscos en 1609, cuyos cálculos se aproximan a las 300 000 personas.

Junto a las ocupaciones propias del cargo, Su Excelencia el Duque de Lerma tuvo el tiempo suficiente para mirar por su patrimonio y el de su familia. Era práctica habitual de las cortes europeas del momento la compra-venta de cargos ligados a pingües rentas, con las cuales los grandes señores conseguían tejer una auténtica red clientelar sobre la que construían su poder y afianzaban su autoridad. Pero, por encima de todo, Lerma destacó por su habilidad en los negocios inmobiliarios.

Gracias a la influencia que ejercía sobre el rey, consiguió que se trasladara en 1601 la sede de la corte -la capitalidad de la monarquía- de Madrid a Valladolid. Se trataba de una jugada perfecta para el Duque de Lerma, sus familiares y sus más fieles colaboradores, quienes conociendo de antemano la decisión se cuidaron mucho de comprar palacetes y demás propiedades en la ciudad del Pisuerga. No contentos con los beneficios obtenidos, consiguieron repetir el negocio a la inversa, cuando de nuevo Lerma recomendó a Felipe III que hiciera tornar la sede de su monarquía a la Villa y Corte de Madrid en 1606, tan solo cinco años después de la primera mudanza. Como testigo de este suceso queda la actual sede de la Capitanía General del Ejército en la calle Mayor de Madrid, conocida como Palacio del Duque de Uceda.

Su poder era tal que en 1612 el rey le autoriza a firmar y tratar asuntos de estado en su nombre, posición que despierta la inquina y envidia de sus rivales. Al amparo de la reina consorte, la Reina Margarita de Austria, comienza una auténtica campaña contra D. Francisco de Sandoval y su personal de confianza, tal es así que se abre una investigación para averiguar cuál era el origen de su fortuna. Atacado por su hijo el Duque de Uceda, quien le sucederá en el valimiento, Lerma caerá en desgracia, siendo relevado de su cargo en 1618. Lerma consiguió sortear la justicia gracias a la concesión del capelo cardenalicio meses antes de su destitución, dignidad que le protegía de la jurisdicción civil a modo de aforamiento de la época. Peor suerte corrieron otros como su mano derecha, Rodrigo Calderón de Aranda, ejecutado en la Plaza Mayor de Madrid en 1621.

El Duque de Lerma terminó sus días recluido en sus aposentos de Tordesillas (Valladolid), donde la muerte lo encontró en 1623, siendo enterrado en el convento pucelano de San Pablo en un mausoleo acorde a la vida que llevó. Se trata de una personalidad con la que la historiografía patria se ha cebado durante siglos, aunque bien es cierto que en las últimas décadas se ha reformulado buena parte de este periodo de nuestra historia. No es que se le quiera eximir de sus responsabilidades, pero también es verdad que las prácticas de Lerma -si bien, no a tal nivel- era una forma de obrar conocida, común y generalizada en las cortes de los diferentes Reyes de las Españas, ¿cómo ocurre ahora?