En la época de Alfredo Landa, protagonista de la célebre cinta “Vente a Alemania, Pepe”, los campesinos gallegos, extremeños y andaluces fueron los que protagonizaron la masiva emigración de los sesenta al país germano. Cincuenta años más tarde, los emigrados han cambiado la boina, por un birrete, y la hoz, por un diploma, y es que los Pepes que hoy en día viajan a Alemania son trabajadores altamente cualificados que salen en busca de una carrera profesional provechosa que su país les niega.

Manifestación en Sevilla en contra de los recortes aplicados por el Ejecutivo / Ana Rey (Flickr)

Manifestación en Sevilla en contra de los recortes aplicados por el Ejecutivo / Ana Rey (Flickr)

Esta realidad es especialmente difícil en la comunidad científica que ha visto como, desde el inicio de la crisis económica, se mermaban sus plantillas y sus presupuestos descendían dramáticamente. Solamente el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la principal institución pública de investigación de nuestro país, ha perdido 4.000 empleados desde 2011, según denunció el sindicato CC.OO en un reciente estudio. La asignación total para I+D+i en España en 2014 fue de 6.146 millones de euros, 213 millones más que en 2013, según el informe La inversión en I+D+i en los Presupuestos Generales del Estado aprobados para 2014 elaborado por la Confederación de Sociedades Científicas de España. Sin embargo, cabe recordar que, pese a este tibio aumento del 3,6%, veníamos de años en los que la cantidad total para investigación y ciencia superaron los 9.000 millones en los ejercicios 2008, 2009 y 2010. Esta situación, a juicio de los expertos, va camino de desembocar en una generación perdida. Es decir, promociones de graduados y doctorados cuya formación ha sido financiada por el Estado que, en vez de desarrollar su carrera en España y devolver esa inversión al sistema, optan por salir a otros países en busca de oportunidades. “No está claro cuántas promociones de graduados o doctorados constituyen una generación, lo que sí que está claro es que esto es sólo el principio. Los efectos de las políticas de educación o de I+D+i tardan mucho en desarrollarse y en ponerse de manifiesto. Cada generación aprende de la anterior, y si la anterior, que es la que debería de estar a la vanguardia, no está aquí…”, asegura Tomás Ortín, físico con plaza fija en el CSIC, en el Instituto de Física Teórica.

Ortín, junto al también científico Luis Santamaría, titular de la Estación Biológica de Doñana, es el padre de la campaña “Yo también soy una leyenda urbana” puesta en marcha por la Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España (AACTE). Esta iniciativa, a la que ya se han sumado más de 130 científicos, nació para demostrar que “no son una leyenda urbana”, como calificó el pasado mes de noviembre a la fuga de cerebros Emilio Lora-Tamayo, presidente del CSIC. Desde entonces, decenas de investigadores se han sumado a esta campaña publicando su nombre y apellidos, su centro de investigación en el extranjero y un retrato sosteniendo un cartel en el que se puede leer: “Yo también soy una leyenda urbana”. Cuestionado sobre qué sintió cuando escuchó de boca de Tamayo, responsable del mayor centro de investigación científica del país, esas palabras, Ortín se muestra decepcionado y lamenta la sangrante pérdida de capital humano que está sufriendo nuestro país. “Tienes la sensación de que viven en mundos paralelos o de que simplemente están cubriendo al Gobierno. Es una pérdida tremenda para una sociedad, porque los siguientes mirarán a su alrededor y encontrarán un ambiente de creación y de cultura aún peor que el que se encontraron los que se están yendo ahora”, lamenta el físico.

“No está claro cuántas promociones de graduados o doctorados constituyen una generación, lo que sí que está claro es que esto es sólo el principio. Los efectos de las políticas de educación o de I+D+i tardan mucho en desarrollarse y en ponerse de manifiesto. Cada generación aprende de la anterior, y si la anterior, que es la que debería de estar a la vanguardia, no está aquí…”, asegura Tomás Ortín

Por si el testimonio de estos científicos no fuese suficiente, son varios lo estudios que desmienten las palabras del responsable del CSIC. Así, por ejemplo, la Universidad a Distancia de Madrid en su nueva edición del informa Innovaacef señala que una gran mayoría de jóvenes investigadores que trabajan en España (73%) tiene altas posibilidades de marcharse al extranjero. Asimismo, los datos provisionales publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su “Avance de la Estadística sobre Actividades en I+D del año 2013” indican que el personal empleado en actividades de I+D en nuestro país se ha reducido a niveles similares de 2008.

Miguel Ramírez, estudiante pre-doctoral de Biología en la Universidad de Southampton, es un fiel reflejo de la fuga de cerebros que ha vivido España en los últimos años, y que sigue viviendo. Una vez finalizó sus estudios en Biología en la Universidad Autónoma y  tras cursar un master en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa se encontró con un mercado laboral saturado, convocatorias anuladas y cada vez menos becas para investigadores. “Cuando yo me incorpore al mundo científico español, los recortes todavía parecían un riesgo menor y asumible, incluso con los primeros tijeretazos que se produjeron en la segunda legislatura de Zapatero. Yo fui testigo de cómo el ambiente se fue enrareciendo, de cómo de repente la gente era consciente de que los grifos se iban cerrando” asegura.

Y es que, al margen del futuro de todos los jóvenes científicos que año tras años se incorporan al mundo laboral, lo que está en juego es la supervivencia de la ciencia en España. “El tejido científico español esta muy dañado. Ahora mismo recomendaría a cualquier persona con verdadera ilusión y capacidades que mire cosas afuera. No debería apostar a que con su currículo conseguirá algo fácilmente porque las plazas son muy limitadas. Y sin entrar en el hecho de que en ciertos lugares puede haber resistencia a que llegue nueva gente en lugar de renovación del personal ya establecido, por muy competente que sea”, explica Ramírez. Finalmente, a la pregunta de si se plantea volver a España, el científico lo tiene claro: “Considero realmente complicado volver a España si quiero avanzar en mi carrera científica”.