Concierto de Carlos Sadness en el Teatro Barceló / Gloria Sáez Barneto

Concierto de Carlos Sadness en la Sala But / Gloria Sáez Barneto

Carlos Sadness vino a Madrid a estar cómodo, se presentó en el sala But de Madrid, en el Ochoymedio Club, con la idea de mostrar lo que quería mostrar, sin importar mucho lo que tenía que mostrar. Llegó con ganas de enseñar a su público más fiel al Carlos del que están enamorados desde que le descubrieron en aquel papel de Shinoflow, cuando solo unos poco lo conocían. Con su pelo igual de peinado que siempre, sus pantalones ajustados y su ukelele pegado al cuerpo levantó a una sala abarrotada y que hacía cola en la calle Barceló y aledañas desde mucho antes de las 8:30 (hora de apertura de puertas). Optó por esa idea, la de ser natural, con su sonrisa humilde y verdadera, y cantando canciones quizá menos comerciales pero más íntimas, con bailes casi imposibles y derrochando energía a pesar de que a veces no se entendiera. Parece que la gran mayoría del público, o al menos los fieles que iban allí (sobre todo chicas) que se sabían cada una de las sílabas de todas las canciones dentro y fuera del disco ‘La Idea Salvaje’ quedaron encantadas. No faltaron confesiones ni tampoco anécdotas en un concierto especial para todos.

El artista inclasificable salió con toda su energía, tras unos teloneros de nombre y nivel como son Amatria. Un grupo ya bastante consagrado en el circuito madrileño que vinieron genial para desentumecer los músculos y huesos con unos ritmos potentes y con un público entre intrigado por el desconocimiento y enamorado hasta las trancas de los tres componentes del grupo. Contaron con la mala acústica que hizo que su electroindie solo se escuchara a medias y que sus incondicionales se tuvieran que hacer con el mando de las letras mientras sus ídolos tocaban a toda prisa. Solo una hora y tuvieron que frenar, venía Carlos con su grupete de hipster modernos a reventar un Ocho y Medio en el que cabía gente de todo tipo y edad. Parece que el desconocido Sadness ya ha traspasado fronteras y generaciones, eso sí, allí la mayoría clara era femenina y con ganas de pasarlo muy bien.

No quiso defraudar el catalán y puso todo sobre el escenario desde que los primeros acordes empezaran a sonar. Acordes bailongos como de costumbre, la mezcla de indie guitarrero y ritmos de rap especial que le han caracterizaron en esta subida hacia el estrellato no podía faltar, y el público se entregó sin tregua al amor que irradia con o sin su ukelele. El escenario pequeño y bajo limitaba bastante el espacio para una entrega total, pero aun así llenó todo con sus ganas y su sentimiento de comodidad. Quería, como recordó en uno de los momentos de tranquilidad de la noche, disfrutar “con el mejor público que hay” refiriéndose al que se encuentra cada vez que pasa por la capital. “Me lo paso genial en todos lados y todos son gente genial, pero es llegar a Madrid y hay algo diferente”, contaba sonriente y confidente el músico.

Concierto de Carlos Sadness

Por ello, tras varios temazos con mucha potencia, optó por parar un poco y meter en el repertorio unas cuantas canciones tranquilas, baladas con guitarra y banqueta que, como explicó, tenía ganas de cantar porque en el mundo festivalero esto no se podía hacer. Quería hacer partícipe a su público de su yo más íntimo, del Carlos sincero, del Carlos fuera del papel del escenario o, al menos, fuera del papel de ídolo intocable. Las canciones parecieron funcionar entre los más fieles y no quedó mal en una sala pequeña con una bola de discoteca que dotaba de una atmósfera muy especial a un concierto sin demasiados alardes fuera de la voz y el instrumento. Pero tras el romanticismo tocaba volver a meterse a todos en el bolsillo, muchos iban por la curiosidad que ha desatado este delgaducho de pelos largos y tiró por sus canciones más conocidas para volver a poner el clásico Ocho y Medio patas arriba.

La Idea Salvaje o Miss Honolulu (hizo un guiño bastante claro a su amiga y bloguera Dulceida para presentar este tema) no faltaron en un repertorio corto pero potente y variado. Subió tan alto el ritmo del concierto que hasta se animó con el más difícil todavía y, tras dejar el escenario de forma sorprendente, apareció en las últimas filas con la intención de cantar a capella con el público una de sus canciones. Algo que resultó un fiasco, los de alrededor no intentaron ni cantar y prestaron más atención al móvil donde inmortalizaron el momento junto a Sadness. Tras varios minutos regresó al escenario con una cara de novatada y de haberlo intentado todo. Dejó para el final algunos temas rítmicos para que tras la hora y media de concierto no quedase nadie sin sudar. Que Electricidad, el primer single del disco, terminó de extasiar a su público que se rompió las manos aplaudiendo al terminar la fiesta.

La peor noticia llegó al día siguiente, Sadness contó en su página de Facebook que dos chicas, que se habían presentado como dos fans, le habían robado su ukelele, con el que tocaba desde que empezó esta etapa musical. Una noticia que empañó todo lo demás, pero que el bueno de Carlos prefirió llevar como una parte más de esa atmósfera de la comodidad apelando a la complicidad para recuperarlo. Y es que con fallos, fiascos o falta de experiencia, lo que no se le puede echar en cara a Sadness es su sinceridad. Quizá sea ésa la clave para el éxito de lo inclasificable que pocos se explican.