Cartel de apoyo a Neto y Fidel Castro "Lo que es determinante es la ideología no la geografía"

Cartel de apoyo a Agostinho Neto y Fidel Castro en Angola “Lo que es determinante para la unidad es la ideología no la geografía”

Si se echa un vistazo a la actualidad es difícil encontrar parecidos entre dos países tan lejanos y distintos como Cuba y Angola. Dos países en dos continentes alejados, con culturas totalmente diferentes, con economías opuestas y con situaciones políticas relativamente dispares. Mientras uno es una de las potencias emergentes más punteras de África, el otro es un país casi a la deriva en América; uno sale de una dictadura y el otro parece sumergirse cada vez más en otra. Pero si se echa la mirada unos cuantos años atrás, se encuentra unos lazos casi familiares muy especiales, pues Angola no sería lo que es ahora, sin la ayuda clave de Cuba. Este mes de noviembre se cumplen 40 años de la independencia de Angola, o  lo que es lo mismo, 40 años de la expedición más ambiciosa de Cuba fuera de sus fronteras y una de las pocas victorias claras del comunismo en África.

La Guerra de la Independencia de Angola, documentada por Ryszard Kapuscinski en su libro ‘Un día más con vida’, se conoce en África por ser la más larga de su historia, y una de las más crueles en un continente que nunca ha dejado las armas. Desde 1961 hasta 1975, la guerra entre la metrópoli europea y la colonia subsahariana fue constante en uno de los territorios más extensos del continente negro. Tal fue la magnitud de la contienda que el desenlace de la lucha en la colonia provocó la caída del régimen en el país colonizador con la Revolución de los Claveles en 1974. Los soldados portugueses, cansados de una guerra continua que ni entendían ni se veían capaces de ganar, se rebelaron contra las fuerzas que les llevaban a luchar y morir a esa batalla sin cuartel, y decapitaron una languideciente dictadura fascista. Curiosamente, en plena Guerra Fría, con dos bloques claramente definidos y enfrentados, tanto la revolución portuguesa como la de Angola tuvieron un fuerte cariz socialista, aunque el desenlace final fue bastante diferente. Mientras una enseguida fue tomada por los países occidentales, la otra contó sorprendentemente con un apoyo comunista que ni mucho menos se esperaba, por encima del apoyo ruso estuvo el cubano.

Soldados cubanos junto a tropas angoleñas

Soldados cubanos junto a tropas angoleñas

En 1974 la caída del Salazarismo significó el fin del colonialismo portugués y Angola por fin logró su independencia tras siglos siendo el nido esclavista de los occidentales. De aquel territorio salía la gran mayoría de los esclavos que acababan en América, sobre todo en Sudamérica. Quizá fuera aquel concepto de esclavismo lo que llevó a que los grupos políticos más mayoritarios del país fueran de tendencia socialista, sobre todo el MPLA (Movimiento Popular para la Liberación de Angola) que acabó imponiéndose como el principal protagonista de la independencia. Mandados por Agostinho Neto, médico, poeta y una de las grandes figuras de la lucha contra el colonialismo en África, consiguieron que Portugal les entregase el poder de la capital de Angola, Luanda, y del gobierno junto a la UNITA (apoyada por Sudáfrica) y FNLA apoyado por Zaire. Pronto el acuerdo de poder se rompió y los dos bloques que dominaban el mundo entraron en la contienda para hacerse con una jugosa victoria en el corazón del estratégico continente africano.

Desde el primer momento de la revolución cubana los barbudos se habían marcado como meta el apoyo a la autodeterminación de cualquier pueblo que luchase contra el colonialismo y el yugo occidental. Abanderarían la lucha sin cuartel contra el capitalismo. En una política defendida, sobre todo, por el Che Guevara, Cuba se convirtió en un apoyo fundamental para cualquier movimiento que buscase el fin del colonialismo en cualquier parte del mundo. En Argelia fueron el principal apoyo de los independentistas que lucharon contra Francia, ayudando al país árabe tanto con material como con personal sanitario y militar. Pero si hubo una misión que marcó esa política fue la de Angola, también conocida como la Operación Carlota. Con las tropas sudafricanas y de Zaire, financiadas por EEUU, a punto de acabar con el movimiento socialista angoleño, la pequeña isla caribeña, casi 10 veces más pequeña que el país africano, mandó unos 36.000 soldados para hacer que la revolución no se hundiese, aunque se considera que unos 300.000 cubanos participaron en la operación más grande del régimen cubano llevada a cabo a más de 10 millones de kilómetros de las costas caribeñas.

El veto del parlamento estadounidense a la intervención en el país tras el desastre de Vietnam y el buen hacer de las fuerzas angoleñas convirtieron la misión en un éxito para Cuba y el comunismo. En 1976 el MPLA de Neto consigue estabilizar el país en un régimen pseudo comunista aunque hasta 2002 no se habla del fin de la guerra civil con la capitulación definitiva de la UNITA. El régimen de Apartheid de Sudáfrica salió muy tocado tras la derrota y la dictadura de Zaire igual, mientras que Angola se convirtió en el ejemplo de movimientos independentistas de la zona como el de Zimbabwe o la lucha de Mandela.

ANGOLA Y LA FAMILIA DOS SANTOS

La Angola de la actualidad poco se parece a la hermana de Cuba, salvo por el supuesto color de su régimen. Hasta 1990 el país mantuvo el camino comunista más clásico con una dictadura monopartidista que bebe de la URSS y de Cuba. Pero a partir de la caída del régimen ruso el gobierno angoleño busca reinventarse y opta por volverse a acercar a Portugal y a una economía mixta al estilo chino. Un capitalismo de élites que ayudado por el potencial del territorio en cuanto a materias primas se refiere a convertido a algunas familias angoleñas en auténticas fortunas mundiales.

El mejor ejemplo de esto es la familia Dos Santos. El patriarca, José Eduardo Dos Santos, lleva gobernando el país en una dictadura pintada de supuesta democracia desde 1979, después de suceder al histórico Neto en el puesto. En estos más de 30 años de gobierno ha colocado a su familia como la más rica del país y una de las más pudientes de África. Su entramado familiar tiene inversiones en sectores estratégicos como bancos, petróleo, gas, constructoras… Su hija Isabel Dos Santos es la primera mujer billonaria de África.

Actualmente el país se ve como uno de los territorios emergentes del continente y recibe todo tipo de elogios de Europa como uno de los pocos lugares africanos seguros para invertir por su estabilidad. Pero tras 40 años, el país se encuentra ante una nueva encrucijada; a sus 73 años Dos Santos empieza a ser cuestionado, sobre todo por la nueva élite burguesa del país que exige una liberalización de la economía que ayude a mejorar sus negocios. Esta vez no contará con Cuba para aconsejarles en cómo construir su futuro.