Nico Rost

Nico Rost

Cuando en 1944 el periodista neerlandés Nicolaas Rost entró como prisionero en Dachau, el campo de concentración más grande, antiguo y equipado del nazismo, decidió que no quería morir sin pensar. Decidió que nadie, ni nada, por duro que fuera, le quitaría la esencia humana, su derecho a pensar o, como un tiempo después definiría el filósofo francés André Malraux, “la verdadera civilización” que los nazis intentaron arrancar de cada persona en aquellos campos. Por eso decidió dejar todos sus pensamientos, las discusiones con sus compañeros de tortura, con sus amigos republicanos españoles, los militares franceses o los opositores alemanes, en un diario, un documento convertido en un acto de rebeldía en pleno corazón del nazismo.

Porque, según pensaba aquel soñador, mientras hubiera alguien pensando en Dachau, ejerciendo su humanidad, el control nazi sobre el hombre no sería completo. Lo que seguro que no imaginaría el idealista Rost, tras pasar todas aquellas penurias, es que en pleno siglo XXI una joven periodista y editora española, enamorada de los libros y la Historia, encontraría su diario y decidiría hacer lo imposible para traducirlo al español en su ‘microeditorial’ llamada Contraescritura, para mostrar al mundo lo que él siempre defendió: que mientras quedaran pensamientos, la vida seguiría ahí, rebelándose a la muerte.

La joven se llama Marta Martínez, conoció Dachau en un viaje y a Rost cuando se puso a investigar sobre el campo aunque ella le da a todo un poco de magia: “La idea nació porque hay libros que te encuentran”, sentencia la joven barcelonesa. Algo de magia debió de haber en la situación, -a veces la magia solo es la tozudez o la pasión de una persona por conseguir algo que se propone contra viento y marea-, porque encontrar a Nico Rost sin saber casi alemán y sin tener una educación basada en la Historia, es un poco complicado, por no hablar de una locura al alcance de pocos.

“Yo había estado ya en Auschwitz, Mauthausen, Gusen, Terezín,… y he perseguido muchos de los escenarios de la Segunda Guerra Mundial: de Berlín a Normandía hasta Hiroshima y Moscú. Es un tema que me apasiona. El año pasado hice un viaje a Munich y, por supuesto, una de las paradas era el campo nazi de Dachau. Allí me ocurrió lo que ya me había ocurrido otras veces: en esos memoriales es muy difícil, cuando no imposible, encontrar libros traducidos al castellano. Siempre se justifica con que las traducciones son caras pero no es sólo eso. En el caso de Dachau el Memorial hace referencia en más de una ocasión al libro de Rost y tras muchos estudiarlo concluí que el diario de Rost era una obra no sólo interesante sino importante”, explica Marta. Con esas pocas razones intangibles le valió para intentar todo lo posible hasta publicar ‘Goethe en Dachau’ (nombre que le han dado al diario), la creencia y la pasión a veces son más que suficientes.

Nada más volver a España se puso a buscar a Rost por todas partes, encontró una primera edición y en ella terminó de encontrar a aquel periodista izquierdista y soñador ahogado en la prisión más grande y antigua del nazismo, el icono de aquel régimen mucho antes de que la locura de la guerra se apoderara de Alemania. “Piensa que Dachau es un campo que dentro del imaginario colectivo ha quedado un poco oculto tras la sombra de otros campos pero que a nivel histórico es importantísimo. Es el único campo que estuvo abierto desde 1933 (en marzo, piensa que Hitler llega al poder a finales de enero) hasta 1945”, detalla la directora de Contraescritura.

Un campo muy especial en el que Rost se encontró con “la flor y nata” de la Oposición al régimen y en el que decidió que debía jugarse la vida por su causa más justa: dejar por escrito todo lo que veía hablaba y discutía allí. Tan fiel quiso ser que poco después, al acabar la guerra y transcribirlo, tuvo que reeditarlo, pues había cosas ilegibles y no dudó en confesarlo en el prólogo. No quería, en ningún momento, faltar a la verdad, a ese pensamiento que le había mantenido vivo mientras la muerte se cernía sobre él. Eso sí, esa ideología le debió funcionar muy bien porque, tras el infierno nazi, siguió pensando hasta 1967, hasta los 71 años cuando una muerte digna llamó a su puerta.

LA HUELLA ESPAÑOLA

Malraux y Rost tienen más en común que el que se les recuerde por algo relacionado con Dachau y el que fueran intelectuales. Ambos tienen una relación con España muy especial, al igual que, casualmente, el campo de concentración del que hablamos. A pesar de no haber tenido la fama que su contemporáneo, Rost también luchó en España con el bando republicano, después incluso de haber pasado ya por las cárceles nazis y ser liberado por el todavía “moderado” régimen de Hitler. Se enroló en el ejército leal a la República como brigadista para luchar contra el fascismo, como tantos otros intelectuales de la época, como Hemingway, Orwell o el ya citado Malraux. “En una de las entradas Rost relata cómo un religioso se acerca y le pregunta sobre el papel de la Iglesia española durante la Guerrs Civil Española (Rost fue brigadista internacional y entabló contactos con gente de la talla de La Pasionaria) y este le comenta que aunque la Iglesia estaba al lado de Franco, muchos religiosos del País Vasco habían luchado con el pueblo y, finalmente, le recomienda que cuando sean liberados, lea la obra de Bergamín”, explica Marta.

Además, Dachau fue el segundo campo de concentración con mayor población española encerrada, 604 españoles, en su mayoría huidos del Franquismo, que dieron con sus huesos entre aquellos muros, y de eso, claro, también habla el diario de Rost. Por eso una de las partes más importantes del proyecto de Contraescritura se centra en recuperar las historias de estos hombres a través de los textos de ‘Goethe en Dachau’ “El objetivo de nuestro proyecto es doble: por un lado, acercar a España y la comunidad hispanohablante la historia de un campo que ha quedado relegado en el sentir colectivo pero que es de vital importancia y, por otro, poder arrojar un poco de luz sobre los 604 españoles que estuvieron allí (de esto se encargará la catedrática de Historia Rosa Toran, miembro de la Amical de Mauthausen y otros campos)”, relata la editora.

Un proyecto por la cultura que sobrevive y que sigue luchando, incluso en la actualidad. El sueño de la pequeña ContraEscritura aún no está claro si podrá salir adelante pues a unos días de acabar su crowdfunding les quedan unos cuantos euros para poder financiarlo. Pero parece que a Marta y compañía eso no les preocupa demasiado, pues como Rost son luchadores, amantes del pensamiento. Son de esas personas que tienen claro siempre que no piensan doblegar su “verdadera civilización” por duro que se ponga el camino. “El crowdfunding se saca fundamentalmente porque ContraEscritura no tiene el dinero que supone hacer un libro así y, aun así, no podríamos dormir sabiendo que pudimos publicarlo y no lo intentamos hasta el último aliento”, lo que decía Rost: “Cada vez que se esgrime la palabra, le gana terreno a la muerte”.