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David Bowie en el videoclip Valentine’s Day, 2013

En el 2013, cuando se cumplían 10 años sin que David Bowie se metiera en un estudio con la idea de publicar un nuevo trabajo, sin previo aviso, sin escuetas filtraciones a la prensa asegurando su vuelta al ruedo, sin ni siquiera rumores de un posible disco, anunció The next day. Bowie había sido capaz de mantener en secreto la creación y producción de un álbum, en una época donde las primicias y la explotación de la información están a la orden del día. Protegerse de los foros, de los curiosos y, en definitiva, aislarse de lo mediático, tuvo una clara estrategia: Los músicos y trabajadores que participaron en la grabación del disco firmaban prohibitivas cláusulas de confidencialidad.

El que en algún momento de su vida fue conocido como ‘Ziggy Stardust’ –aquel hombre de las estrellas venido a salvar al ser humano de la vulgaridad- conseguía desquiciar y a su vez emocionar a público y crítica. Del “¿Cómo pudo mantenerlo en secreto?” se pasaba al “Pero que gran sorpresa”. La nostalgia predominaba en un álbum oscuro que obtuvo el beneplácito de una crítica que celebraba su regreso. A nadie le puede sorprender que Bowie volviera a hacerlo, esta vez con una noticia aplastantemente  fatídica. El artista inglés afincado en Manhattan moría debido a un cáncer que padecía desde hace 18 meses. Cuando apenas se cumplían tres días desde el lanzamiento de Blackstar –y de su cumpleaños número 69, fecha elegida para la publicación- era su propio hijo el que lo confirmaba a través de las redes sociales. Extremadamente reservado con su intimidad en los últimos años –ya no concedía ninguna entrevista, da igual cual fuera el medio de comunicación que lo pidiera- sufrió un infarto en el 2004 mientras actuaba en Alemania. Su nueva situación le llevó  a practicar una vida más sedentaria centrada en Nueva York junto a Iman, la ex modelo somalí con la que contrajo matrimonio en 1992, y a la hija que tuvieron en común.

La estética de Bowie siempre jugó una parte sumamente importante en su carrera. A medio camino entre el mito y el marketing, su bisexualidad reconocida así como su ocasional aspecto andrógino –cuando se caracterizaba de Ziggy Stardust, por ejemplo- fueron algunas de sus señas de identidad. Los rumores sobre las relaciones homosexuales que pudo mantener Bowie durante su vida son infinitas. Una de las más importantes fue el supuesto encuentro sexual entre Bowie y Mick Jagger. El Rolling Stone afirmó que se trataba de una tontería, aunque fuera aireado en varios ocasiones por Angela Barnett, primera esposa de Bowie, quien cuenta que se los encontró desnudos y dormidos en la misma cama. En un acto sumamente inteligente, David Bowie optó por dejarse llevar en las olas de rumores que le situaban en incontables dormitorios.

Su faceta de erudito, cultivada a base de intensos ciclos de lectura, museos y cine, le convirtieron en uno de los personajes más interesantes en el mundo de la música –probablemente el que más junto a Tom Waits, Leonard Cohen o Bob Dylan-. También dedicó momentos de su carrera a la gran pantalla. En los últimos años participó a las órdenes de Christopher Nolan en la película El Prestigio (el truco final), interpretando al histórico inventor serbio Nikola Tesla, en la que compartió pantalla como personaje secundario con Hugh Jackman y Christian Bale.

Durante su extensa carrera musical publicó más de una veintena de álbumes, entre los que se incluyen trabajos tan importantes como Space Oddity (1969), The Man who sold the world (1970) –que contiene la canción del mismo nombre que versionaría Nirvana en ese famosísimo MTV Unplugged- The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972), Aladdin Sane (1973) o Let’s Dance (1983) –que supondría una ruptura con su habitual productor Tony Visconti, aunque se volverían a unir en Heathen, 20 años después-. En discos generalmente cortos, que oscilan en torno a 8 y diez canciones, Bowie habituaba a desinhibirse de la realidad utilizando su envidiable imaginación como herramienta.

No le gustaba el mundo, así que utilizaba su talento para cambiarlo, aunque sólo fuera en su música. Se burló del ‘My way’ de Sinatra con ‘Life on mars?’ utilizando los mismos acordes, creó su propio hombre estelar con ‘Starman’, eclipsó con ‘Rebel Rebel’ y sigue emocionando -tanto a sus seguidores más acérrimos como a los más casuales- haciendo soñar que todo el mundo puede ser un héroe, aunque fuera por un día, por un rato. Ahora que David Bowie ya no está, el mundo se seguirá haciendo las mismas preguntas, aunque una hoy duela más: ¿Hay vida en Marte?