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David Cameron, en un acto del partido conservador / David Cameron Facebook.

“When in this charming car . . .
This charming man . . . “

 

(Cuando en este coche encantador . . . Este hombre encantador. The Smiths)

 

“Cuando nos unimos a la Unión Europea nos dijeron que entrabamos en un mercado común, en vez de el objetivo de una ‘unión cada vez más estrecha’. Permítanme dejar esto muy claro: Reino Unido no está interesado en una ‘unión cada vez más estrecha’ y voy a corregirlo”, David Cameron pronunciaba así el discurso que inauguraba su nuevo mandato. Tras ganar las elecciones en el 2010 el líder del partido conservador británico salía reelegido como primer ministro en mayo de 2015. Acababa una campaña electoral que endeudaba una gran parte de los esfuerzos políticos de los ‘tories’, a la vez que dividía al partido y que obligaba a Cameron a vigilar sus espaldas. Los sectores euroescépticos de las islas abrumaban en el ambiente plebiscitario encabezados por el UKIP (United Kingdom Independence Party/ Partido por la Independencia de Reino Unido).

Aquel aristócrata que trató de modernizar el partido –acusado en ocasiones de atacar el legado de Margaret Thatcher- y que consiguió acabar con trece años de hegemonía laborista era forzado a endurecer su doctrina respecto a la Unión Europea. Las encuestas otorgaban una intención de voto cercana al 16% -las más optimistas hablaban del 20%- a Nigel Farage, candidato de UKIP, así como una gran posibilidad de que la tormenta de desconcierto acabará por dar la victoria al Partido Laborista. Finalmente, los sondeos fallaron. Cameron repetiría cinco años en el poder, esta vez con mayoría absoluta –los primeros cinco lo hizo en coalición con los liberales-. Su triunfo tenía un alto coste: El ‘Brexit’ (Britain Exit/ Salida de Reino Unido) era una realidad, antes del fin del 2017 se realizaría un referéndum en la que los ciudadanos británicos deberían decidir si permanecer o no en la Unión.

Así empezó la carrera a contrarreloj que, prácticamente, ha monopolizado las acciones de David Cameron en estos meses –junto a los escándalos personales que lo han salpicado, como el denominado ‘Piggate’, que especulaba con la posibilidad de que Cameron en sus años universitarios hubiera participado en novatadas como poner sus partes íntimas en la boca de un cerdo muerto-. La economía, la crisis de los refugiados, el auge del terrorismo islámico etc., toda implicaba una connotación relacionada con la decisión que tomará Reino Unido.

Desde entonces, Cameron y su equipo han concentrado sus esfuerzos –de manera no oficial, todavía- en hacer campaña en contra de una salida de la Unión Europea en un marco de consulta que él mismo abanderó como parte de su programa político. A finales de 2015 presentó a la Unión Europea el lote de medidas que esperaba conseguir para satisfacer a la opinión pública británica. Las más destacas incluían la posibilidad nacional de vetar leyes europeas, la no posibilidad de otorgar a inmigrantes ayudas por desempleo o vivienda por parte del gobierno británico si no ha trabajado cuatro años o más en el país, así como el reconocimiento legal y vinculante que “termine con la obligación británica de trabajar por una unión más estrecha”.

El último punto, que ya defendió en su discurso inicial, es uno de los mayores bastones a los que se aferra su propuesta, y cuya aplicación se antoja más simbólica que práctica. Cameron trató de aglutinar todos los frentes abiertos en una única batalla, un todo o nada como ya hizo para conseguir su segundo mandato. La Unión Europea aceptó el inicio de las negociaciones, aunque dicha comunidad política se haya convertido –o quizás lo fue desde el primer momento- en su principal aliado.

Con 17 años, poco antes de ingresar en la prestigiosa Universidad de Oxford dónde acabaría por graduarse con honores como primero de su promoción, David Cameron ya formaba parte de la élite. Eso no le libró de diferentes anécdotas, o escándalos, según quien contase los hechos, relacionados con la marihuana que casi acaban con su paso por Eton College, el también prestigioso y elitista colegio en el que cursó el equivalente a Secundaria y Bachillerato.

Por aquel entonces se publicaba el primer álbum de los Smiths, llamado a su vez The Smith. Cameron ha nombrado en numerosas ocasiones la canción ‘This charming man’, de dicho álbum, como una de sus favoritas. Su carácter afable fuera de la política ha dado lugar a una alta cantidad de situaciones, como cuando la modelo Kate Moss le pidió el número de teléfono pensando que se trataba de un fontanero. Las dos principales caras de los Smiths, Morresey y Johnny Marr han atacado en muchas ocasiones a Cameron en desacuerdo con sus políticas. El significado de la canción ha sido habitualmente relacionado con la homosexualidad aunque, como en la mayoría de los textos del grupo británico, la ambigüedad de la letra permite a cada uno elegir a su gusto quien es el ‘hombre encantador’. “Él sabe tanto sobre estas cosas”, cantan los coros al final de la pieza.

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Portada del Daily Express día 3 de febrero.

Donald Tusk, actual presidente del Consejo Europeo, ha sido el encargado de redactar un borrador en respuesta a las negociaciones británicas. “Una buena base para el compromiso, relató. Cameron se apresuró a dar el visto bueno a dichas medidas, aunque la vaguedad del texto no deje claro si realmente la Unión Europea aceptaría las premisas iniciales. Jeremy Corbyn, actual líder de los laboristas que aspira a relanzar las bases izquierdista del partido, se limitó a calificar los hechos como parte del “Teatro de los tories”.

Más dureza ha recibido en las críticas de los euroescépticos de la UKIP que tacharon la propuesta Tusk como “patética”. Su propio partido tiene varias voces discordantes, una de ellas la del siempre mediático Boris Johnson, alcalde de Londres, primo de Cameron, y uno de los principales candidatos a sustituirle en las siguientes elecciones –a las cuales no se presentará de nuevo-. La respuesta definitiva de la Unión Europea se conocerá en la cumbre del 18 y 19 de febrero.  De ahí en adelante se marcarán las fechas del referéndum. El objetivo de la ejecutiva es claro, cuanto antes mejor. Se llegó a señalar mayo como el momento ideal, sin embargo esta fecha coincidiría con elecciones en Escocia, Gales, Irlanda del Norte o Londres. Ahora mismo junio o septiembre de 2016 serían las principales fechas candidatas.

Cameron intentará adelantarse al verano, por miedo a la llegada de más refugiados que pueda decantar la balanza y sumar votos a los euroescépticos. Conseguir una victoria ante la Unión Europea, o al menos vender públicamente el triunfo, es la meta del primer ministro. Tras conocerse la propuesta Tusk los grandes medios nacionales no compran el producto, periódicos como The Independent cuestionan el acuerdo y la prensa amarilla, como el Daily Express, califica el pacto como una “broma”. La apuesta está servida. David Cameron tendrá que convencer a la Unión Europea para que acepte, convencer a su partido del triunfo del acuerdo, aguantar las acometidas de la oposición y, ante todo, convencer a los británicos del ‘SÍ’ a la Unión Europea. ‘This charming man’.