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Imagen de Joe Craig y su perro ‘Harpo’.

Todos hemos cometido algún error en nuestra vida. Pueden ir desde los más simples, como tirar un vaso o un plato, a otros un poco más graves, como echar diésel en un coche gasolina, o graciosos como confundir unos gritos por el dogging con un secuestro.

El dogging es una práctica sexual que consiste en tener sexo en público. La idea es que mientras se esté en el acto, haya gente que se apunte a verlo.

Joe Craig es un escritor británico de cuentos infantiles. Mientras sacaba de paseo a su labrador color chocolate ‘Harpo’, escuchó gritos de la parte de atrás de un Renault Clio. Preocupado por si alguien estaba atrapado por un secuestro en el maletero, se acercó al coche para ser un héroe sin capa. Pero acabó encontrándose a una pareja haciendo el amor.

Joe quiso dejar constancia de cada paso que iba dando en Twitter.

“Escuché gritos y el maletero del Clio moviéndose ‘¡Oh no!’ pensé. Alguien está atrapado en el maletero”

“Tenía que actuar rápido por si la persona que le había secuestrado volvía. Es peligroso, pero soy un HÉROE”

“Con un movimiento rápido y dinámico abro el maletero del coche. La luz del maletero se enciende y me encuentro con la cara de una mujer” La historia, contada en más de 25 tuits, prosigue con la travesía de Joe para ser un héroe anónimo.

“Encima de la mujer desnuda estaba un hombre. También desnudo”

Y ahora, la historia involucra también al perro. Un labrador chocolate según Joe “muy bien entrenado que ama los viajes en coche”. Eso implica que cada vez que ve la puerta del maletero abierta, salte a el.

“Así que antes de que pudiese cerrar la puerta, con mucho cuidado para no pillar nada, mi perro Harpo se subió al lado (casi encima) de la pareja”

“Ahora era demasiado tarde como para cerrar el maletero. Había más gritos, pero no de los buenos”

“Y esta es la historia más graciosa que me ha ocurrido aquella noche con mi perro en East Finchley”

Joe explicó más tarde que el coche estaba aparcado al final de una calle en un barrio tranquilo y residencial. Desde luego, la vergüenza y el mal rato no se lo va a quitar nadie y ya tiene anécdota para cualquier cena de navidad con su familia.