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Economía colaborativa para viajar barato / Gloria Sáez Barneto

José (nombre ficticio para proteger la identidad) tiene 32 años, trabaja de informático y ha decidido, como tantas otras veces, compartir su coche con tres desconocidos para poder viajar a precio económico. No lo hace siempre pero el precio abusivo de los viajes y los costes de gasolina y mantenimiento hacen que opte por la economía colaborativa y ofrezca su coche a cambio de que los desconocidos le paguen por el trayecto. No se lucra con ello, asegura, con lo que recibe de los acompañantes dice que solo paga los costes del coche, pero eso es lo que busca, que compartiendo todos eviten los precios “abusivos” de los transportes tradicionales. José es todo un experto en el mundo del Blablacar y, por tanto, de la economía colaborativa para viajar barato.

“Es un abuso que el tren ida y vuelta desde Sevilla te cueste unos 120 euros y el autobús aunque mucho más barato es de una calidad pésima”, cuenta José. Sus compañeros de viaje están de acuerdo, por eso decidieron optar por el Blablacar, aunque eso significara meterse en un coche con un desconocido. Es la forma más barata de viajar y en muchos casos casi la más rápida, y eso en estos tiempos parece tirar mucho.

Internet ha revolucionado el sector de los transportes con las continuas comunidades y webs que nacen para conseguir superar las trabas y no tener que optar por el transporte tradicional. Desde que aparecieran páginas como Blablacar, todos los consorcios de transportes se han puesto en pie de guerra para hundir estas comunidades, pero de momento no hacen más que crecer. Les acusan de competencia desleal y de lucrarse saltándose las leyes, pero ni con unas rebajas y ofertas muy significativas en sus propios servicios consiguen frenar el crecimiento de estas plataformas. Según los datos que maneja Blablacar, a día de hoy, más de dos millones de personas usan en toda Europa sus servicios.

Desde hace unos meses la empresa cobra unos tres euros a cambio de un pago seguro y un pequeño coste de gestión que ha resultado ser bastante polémico pero aún así la demanda no deja de crecer, tanto de personas que ofrecen sus coches como de gente que los solicita.

Pero no todo es solidaridad y colaboración en estas plataformas y es que, como aseguran José y otros tantos que usan la plataforma desde hace años, hay mucha gente que intenta lucrarse con estas nuevas formas de viajar estableciendo precios muy altos o llenando sus coches al tope. Eso sí, todos coinciden en que son los menos y que la mayoría, como José y sus acompañantes, buscan solo el lado bueno de estas comunidades que han puesto en jaque a toda la industria del transporte en Europa.

Compartir ofertas de tren

Pero no solo en los coches y en la carretera funcionan esos “truquillos” para viajar barato, sino que hay otras formas de intentar ahorrarse unos euros incluso usando los transportes clásicos. Internet se ha convertido en un gran ágora para que todos los interesados en los viajes que antes solo se resignaban a los viajes clásicos, encuentren a otras personas en su situación y puedan hacer frente a los precios abusivos y a los oligopolios de transportes, juntos. Incluso aprovechando los propios recovecos que dejan las grandes empresas.

Redes sociales como Facebook, por ejemplo, se han llenado de grupos y páginas donde comunidades de viajeros hablan para viajar barato, y las mesas de los aves son las última moda. Renfe sacó una oferta para grupos que consistía en dejar mesas de cuatro a precios muy baratos con el objetivo de atraer a los grupos de jóvenes que solían optar por el coche. Con precios tres veces más bajos que los de los billetes normales las mesas se han convertido en el objetivo de los ‘cazachollos’. Todos esos viajeros solitarios se han juntado en las redes para trapichear con esas mesas.

Mesas del Ave

Mesas del Ave

Gente que compra las mesas enteras y luego vende las plazas libres, personas que publican para intentar encontrar algún sitio en esas codiciadas localidades, etc. Los grupos de Facebook sobre mesas de ave se han llenado de llaneros solitarios que buscan con ahínco ahorrarse el dineral del tren aunque tengas que pasar todo el viaje frente y al lado de desconocidos. Las redes y la crisis han roto las barreras en favor de la economía colaborativa.

Y si no encuentras un hueco en esas codiciadas mesas te queda el último cartucho de la “última hora”. Páginas como ‘Amigos en el tren‘ se han especializado como plataformas donde las personas que no pueden viajar por algún casual venden sus billetes a última hora más baratos a cambio de no perder toda la cuantía de ese ticket por las políticas de las empresas. Tal es la oferta y la demanda de este tipo de billetes que estas páginas cada vez están más profesionalizadas y han obligado a que las empresas del sector saquen sus propias ofertas y páginas de última hora.

Compartir apartamentos o casas

Si ya viajar barato se ha puesto de moda, lo último es compartir pisos o apartamentos con desconocidos para ahorrar unos euros en la cuenta de las vacaciones. Una forma de hospedaje que está pasando más trabas incluso que las plataformas de “truquillos” para viajar. No solo el sector hotelero se está quejando de esta práctica que consideran desleal si no que tanto vecinos como ayuntamientos no se están quejando del mercadeo de pisos y apartamentos sin ningún tipo de control.

La plataforma por excelencia de esta práctica es Airbnb y en España de momento ya está sufriendo cortes y prohibiciones en ciudades como Barcelona o Madrid donde, según plataformas vecinales y consorcios municipales esta web ha abierto un mercado negro de hospedaje masivo que va contra cualquier ley municipal. Parece que aunque la idea es que gane el huésped y gane el dueño, los vecinos salen perdiendo.

Las diferencias de precios entre un hotel y un apartamento de Airbnb varía mucho y cada vez más personas optan por la idea de compartir apartamentos con los propios inquilinos antes de pagar noches de hotel, sobre todo en temporada alta. Al igual que las otras plataformas de economía colaborativa cada vez crecen más gracias a internet y las redes sociales y es posible incluso encontrar compañeros de apartamento en lugares como Amsterdam o Nueva York.

“Truquillos” para conseguir que las vacaciones no sean algo solo para privilegiados y que todos salgan ganando por compartir, aunque, como siempre, no todo parece tan bonito como se pinta.