Fotografía de Alberto Garzón dando un mitin en la campaña de las Elecciones Andaluzas de 2015 / IU Andalucía

El Congreso de los Diputados, como los consejos de reinos y de sabios, nunca se han visto como un lugar para jóvenes sino todo lo contrario. General es la creencia en que todo lo referido a la gobernabilidad y gestión de una comunidad debía ser dirigido por los mayores del lugar, por aquellos llamados sabios que gracias a su experiencia vital y sus conocimientos empíricos, adquiridos con la edad, tenían la facilidad y el don de llevar a cabo las mejores acciones para su pueblo. Este concepto parece no haber cambiado en España, pues solo 11 de los 350 diputados de la Cámara baja tienen menos de 35 años.

Hasta hace pocos años, la ciudadanía española, y más aún los jóvenes, se había separado bastante de la política, o al menos en lineas generales, dejando este ámbito social a sus mayores y volviendo al clásico tópico de que la experiencia es un grado y deben ser los mas viejos los que lleven el timón del país. Se creía que eso había pasado siempre, pero ni mucho menos, solo con mirar un poco atrás, hacia la Transición, se puede comprobar que la joven democracia española nació con más jóvenes en el Parlamento que sabios.

La edad media de los parlamentarios en España ha crecido exponencialmente desde 1975, mostrando un desarraigo de los jóvenes por la gestión de lo público y del mundo de la política al uso. Si en 1979, según datos del Proyecto de investigación “Democracia y Autonomías” de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, la media de edad de los parlamentarios estaba en los 42 años, aproximadamente, 40 las mujeres, en la actualidad la media podría alcanzar los 50, 47 en las parlamentarias. Un número preocupante si vemos que esa variable no ha dejado de crecer en todo lo que llevamos de democracia y podría acercar al país, peligrosamente, hacia una ‘gerontocracia’.

El problema del aumento de la edad de los diputados no es solo que la política de España sea cada vez más vieja, sino que la desafección de los jóvenes por las instituciones va creciendo de forma paralela al aumento de la edad. Como pasa con minorías étnicas o religiosas, la edad también es un problema para la democracia representativa, al poder generar una ruptura entre representantes y representados si unos no entienden, ni hacen, lo que los otros exigen.

Las nuevas expectativas de cambio en la política nacional, con la entrada de partidos como Podemos o Ciudadanos en los que la variable juventud parece tener una importancia vital -sus líderes tienen 36 años, en el caso de Pablo Iglesias, y 35, en el de Albert Rivera-  podría cambiar algo el panorama. Sorprendentemente, hasta esta última ola de cambio no han sido los nuevos partidos quienes más han apostado por los jóvenes sino que han sido los partidos tradicionales, el bipartidismo, quién ha dado un pequeño hueco en sus filas a nuevos políticos que rompen totalmente con la media de edad parlamentaria.

En este gráfico interactivo se puede observar los asientos de los jóvenes diputados y su trayectoria.

Los fichajes de promesas los hacen PP y PSOE

Son los partidos con más números de afiliados, con más número de diputados y con más poder en todas las áreas de la política española, al menos hasta la actualidad. Es normal que en estos gigantes de los parlamentos españoles los jóvenes encuentren una mayor facilidad para caer en las listas que en los partidos pequeños donde las oportunidades son contadas y deben sacar toda su artillería para coger asientos.

Exceptuando la importante figura de Alberto Garzón, el político más joven del Congreso de los Diputados (30 años) y que a la vez es portavoz y dirigente de Izquierda Unida, el resto de los diputados menores de 35 tienen su puesto dentro de los dos principales partidos del país. La gran mayoría de ellos vienen de una carrera política precoz, siempre orientada a la gestión pública y marcada por las juventudes de los partidos.

Las asociaciones juveniles de las facciones políticas, como las Juventudes Socialistas o las Nuevas Generaciones del PP, se han convertido en las canteras de los partidos por las que debe pasar todo joven que quiera dedicarse a la política. De ahí viene el televisivo Pablo Casado (PP) o el número dos del PSOE de Pedro Sánchez, Cesar Luena. 7 de los 11 diputados menores de 35 tuvieron antes puestos importantes en las juventudes de sus partidos a nivel regional o nacional.

El futuro pasa por el 15-M

El 15-M ha marcado un antes y un después en la relación de los jóvenes, y no tan jóvenes, con la política, la gestión pública y el poder en general. De ahí salieron gente como el ya citado Alberto Garzón o el más que conocido Pablo Iglesias, de esas asambleas y reflexiones salieron los jóvenes que ahora intentan asaltar el Parlamento manejado por sus mayores.

Son hijos de la Constitución de 1978, no votaron la Carta Magna y todos, incluyendo los del PP como Casado, hablan de la necesidad de cambiarla aunque sea un poco. Aunque no venga directamente del 15-M coinciden en la idea de un cambio necesario en la forma de hacer política.

Parece claro que debido a la crisis, tanto económica como institucional, que ha marcado los últimos años, los jóvenes han cambiado en su forma de ver la política y se han lanzado hacia las instituciones intentando buscar los lugares de poder. No tanto para seguir como lo hicieron antes sus mayores, al menos eso se dice por parte de los nuevos políticos, como para cambiar totalmente la gestión pública hacia una que represente más a sus generaciones.