Fotografía del aeropuerto de

Fotografía de parte del aeropuerto de Ellinikó abandono desde hace más de una década

La angustiosa situación económica que vive Grecia, consecuencia de la mastodóntica deuda pública -a cierre de 2014 ascendía a 317.094 millones de euros, un 177,1% del Producto Interior Bruto (PIB)- que arrastra el país, así como de las políticas de austeridad extremas impuestas por la Troika, terna formada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea (CE) y el Banco Central Europeo (BCE), y que han dejado las arcas griegas vacías, han empujado al país heleno a embarcarse en una ola de privatizaciones y ventas de bienes públicos nunca vista hasta el momento. Atenas no sólo ha puesto el cartel de “se vende” a cuanta empresa pública ha encontrado sino que también ha sacado a subasta islas, bosques, lagos, espacios protegidos y cientos de kilómetros de costa. Los activos más preciados de un país que, al igual que España, encuentra en el turismo su principal fuente de ingresos.

Los movimientos comenzaron en 2011 cuando Atenas bordeaba la suspensión de pagos y el Ejecutivo de Yorgos Papandreu negociaba con Bruselas la concesión de un segundo rescate. Por aquel entonces, el Gobierno griego puso en marcha un programa de privatizaciones con el que pretendía recaudar 50.000 millones hasta 2015 a través de la venta de su participación en las grandes compañías públicas del país: gestión de carreteras, aeropuertos, puertos, la banca estatal, correos, compañías de agua, electricidad y telefonía y hasta la tradicional lotería nacional. Como parte de la propuesta remitida a Bruselas, Atenas puso en marcha el Fondo de Desarrollo de los Activos de la República Helena (HRADF), órgano encargado de privatizar las empresas públicas, y a través de cuya página oficial puede observarse todavía hoy, al más puro estilo de una web de alquiler de casas de vacaciones, el catálogo oficial de los bienes públicos que subasta el Estado. Desde puertos a instalaciones de los Juegos Olímpicos de 2004 en desuso, pasando por corporaciones públicas e incluso playas paradisíacas de la extensa costa helena. Desde 2011, Grecia ha puesto en venta 412 espacios y compañías estatales, de los que 195 son áreas naturales, y 47 de ellas están protegidas por la red europea de conservación Natura 2000, según los datos recopilados por la protectora BirdLife.

Un rico patrimonio natural cuya conservación corre grave peligro ante la entrada de poderosos fondos de inversión procedentes de Oriente Medio y de grandes fortunas interesadas en convertir estos paradisíacos paisajes de arena blanca y aguas cristalinas en complejos hoteleros de primera clase. Quizá el ejemplo más polémico sea el de la playa de Ellinikó, ubicada a unos pocos kilómetros al sur de la capital, y que ha sido recientemente adjudicada al magnate griego Spiros Latsis, la segunda mayor fortuna del país heleno en 2014, según el ranking que elabora la revista Forbes. Este gigantesco terreno de 540 hectáreas está ubicado al lado del antiguo aeropuerto de Atenas, abandonado desde 2001, y sobre él está proyectada la construcción de un macrocomplejo turístico. Lamda Development, el grupo controlado por Latsis que se adjudicó el suelo el pasado mes de noviembre por 915 millones de euros, ha anunciado públicamente que “250 hectáreas irán destinadas a uso turísticos”, mientras que el resto se destinarán a la construcción de “parques, carreteras, colegios” y a aliviar la congestionada área metropolitana ateniense.

 Desde 2011, Grecia ha puesto en venta 412 espacios y compañías estatales, de los que 195 son áreas naturales, y 47 de ellas están protegidas por la red europea de conservación Natura 2000, según los datos recopilados por la protectora BirdLife.

La isla griega de Elafonisi, situada en el sur del Peloponeso, es otro de los parajes naturales que se puede encontrar en la web del HRADF. Las playas de esta ínsula se encuentran incluidas en Natura 2000 (la red ecológica de áreas de conservación de la biodiversidad en la Unión Europea) por su flora en peligro de extinción, que incluye los arbustos Juniperus oxykedrus Marcocarpa (que también pueden encontrarse en dunas y playas españolas) así como las plantas Saponaria de Giakel. Grupos ecologistas, vecinos y hasta el mismísimo alcalde de la localidad han mostrado su rechazo y han exigido al nuevo Ejecutivo de Alexis Tsipras que paralice todas las privatizaciones. “No reconocemos a ningún inversor que en nombre de cualquier `explotación´ o contraprestación económica afectará la naturaleza pública de nuestras majestuosas playas”, rezaba un comunicado publicado en la web del consistorio. La llegada al poder de Syriza, el partido liderado por Alexis Tsipras que ganó las elecciones generales celebradas el pasado mes de enero, prometía poner fin a esta ola de privatizaciones de forma fulminante. Así ocurrió en principio, cuando oficialmente los procesos de venta quedaron paralizados y el consejo de administración del HRADF fue instado a dimitir. Sin embargo, cinco meses más tarde estos directivos siguen en sus puestos, a petición del propio ministro de Economía, Yannis Varoufakis, y la web del organismo sigue operativa.

Imagen del castillo de

Imagen del Castillo Bibelli, en la isla de Corfú

Un caso parecido es lo sucedido con la isla de Corfú, la ciudad principal de la periferia de las islas Jónicas, y cuyo casco histórico está considerado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El caso de esta ínsula es similar al de las parajes comentados anteriormente una vez que la zona noreste de la isla ya ha sido adjudicada a un fondo de inversión árabe. Esta fue la primera operación que se cerró de la lista de bienes públicos puestos en venta por el Ejecutivo. Sin embargo, el expolio al que ha sido sometido Corfú no termina ahí ya que basta un breve repaso por la web del HRADF para encontrar otra importante propiedad estatal en venta. Se trata del Castillo Bibelli, que mandó construir el almirante italiano Bibelli en una zona de boscosa de la isla. Con dos torreones y un bonito patio, así como varios edificios auxiliares en un parque de 77 hectáreas, construido hacia 1900, fue un hotel hace muchos años y podría volver a convertirse en un pequeño hotel de lujo. El castillo está a solo 16 kilómetros del aeropuerto, a 14 de la capital de la isla y a 1.500 metros de una  playa.

Con la venta de estos parajes, el Gobierno griego confiaba en recaudar 50.000 millones de euros con los que aplacar algunas de las duras exigencias que la Troika les exigía a cambio del rescate. Sin embargo, cuatro años después de poner en marcha el programa apenas han recaudado 5.000 millones. Un fracaso que se suma a la la larga lista de problemas que arrastra el país heleno y que, además, ha dejado en manos privadas tesoros naturales que difícilmente podrá recuperar el nuevo Ejecutivo.