Portada de un cómic basado en H. P. Lovecraft

Portada de un cómic basado en H. P. Lovecraft

Era un niño tímido y solitario. Parece un cliché: todos los grandes artistas fueron en su día niños apocados. Seguramente no todos. Pero en el caso de Howard Phillips Lovecraft era cierto como en ningún otro. Su familia, burgueses de clase media venidos a menos, último vestigio de un linaje inglés, no gustaba de mezclarse con estadounidenses. Su madre y sus tías -el padre nunca le prestó atención y, además, murió muy pronto- no paraban de repetirle al joven Howard que la gente era mala y él, además, era extraño y feo, y sería fruto de todas las burlas. Ahora, sus lectores y estudiosos, más de un siglo después, piensan: ¿qué habría pasado si Lovecraft hubiese sido un niño feliz?

Seguramente que hoy no sería recordado como uno de los grandes escritores del horror de todos los tiempos. Se encerró a cal y canto en su casa, rodeado de libros, desde la tradición gótica inglesa hasta extraños manuales de esoterismo. Sus maestros fueron Poe, Lord Dunnsany, Ambrose Bierce, Chambers… Tan sólo salía por las noches, a pasear bajo la luz de la luna por Providence (Rhode Island), localidad de la que apenas salió en sus 46 años de vida. Y en esa oscuridad, en esa sobreprotección, fue donde dio forma a algunos de los mayores horrores de los tiempos modernos.

Si alguien le hubiese dicho, después de explicarle lo que es un ordenador, después de explicarle lo que es Internet, después de explicarle lo que es Twitter -seguramente no habría sucedido, atemorizado y encolerizado ese alguien por lo reaccionario era Howard-, si alguien le hubiese dicho, decíamos, que llegaría a ser Trending Topic mundial en su 125 cumpleaños, Lovecraft no se lo hubiese creído. Apenas si tuvo un puñado de amigos a lo largo de toda su vida. Más que amigos se trataba de admiradores de su obra, lectores de aquellas revistas pulp que distinguieron su talento entre la morralla, y que se cartearon con él a lo largo de toda su vida. Aunque Lovecraft no llegó a publicar un libro en vida, muchos jóvenes escritores, grandes talentos futuros de los géneros de la fantasía, el horror y la ciencia ficción, vieron en él un maestro y un compañero, y le acompañaron en sus creaciones. Clark Ashton Smith, August Derleth, Robert Bloch, Henry Kuttner, Frank Belknap Long son algunos de sus nombres. A Bloch le dedicó estas palabras: “yo he visto abrirse el tenebroso universo/ donde giran sin rumbo los negros planetas,/ donde giran en su horror ignorado/ sin orden, sin brillo y sin nombre”. August Derleth continuó con sus mitos, firmando relatos a dos manos con su maestro aun cuando éste ya había muerto, y se encargó de publicar toda su obra póstuma en la editorial que él mismo creó para honrarle: Arkham House (que publicó, entre otros autores de género, a Ray Bradbury, recientemente conmemorado).

Lovecraft y Poe en un capítulo de la serie Los Simpson

Lovecraft y Poe en un capítulo de la serie Los Simpson

Arkham existe. Muchos la conocerán por dar nombre al celebérrimo manicomio de Gotham City, el hogar de Batman y sus villanos, pero se trata de una invención de H P Lovecraft. Arkham, Innsmouth y Dunwich componen su triada de ciudades fantasma, todas ellas en la costa este de Estados Unidos, en torno a Massachusetts, Connecticut y Rhode Island. Lovecraft amplió la geografía norteamericana y en estos puntos concentró lo horrores del hombre que, para él, se resumen en uno sólo: la emoción más fuerte y antigua de la humanidad es el miedo, y el más intenso y antiguo tipo de miedo es el miedo a los desconocido. Todo se reducía a esto: el unknown. El horror de un hombre frágil, tímido y huraño a todo aquello que no conocía. Desde las ciudades grandes hasta los inmigrantes asiáticos y africanos que las poblaban. En Lovecraft cobró forma un profundo rechazo por lo desconocido que se alimentaba de la fascinación que a la par le provocaba. De eso se nutría su literatura, del efecto conjunto entre fascinación y repulsión que dan lugar al horror. Y qué hay más desconocido que aquello que es imposible conocer. En sus solitarios paseos nocturnos levantaba la cabeza y se preguntaba qué había allí arriba. El cielo era infinito e incognoscible. Y así nació el horror cósmico o cosmicismo lovecraftiano: en un cosmos inexplorado, vacío de Dios, ¿qué importancia tiene el ser humano? No somos más que un accidente intergaláctico. Un magnífico y complicado accidente.

Uno de los múltiples juegos de cartas sobre la llamada de Cthulhu

Uno de los múltiples juegos de cartas sobre la llamada de Cthulhu

“Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de los negros mares de la infinitud, y no hemos sido concebidos para viajar muy lejos”. Estas palabras se encuentran al inicio de uno de los relatos más famosos y revisados de H P Lovecraft: La llamada de Cthulhu. ¿Y quién es Cthulhu? Cthulhu lo es todo. Se encuentra en chapas que lo animan a la presidencia de los Estados Unidos. Es el protagonista de muchísimos juegos de mesa, de rol y videojuegos. Es el protagonista también de cómics homenaje firmados, entre otros, por el gran Alan Moore. Es una figurita de acción que se vende en grandes cadenas comerciales junto a otros ídolos pop. Lovecraft ha viajado más lejos de lo que nunca se atrevió a soñar. Su figura alta y retorcida, su miedo al pescado y su debilidad por los helados de vainilla, se han convertido en un personaje icónico, de culto. Hay incluso quienes creen en su horroroso panteón de dioses arquetípicos y primigenios, como Hastur, Aquel Cuyo Nombre No Debe Ser Pronunciado, o quizá lo conozcan como el Rey Amarillo. Los rastros del universo lovecraftiano y de su círculo de amigos escritores se extiende y entierra por todos los rincones de la cultura popular. Quizá él nunca aspiró a tanto. Tan sólo a encontrar su sitio en un mundo sin demasiado sentido. Su narrativa breve, aunque de estilo más o menos cuestionable, contagió en muchos niños -¿tímidos y enfermizos?- la pasión por la escritura.  Se trata de uno de esos autores iniciáticos que descubres con sorpresa y encanto en la madurez. El tiempo no acaba: vuelve sobre sí mismo una y otra vez. Y recuerden, en R´lyeh, cerca de Aldebarán, Él espera soñando…