End of softness, Louise Bourgeois

End of softness, Louise Bourgeois

 

“I have been to hell and back. And let me tell you, it was wonderful”

Ella solía decir que la gente feliz no tiene historias. Es una de las citas célebres que ha pasado a la posteridad de la historia del arte, una de esas acumuladas en listas de referencias que pretenden dar muestra del romanticismo trágico inherente a los artistas. Pudieran ser supercherías, pero lo cierto es que la obra de Louise Bourgeois nacía de su ansiedad, su tristeza, sus miedos, sus obsesiones… Transmitía su angustia a los demás, una mujer menuda, recia y de carácter explosivo, y sus esculturas de hierro, sus rostros de trapos, sus bocetos delirantes estaban cargados de todos estos demonios. Creaba, casi como ningún otro, desde la más profunda interioridad, esa que duele y no le mostramos a nadie; por algo se la consideró la gran pionera del arte confesional. Cada obra que creaba era una rasgadura de su alma que le mostraba al mundo, algo que la violentaba profundamente. Pero a la vez lo necesitaba. La eterna vanidad.

En un pañuelo a cuadros con los bordes azules, la artista franco-estadounidense tejió “I have been to hell and back. And let me tell you, it was wonderful”. He estado en el infierno y he vuelto da nombre a la retrospectiva que el Museo Picasso de Málaga inauguró el pasado mes de junio y que podrá visitarse hasta el 27 de septiembre. Supone una oportunidad única para acercarse a la obra de una gran artista, cuya obra ha ido ganando la atención merecida en los últimos años de su vida y posteriores a su muerte. Son más de cien obras (más de cuarenta esculturas y más de cuarenta dibujos y piezas tejidas), de las cuales 33, según los organizadores de la muestra, no habían sido nunca expuestas. La mitad del total son posteriores al año 2000, cuando Bourgeois (1911-2010) era casi nonagenaria, pero cuando su obra, según los expertos, se volvió más intensa y original.

El éxito le llegó muy tarde, si bien alcanzó cotas altísimas, exponiendo en los grandes museos del mundo entero y codeándose con artistas de gran nombre. Tenía ya cumplidos los 70 años cuando la comisaria Deborah Wye impulsó su primera retrospectiva en 1982 en el MoMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York). Hasta entonces había permanecido en círculos undergrounds, participando en pequeñas exposiciones colectivas, dando forma a sus demonios en un apartamento del rico y bohemio barrio de Chelsea que hoy es lugar de peregrinación. Su asistente durante treinta años, Jerry Gorovoy, acudía a buscarla cada mañana a su casa para llevarla al estudio. Organizó su agenda y sus desórdenes. En la parte trasera de la vivienda hay una réplica de Maman (1999) su famosa escultura de una enorme araña, una de cuyas versiones guarda la puerta trasera del Guggenheim de Bilbao. Pequeños y temibles insectos llenos de paciencia para tejer y tejer. Construir para destruir. Algo de esto tenía Bourgeois.

Cell XX, Louise Bourgeois

Cell XX, Louise Bourgeois

Creció en una familia de clase media en el París de la primera mitad de siglo. A sus padres, que regentaban una pequeña fábrica de tapices, no les pasó inadvertido el precoz talento de su hija para el dibujo. Fue una relación complicada la de la familia Bourgeois, una mezcla de amor, celos y resentimiento para con sus dos progenitores. Abrió una pequeña galería dentro de la fábrica de tapices familiar y allí conoció a su futuro marido, el historiador del arte norteamericano Robert Goldwater. Llega a Nueva York con él en 1938 y en 1941 ya tiene tres hijos. La dificultad de conjugar su papel de madre y esposa con sus ansias de ser artista será una de sus principales fuentes de ansiedad, y, por tanto, de creación. Cuando su marido murió en 1973, ella se mudó a la habitación con una sola cama que tenía vistas a la calle. Por entonces aún trabajaba en la casa de Chelsea antes de trasladar su estudio a Brooklyn. Pero es una artista muy posterior la que podemos ver en la muestra de Málaga. Una Bourgeois en planea consagración, habitual en las reuniones de artistas como Duchamp, Rothko o Willem de Kooning.

“La fugitiva”, “Soledad”, “Trauma”, “Fragilidad”, “Estudios naturales”, “Movimiento eterno”, “Relaciones”, “Dar y recibir” y “Equilibrio” son las nueve secciones en las que se estructura la muestra. Lo dicen todo de ella, o casi. Cuarenta y seis esculturas de bronce, tejido, látex y aluminio, una celda y una pintura se exponen junto a cincuenta y tres obras en papel y textiles, muchas de ellas de gran formato o realizadas en series. Como antesala de la exposición, Louise Bourgeois: Photo Album, un recorrido por la vida de la artista a través de fotografías. Además, se proyecta el documental que Nigel Finch dirigió en 1994 para la BBC, Louise Bourgeois: No Trespassing, así como un audiovisual producido por el Museo Picasso Málaga con entrevistas a su asistente Jerry Gorovoy, hoy presidente de la fundación Louise Bourgeois, a la comisaria de la exposición, Iris Müller-Westermann, y al director artístico del Museo Picasso Málaga, José Lebrero Stals. Están invitados a visitar al infierno, pero no se asusten, recuerden que es estupendo.