IMG_4866

Portada de ‘Fariña’, editado por Libros del K.O. / Raquel Moraleja

En su A Coruña natal el libro se agotó en apenas 24 horas. En Madrid duró algo más pero a las pocas semanas la primera edición ya se había evaporado de las estanterías. Lo que ha conseguido Nacho Carretero (A Coruña, 1981) no es nada fácil, ha alumbrado una realidad que para muchos permaneció décadas escondida. La costa gallega, para los que no lo sepan, llegó a ser, allá en la década de los 90 y el cambio de siglo, el principal punto de entrada de droga de Europa. Entre 2001 y 2003 se estima que entraron 150.000 kilos de cocaína por Galicia, que era más del 80% de la que entró en toda Europa.

De esas tierras, surcadas por planeadoras, han surgido algunos de los capos de la droga más ilustres de España. Contrabandistas y narcotraficantes como Sito Miñanco, Laureano Oubiña, Marcial Dorado o Manuel Charlín. Personajes que, además de muerte, dinero y drogas, dejaron frases para el recuerdo. “Menos mal que yo no creo en la violencia, porque si no os mataba a todos”, dijo Miñanco a los jueces de la Operación Nécora. También han surgido fantasmas, los que recorrían la espalda de los políticos gallegos cuando salía a relucir el tema del narcotráfico; y los que acudían a la cabeza de las madres de Erguete que, con el valor que sólo tienen los que han perdido a un hijo, decidieron enfrentarse al narco y abrir los ojos a todo un país que contemplaba con desidia el drama gallego.

Fariña (editado por Libros del K.O.) es un monumento al detalle. Una investigación exhaustiva, profunda e inédita sobre un paisaje criminal, a menudo infravalorado, que abre al lector los ojos y la conciencia. Los capos de Ferrari en la puerta, piscina en el salón y escultura en el patio arrasaron el tejido social, productivo y político de toda una comunidad. Un impacto no muy distinto del que tuvo la Camorra en la Campania o del que tuvo la Cosa Nostra en Sicilia. Una realidad, la de la Italia mafiosa, que descubrimos gracias a Roberto Saviano; y una normalidad, la de la Galicia contrabandista, que descubriréis gracias a Nacho Carretero.

Siendo de A Coruña y viviendo su adolescencia a pocos kilómetros de las Rías Baixas, ¿sintió en su juventud la influencia del narcotráfico en Galicia?

Yo tengo familia allí, fui millones de veces y viví la normalidad de la droga en Galicia. Es algo de lo que no te das cuenta hasta que no sales de allí. Me vine a vivir a Madrid hace diez años y me acompañó la broma de la cocaína, el narcotráficoY dices, joder, esto no es normal fuera de Galicia.

En tu obra haces referencia a una cita del libro de Manuel Rivas, Todo es silencio, en el que el autor sostiene que el carácter gallego fue el abono para que el narcotráfico prendiese ¿Qué ocurre con el carácter gallego?  

El carácter gallego es como el de cualquier localidad rural pero sí es verdad que en Galicia está un poco exagerado ese pensamiento de lo que haga el vecino no es asunto mío. Pero sobre todo a lo que me refiero en el libro es que había una cultura de aceptar este negocio heredada del contrabando. El contrabando era un negocio que estaba bien visto porque daba dinero y generaba empleo en una zona abandonada por el Estado. Cuando llega el narcotráfico se prefiere no investigar demasiado si es tabaco o si es otra cosa porque, total, sigue dando empleo. Ese silencio y esa connivencia es lo que permite que tenga éxito.

Si la gente se hubiera enfrentado desde el minuto uno se hubiera frenado. Pero, dicho esto, es injusto el decir que la responsabilidad es de la gente. ¿Cómo le vas a pedir a un vecino que se enfrente a un narcotraficante si no lo está haciendo la policía o el político que es a quien le corresponde?

¿Hasta qué punto llegó la connivencia entre la política gallega y el narco?

En el contrabando de tabaco era absoluta la connivencia. Ya no sólo era que los alcaldes estuvieran cerca de los contrabandistas sino que había regidores que se dedicaban al contrabando como Díaz Ligeroo “Nené” Barral. El mismo Manuel Fraga era amigo íntimo de Vicente Otero que era el jefe de los contrabandistas y que tenía la insignia de oro y brillantes de Alianza Popular. Cuando se da ese salto al narcotráfico, ellos siguen cerca del poder y se vuelven a repetir casos de dirigentes populares que eran narcotraficantes como el presidente de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, Pablo Vioque.

Hay un juez que me dice en el libro que no hay un sólo partido político en Galicia que no haya sido financiado con el narcotráfico y, recalca, ni uno sólo. Eso te hace pensar que hay mucho más material del que sabemos y que no existe un documento que demuestre hasta qué punto llegó esta vinculación.

El periodista Nacho Carretero durante la entrevista / Raquel Moraleja

El periodista Nacho Carretero durante la entrevista / Raquel Moraleja

¿Y en el Partido Popular?

El más salpicado fue el Partido Popular porque era el que estaba en el poder y los narcos se acercaban a ese poder. La Galicia más rural, donde se movía el narco, era muy conservadora y el partido hegemónico conservador es el Partido Popular. Si el PP gana en Galicia es por conservador, por ningún otro motivo. Si llega a estar otro partido político en el poder yo estoy convencido de que se hubieran acercado también.

Mariano, vete a Madrid, aprende gallego, cásate y ten hijos. ¿Hubo un enfrentamiento entre Rajoy y Fraga por la tolerancia de Alianza Popular hacia el narco?

Ese enfrentamiento forma parte de la cultura popular política, no está documentado. Rajoy era de los pocos que levantaba la voz contra el acercamiento y la connivencia entre el partido y los contrabandistas. Él estaba en contra de que estos contrabandistas fuera alcaldes. Periodistas y asociaciones que vivieron este proceso de cerca cuenta que Fraga le recomendó irse a Madrid y de ahí salió esa frase.

¿Realmente no sabía Feijóo que Marcial Dorado se dedicaba al contrabando?

Eso es imposible, porque lo sabía todo el mundo. Marcial Dorado era el contrabandista más potente de Europa, probablemente. ¿Cómo no lo va a saber Feijóo? Otra cosa es quién era en ese momento Feijóo o cuán ingenuo pudiese ser. Yo no juzgo que una persona sea amiga de un contrabandista, que cada uno haga lo que quiera, pero en ese momento era un cargo público y lo sigue siendo. Una de las explicaciones que dio el entorno de Feijóo era que Dorado solamente era contrabandista, para que te des cuenta de hasta qué punto estaba arraigado el contrabando en Galicia. Ah bueno, si es sólo contrabandista no pasa nada debieron pensar. Yo creo que esta historia volverá. Si Feijóo se perfila para un cargo más importante se lo volverán a echar en cara.

¿Cuál fue la influencia de las madres de Erguete contra el narco?

Las madres, como representación de un pequeño grupo de padres de la sociedad gallega, que se levantaron cuando comenzaron a sufrir las consecuencias de la descomunal cantidad de droga que entraba en Galicia. Además, el acceso era facilísimo, para que te hagas una idea muchos jóvenes que trabajaban para los clanes cobraban en especias. La importancia de estas madres y padres es vital porque son los primeros que levantan la voz y son ellos los que, con el tiempo, harán reaccionar al Estado. Hasta ese momento, el Gobierno no hacía absolutamente nada contra el narcotráfico y cuando estas madres empiezan a salir en los medios, a enfrentarse a los narcos sobre el terreno, a asaltar pazosEn definitiva, a jugarse la vida. Fue ese movimiento el que empujó al Estado a reaccionar con la Operación Nécora.

Avendaño llegó a reunirse con Fraga

Carmen Avendaño se reunió con todos, y uno de ellos fue Fraga. En su primera reunión, Fraga todavía estaba en la oposición y hay una historia que cuenta que Avendaño va con trece puntos que resumen la situación del narcotráfico en Galicia; Fraga escucha a Carmen con la mano apoyada en la frente y, cuando Avendaño termina, cuenta que Fraga levanta la mirada llorando y le dice: “¿Pero de verdad está pasando todo esto?. Esto refleja la importancia que Avendaño y las madres tuvieron para hacer reaccionar a los políticos.

¿Cómo reaccionaron las autoridades del Estado cuando descubrieron lo que sucedía en Galicia?

En Madrid fliparon. Yo las autoridades con las que hablé en Madrid, como el fiscal Antidroga, Javier Zaragoza, me dijeron que habían alucinado. Cuando les llegaron los permisos informes vieron que Galicia estuvo a punto de ser Sicilia. Había unos grupos criminales con presencia y contactos en las instituciones que estuvieron a punto de crear un contrapoder en Galicia, al estilo de la Mafia. Para Madrid fue increíble descubrir, además, que no podían contar con las autoridades gallegas. Una de las primeras órdenes que Garzón da para la Operación Nécora es ni una palabra a Galicia.

Llegó a hablarse incluso de epidemiaa la hora de referirse a la expansión de la droga entre los jóvenes, ¿es exagerado este término?

Epidemia como metáfora si lo comparas con los datos que había en el resto de España. Galicia estaba a la cabeza de todo el país en casos de VIH, sobredosis, adicciónCon esas estadísticas sí que se llegó a hablar de epidemia. Fueron miles los chavales que se quedaron por el camino hasta el punto de que se les pasó a denominar la generación perdida. Fue esa generación perdida la que hizo reaccionar a las madres.

El autor de 'Fariña' durante la entrevista celebrada en la librería Tipos Infames / Raquel Moraleja

El autor de ‘Fariña’ durante la entrevista celebrada en la librería Tipos Infames / Raquel Moraleja

¿Qué acabó con los grandes narcotraficantes en Galicia: la presión policial, la operación Nécora, su propia vanidad?

No se ha acabado con el narcotráfico, se acabó con la impunidad y con la ostentación. Se acabó con Sito Miñanco paseando en Ferrari por Cambados o llevando a sus jugadores -era presidente del club de fútbol de Cambados- en su yate. Se acabó con las palizas de “los Charlinesa quién les debían dinero. Se acabó con Marcial Dorado teniendo una piscina interior en su salón. Se acabó con eso que, cuesta creer, pero ocurrió en Galicia. Se higienizó el paisaje de las rías y eso lo consiguió la Operación Nécora. Esto obligó a los narcos a esconderse y actuar de manera más discreta, pero el narcotráfico sigue vivo en Galicia.

¿Cuál es la situación del narcotráfico en la Galicia actual?

La situación actual es la de una puerta de entrada más, de las muchas que hay, en Europa. Galicia llegó a ser casi un monopolio de la entrada de cocaína en Europa. Entre 2001 y 2003 se estima que entraron 50.000 kilos de cocaína por Galicia, que era más del 80% de la que entró en todo el continente. En estos momentos está todo más globalizado y Galicia ya no es una puerta de entrada única, es una alternativa. Quien dirige esa alternativa son unos diez o doce clanes que están especializados en el narco transporte de grandes cantidades con planeadoras. Cuando los cárteles colombianos lo solicitan sigue habiendo respuesta. Algunos son herederos de los clanes históricos, otros son empresarios que no se manchan las manos, otros son lancheros atraídos por el dinero, otros son armadores con deudas

Antes se miraba para otro lado con el narcotráfico y ahora se mira para otro lado con dinero del narcotráfico. En las rías hay muchísimos negocios que están montados con el dinero de los narcos: hoteles, cafeterías, restaurantesYo apenas conozco a nadie en Galicia que le preocupe esto. La gente va a los hoteles, va a las cafeterías y a los chiringuitos de playa y no se pregunta de dónde viene eso. Sigue habiendo, aunque mucho más descafeinada y tibia, una tolerancia en Galicia que es herencia de muchos años de convivencia con esto.

¿Se ha conseguido depurar a aquellos elementos de la Policía Nacional y la Guardia Civil vinculados a los clanes?

No tiene nada que ver con lo que fue, sobre todo en el caso de la Guardia Civil que era sangrante, pero sigue habiendo casos. Salió este año publicado que están pendientes de juicio un par de agentes que filtraban información a los clanes. Sigue habiendo ovejas negras pero no se puede comparar con lo que llegó a ser. Las autoridades en la lucha contra el narcotráfico son muy buenas, de las mejores de Europa, y tienen bastante controlados a los grupos en Galicia. Hay un agente que me dice en el libro que hace unos años los narcos preparaban las descargas celebrando mariscadas y bebiendo albariño y hoy se tiene que reunir debajo de un árbol en un monte después de dar cuarenta vueltas a la rotonda.

¿Cómo era el trabajo de los periodistas en este contexto?

Inmejorable. Los periodistas gallegos siempre han estado a la altura informando y cubriendo lo que estaba pasando y poniendo sus vidas en riesgo. La mayoría de periodistas veteranos que llevan desde el principio trabajando en esto fueron amenazados, se encontraron coronas de flores en su casa con su nombre y siguieron ahí. Ahora es menos mediático el narcotráfico, no tiene ese escenario tan brutal que tenía antes, y ya no hay atención ni periodistas especializados en ello.