“Que se joda el espectador medio”. Esta frase acuñada por el productor estadounidense David Simon, creador de The Wire y Treme, viene a resumir su forma de entender y hacer ficción televisiva. Pero también la de una cadena, HBO, que siempre ha presumido de elegir calidad antes que audiencia. “No es televisión, es HBO”, es el lema que ha acompañado a la cadena norteamericana durante los últimos 20 años. Y es que la compañía propiedad de Time Warner fue pionera, a finales de la década de los noventa, en apostar por una forma distinta de hacer televisión. Dando libertad creativa a sus guionistas y productores, apostando por historias de calidad y, sobre todo, dejando de preocuparse por el espectador medio. Todo ello para convertir sus series en obras de culto.

De la unión de Simon y la HBO han surgido ficciones que han conquistado de forma unánime a críticos y espectadores gracias a su facilidad para condensar los problemas y desafíos de la sociedad norteamericana en episodios de 50 minutos. Sucedió con The Wire, la obra que catapultó a David Simon a la fama, y que retrata, con precisión documental, la estrecha relación que existe entre la población negra y el tráfico de drogas en los suburbios de Baltimore. En Treme, el productor enfrenta a la población estadounidense con la magnitud del desastre del huracán Katrina. Mientras que en Generation Kill, miniserie basada en el libro del mismo nombre de Evan Wright, el creador descubre al gran público el día a día de una patrulla de la División de Marines durante la guerra de Irak.

Imagen de la serie "Show me a hero" creada por David Simon

Imagen de la serie “Show me a hero” creada por David Simon

Su último trabajo, la miniserie Show me a hero (que en España puede verse en Canal+ Series), cuenta la historia real de Nick Wasicsko, político demócrata elegido alcalde de Yonker, una ciudad próxima a Nueva York, y al que la misma corriente de descontento que le convirtió en el regidor más joven de una ciudad estadounidense de más de 150.000 habitantes, le convertiría más tarde en villano a los ojos de sus vecinos. Una historia, basada en el ensayo escrito en 1998 por Lisa Belkinen, ex periodista de The New York Times, con un marcado trasfondo racial. Y es que el protagonista, interpretado por Oscar Isaac, se ve obligado a ejecutar una sentencia federal que da luz verde a la construcción de viviendas sociales para negros e hispanos en una ciudad de mayoría blanca (alrededor del 80%), medida que pretende acabar con la segregación racial tan presente en las ciudades estadounidense durante los años 80.

De este modo, Show me a hero, cuyo título está inspirado en una cita de Francis Scott Fitzgerald , el autor de El gran Gatsby, ”muéstrame a un héroe y te escribiré una tragedia”, conecta con la realidad de muchas ciudades norteamericanas en la actualidad. Ciudades como Ferguson (San Luis) que en los últimos meses han sido testigo de un goteo incesante de casos de violencia policial contra ciudadanos negros y que han reabierto el debate sobre la discriminación y el racismo en el país.

Basta echar un vistazo a los primeros episodios de la serie para descubrir elementos familiares en las obras de Simon: tomas aéreas de la ciudad de Yonker que evocan los ya conocidos suburbios de Baltimore, el afán por desentrañar los intrincados juegos de poder de la política local y el interés por adentrarse y dar voz a todas las capas de la sociedad.

En esta ficción el conflicto racial americano explota en toda su complejidad y se lleva por delante la carrera de este prometedor alcalde demócrata. “¿Dónde está el lado divertido de ser alcalde?”, se pregunta un buen Óscar Isaac abrumado por su rápido ascenso al poder y su todavía más rápido descenso a los infiernos de la opinión pública.

La serie, estrenada hace unas semanas en EEUU, no ha tenido la acogida esperada. Apenas 443.000 espectadores decidieron ver HBO cuando comenzó la miniserie con un doble capítulo. Al parecer la expectación no era tanta y el espectador medio, una vez más, dio la espalda al genio de Simon.