Fotograma de la película 'Matar a un ruiseñor' dirigida por Robert Mulligan

Fotograma de la película ‘Matar a un ruiseñor’ dirigida por Robert Mulligan

Han pasado más de cincuenta años. Cinco décadas llorando a Tom Robinson. Cinco décadas deseando atisbar por las ventanas a Boo Radley. Cinco décadas imaginando en qué clase de mujer se convertiría Scout. Harper Lee ya no será esa escritora de una única gran obra. La autora de Matar a un ruiseñor guardaba un tesoro entre sus papeles: Go set a watchman (traducido al español como Ve y pon un centinela), escrito antes que su gran obra, pero que narra lo que sucedería muchos años después. Scout ha crecido, y su memoria es la memoria de la vergüenza de una nación.

Estamos en los 50. Jean Louise, nunca más Scout, una mujer de 26 años, vuelve en tren desde Nueva York a Maycomb para visitar a su padre, el abogado Atticus Finch, que ya ronda los 70. Se hizo famoso en el condado entero un par de décadas atrás por defender a un negro, Tom Robinson, acusado de violar a una chica blanca. Es un tren oscuro y silencioso, cargado de secretos que se confunden en la memoria. Ésta fue la obra original escrita por Nelle, el nombre cariñoso con el que familia y amigos se dirigían a Harper Lee. Atticus estaba claramente inspirado en su padre, un abogado que en 1919 llevó la defensa de dos hombres negros acusados de asesinato que acabaron en la horca. La inquieta Scout mira a través de los ojos de Lee, igual que el descabellado Dill es un trasunto de su amigo y escritor Truman Capote. Cuando se lo enseñó a Tay Hohoff, su editora -después de haber sido rechazada previamente por otras diez editoriales-, ésta le recomendó que reescribiera la novela precisamente en ese terrible momento del pasado, cuando una Scout niña crece entre aquellos que acusan a su padre de ser “un amante de los negros”. Lo hizo, y la editorial J. B. Lippincott publicó en 1960 To kill a mockingbird, una novela sobre el odio racial en las comunidades profundas del sur de Estados Unidos que inmediatamente se convirtió en un éxito de ventas. Ganó el Premio Pulitzer en 1961, en 1962 fue adaptada al cine con gran éxito por Robert Mulligan, lleva más de 40 millones de copias vendidas -siendo uno de los mayores long sellers de la historia de la literatura- y es lectura obligada en el currículo escolar de EEUU.

'Ve y pon un centinela', la nueva novela de Harper Lee

‘Ve y pon un centinela’, la nueva novela de Harper Lee

Pero aquella novela inicial, la de una Jean Louise adulta que se reencuentra con su padre en un Maycomb que ya no reconoce por lo mucho que ha cambiado, jamás llegó a desaparecer. De fondo, la lucha por los derechos civiles y los disturbios políticos de los años 50. Harper Lee dio forma a una nueva, pero los retazos de la idea original los conservó y trabajó durante décadas. Ayer 14 de julio el secreto se desvelaba en Estados Unidos. El puesto número 1 en preventas de Amazon por fin llegó a las librerías, y el ruiseñor, aquel al que no se puede matar pues un pecado tan grande no debiera existir, ha vuelto a cantar. “La isla de cada ser humano, Jean Louise, el centinela de cada uno, es su conciencia” le dice un viejo Atticus, aún en pie pese a los recuerdos. Y recuerda Scout como ella y su hermano Jem, por un momento, no entendieron por qué su padre decidió enfrentarse a su comunidad, y por extensión, al mundo entero, tan sólo por defender a aquel negro que nada les importaba. Pero ahora, un par de décadas más tarde en su mundo, más de cinco en el nuestro, Jean Louise -pero siempre Scout- entiende por qué su padre les decía que, si no defendía a Tom Robinson, no podría seguir viviendo consigo mismo.

El debut editorial de Harper Lee fue uno de los mayores acontecimientos literarios de los años 60. Truman Capote, al que acompañó a Holcomb a escribir su gran non fiction novel sobre los asesinatos de la familia Clutter, no soportó que Matar a un ruiseñor se alzara con el Pulitzer que A sangre fría nunca logró. La niña con la que creció en Monroville, Alabama, y compartió pretensiones literarias, de enorme ego y talento el uno, de enorme templanza y talento la otra, acababa de vender su novela a una editorial cuando acompañó a Capote al viaje más importante de su vida. Lo cierto es que, probablemente, la gran novela de Capote, la que inventó un nuevo género de periodismo literario, no habría existido sin Harper, que más sencilla, más cercana, se ganó la confianza de los vecinos y profesionales de aquel pequeño pueblo de la Kansas de 1959 que miraba con ojos recelosos a aquel hombre extravagante y cosmopolita. Y, sin embargo, el único agradecimiento le llegó en una escueta dedicatoria compartida con el compañero sentimental de Capote. Aquello a Harper le sentó realmente mal, y aquella amistad de dos niños unidos por un ansia común, la de ser más grandes y trascender las fronteras de su pequeño mundo a través de las letras, se fue enfriando hasta romperse.

'Matar a un ruiseñor', el bestseller que consagró a la escritora de Monroville

‘Matar a un ruiseñor’, el bestseller que consagró a la escritora de Monroville

La historia que envuelve las 293 páginas hasta ahora ocultas de Ve y pon un centinela -que además supone el desembarco editorial del gigante HarperCollins en España- continúa siendo un  misterio. Harper Lee hace mucho que está retirada de la vida pública. Tiene 88 años y vive en una residencia de ancianos de su Monroville natal. En 2007 sufrió un ictus que mermó sus capacidades y dicen que el agente literario Samuel Pinkus aprovechó para hacerle firmar un nuevo contrato del que Lee apenas tuvo conciencia.  Era conocido su deseo de querer pasar a la posteridad únicamente por Matar a un ruiseñor. Sobre Go set a watchman, unos dicen que fue hallado entre sus pertenencias en septiembre de 2014. Otros que se vio el manuscrito en una subasta de 2011. Lo cierto es que se anunció su descubrimiento tan solo un par de meses después de que muriera Alice Lee, hermana de la escritora y su abogada. Pero una joya literaria de tal calibre que permita salvar al sector editorial las cifras del verano, incluso del año entero, no se podía dejar pasar. ¿Por qué fue echada para atrás en 1959? Lee era una mujer blanca de 30 años con las ideas muy claras acerca de la segregación racial, de la culpa que habitaba en todos y cada uno de sus compatriotas, todo ello en la voz de una Jean Louise increíblemente combativa y con una idea sobre la mujer demasiado moderna para la sociedad de los 60. Quizá sea el momento de descubrir a la Lee original, a la más brava, a la que quería alzar su voz sobre todo el panorama literario estadounidense. Entrar haciendo estallar la puerta. Y, de entre los pedazos, aquellas voces que no debieron ser calladas, como el canto tenue de un ruiseñor.