el-sueño-eterno

Humphrey Bogart y Lauren Bacall, protagonistas de El sueño eterno.

“Ninguno de los dos ocupantes de la habitación repararon en mi manera de entrar, aunque sólo uno estaba muerto”

La Gran Depresión llegó y asoló durante dos décadas los jóvenes Estados Unidos de América. El crack del 29 inundó de pobreza un territorio acostumbrado a ganar en todo. Uno de los afectados fue Raymond Chandler, quien vio que su habilidad para escribir quizás sería lo más indicado en eso de ganarse la vida. Los dólares eran necesarios, había que comer. Después de haber participado en la Primera Guerra Mundial, Chandler había conseguido trabajo en la banca, llegando incluso a grandes puestos. Pero el alcohol no perdona y la crisis tampoco. Sin nada mejor que hacer, utilizó su talento para escribir historietas de detectives que se vendían por las calles –de manera parecida a los Penny Dreadfuls-. Mientras tanto empezaba a escribir algo más elaborado por su cuenta. No sería hasta 1939 cuando Chandler consigue publicar su primera obra, El sueño eterno. A sus 51 años creaba a Philip Marlowe, el detective privado más popular del mundo desde Sherlock Holmes.

El sueño eterno no goza de la fama literaria de alguna de sus sucesoras como Adiós, muñeca o El largo adiós, donde Raymond Chandler tiró de experiencia a la hora de crear los espacios en los que el detective Marlowe se dedicaría a resolver casos, lanzar frases lapidarias, seducir a mujeres y, por supuesto, beber tragos. Pero sí nos permite contemplar la primera piedra que elevaría el estatus de la novela noir. Contratado por un viejo general que apenas vive para cubrir los errores de sus bellas y alocadas hijas, Marlowe se ve envuelto en un hilo de mentiras con altas dosis de investigación así como algún que otro tiroteo. La ciudad de los Ángeles, sus colinas y sus tormentas forman parte de la historia como un personaje más.

Philip Marlowe es ante todo el prototipo de detective que sería imitado desde que se publicase El sueño eterno. No significa esto que fuera el original, simplemente fue el que más éxito tuvo y por ello se ganó la patente. Chandler diseñó a un galán de la época, un traje perfecto para ser utilizado por los grandes nombres de Hollywood y las estrellas del momento. Sin embargo, para el propio autor, el hombre ideal para encarnar a Marlowe era Cary Grant. El guión nunca se llegó a cumplir. Lejos de su físico, el pesimismo marca la esencia del detective, quien presenta una aparente desgana ante todo lo que pasa a su alrededor para luego ser quien resuelve todos los problemas. Alguien tenía que hacerlo y a Philip Marlowe se le daba bien. Su irónico sentido del humor permitió que los diálogos entre el detective y los demás personajes fueran partidas de ajedrez esperando a ver quién tumba la reina.

thumb_book-el-sueno-eterno.330x330_q95Tan sólo pasarían siete años desde su publicación cuando en 1946 se estrenó la película, manteniendo su mismo nombre, El sueño eterno. Sería un primer y sólido acercamiento de Chandler a Hollywood, donde tuvo trabajo extra como guionista así como para adaptar sus obras a la gran pantalla. Humphrey Bogart fue elegido como Marlowe y sus figuras siempre fueron de la mano, al fin y al cabo, se le considera la estrella más importante del siglo XX. Su elección tuvo un pequeño cambio de guión obligatorio. En una de las escenas más icónicas del libro, Carmen, una de las hijas del viejo general, le espeta al detective lo alto que es: “Ha sido sin querer”, sentencia Marlowe. Pero Humphrey Bogart no llegaba al metro y 75 centímetros, la respuesta de los guionistas no pudo ser más acorde al personaje. Mismos protagonistas pero diferente diálogo. Carmen se fija en la poca estatura de Marlowe, él contesta: “Hice todo lo que pude”.

La película conservó los rasgos más importantes del libro, cambiando entre otras cosas el interés amoroso de Marlowe. La actriz que compartió el protagonismo fue Lauren Bacall, cuarta esposa de Humphrey Bogart y su acompañante hasta morir años más tarde de un cáncer de esófago. Se habían conocido dos años antes, en Tener o no tener. La película fue un éxito y sería la primera adaptación cinematográfica de Marlowe, que llegaron a nueve, incluida una nueva versión de El sueño eterno en 1978.

Raymond Chandler continúo con su gran personaje durante siete novelas más, aunque la última, Crimen perfecto, fue terminada por Robert B. Parker, amigo y pupilo de Chandler, tras la defunción del escritor en 1959. También participó como guionista en diferentes películas, incluyendo la famosa Extraños en un tren.  El alcoholismo había estado aún más presente en los últimos años de vida de Chandler, quien deprimido por la muerte de su esposa trató en varias ocasiones de suicidarse. En su legado queda no poder separar su apellido de la novela negra, ni el nombre de Philip Marlowe del estereotipo detectivesco.