Eliot Higgins

Eliot Higgins

El británico Eliot Higgins no pensó nunca que llegaría a ser uno de los mayores expertos en la guerra de Siria cuando decidió abrir su blog. Por eso le puso el nombre ficticio que siempre le había acompañado, Brown Moses. Era un nombre de una canción de Frank Zappa que en poco tiempo se convertiría en el nick del mayor analista de armas de la guerra siria sin formación en la materia. Todo fue culpa de su incansable curiosidad, su control de las redes sociales y la pérdida de su empleo. Sin una carrera profesional como periodista ni como investigador optó por pararse, en la vorágine de la guerra, a analizar las armas.

Administrativo, desempleado desde que le echaron de la ONG donde trabajaba en 2011, con esposa de origen turco y una hija, no sabía ni sabe árabe y nunca había estado en Siria. Ante este panorama es difícil imaginar que Higgins, sentado en su casa de los suburbios de Leicester (Reino Unido), se pueda haber convertido en un periodista de investigación que ha llegado a probar con información contrastada la ayuda armamentística de Arabia Saudí a los rebeldes sirios. Pero sí, así lo ha hecho.

Horas de visionado de vídeos en Youtube, búsquedas incansables en Twitter y Facebook, un control exhaustivo del funcionamiento de internet y de todo tipo de foros y un afán por informarse de lo que ocurría en Siria en cada momento, fueron sus mejores aliados para convertir a Brown Moses en una de las fuentes más fiables para la prensa occidental. Muchos vieron su potencial y lo convirtieron en columnista o analista, otros optaron por no hacerle caso y acabaron siguiéndolo igual que el resto. Pero en ningún momento él dejó de hacer lo que le había llevado allí, analizar y contrastar los millones y millones de datos que llegaban a través de las redes sociales desde Siria. Un torrente de información que en pleno proceso de transformación de los medios de comunicación muy pocos se paraban a analizar.

Con el tiempo se convirtió en un contrastado periodista de investigación y entre las medallas de su pecho se encuentra el haber sido el primero en conseguir demostrar que los rebeldes usaban armas croatas que provenían de las reservas de la guerra de los Balcanes, que habían adquirido los saudíes con dinero norteamericano, o el primero en mostrar pruebas de que Al Assad usaba barriles bomba, prohibidos por los tratados de la ONU, para atacar a la población civil y a los rebeldes. El bloguero que se paraba a analizar las armas en la locura de los vídeos del conflicto sirio se había convertido en un periodista de exclusivas que nadie más había estado cerca de conseguir o, al menos, no de esta manera. Incluso fue el primero en averiguar, gracias a Google Maps y otras herramientas parecidas, el lugar exacto donde habían asesinado a James Foley.

La difícil situación para la entrada de periodistas en Siria, la inestabilidad de los grupos inmersos en la guerra civil y la poca transparencia de lo que ocurre sobre el terreno han sido un caldo de cultivo perfecto para que hombres como Higgins germinen gracias a su incansable búsqueda por la Red. Hombres que ponían sobre la mesa las historias sacadas con colador de la infesta cantidad de información y datos que salía del manantial sirio.

Higgins, por ejemplo, al no saber árabe ni poder encontrar demasiada información en inglés sobre lo que ocurría en Siria, optó por dedicarse a lo audiovisual. Empezó siguiendo una lista con 15 canales de Youtbe y ahora maneja unos 700. Ve, al día, más de 300 vídeos sacados del país por los ciudadanos locales, rebeldes, o soldados de Al Assad y se dedica a analizar con minuciosidad cada clip de las precarias grabaciones. Ante las publicaciones de estos materiales sin ningún tipo de control o análisis él se dedicó, gracias a su coyuntura personal, a un seguimiento de la guerra instante por instante, detallista, sin ningún tipo de prisa. De ahí las exclusivas.

BELLINGCAT

Aunque Higgins ha podido poner en entredicho el trabajo de unos cuantos periodistas y suplantar el de otros, él siempre ha dejado claro que su idea no es la de acabar con el trabajo de los medios sino darle un plus a los investigadores para poder afinar en su trabajo. Para eso en 2014, tras su éxito contrastado con informaciones que han llegado a la primera plana de medios como The New York Times, creó Bellingcat. Un proyecto financiado por crowfunding con el que tanto él como sus colegas quieren fomentar el periodismo ciudadano y las denuncias sociales. Una plataforma de periodismo de código abierto para ayudar a que nada quede impune.

Bellingcat

Bellingcat

Aunque aún está periodo de desarrollo, gracias a este proyecto Higgins ha seguido analizando armas y ha podido corroborar con pruebas la presencia de armamento pesado ruso en territorio ucraniano. Con la misma metodología que usó para descubrir lo que ocurría en Siria, empieza a trabajar en otros conflictos de todo el mundo. Según aseguró en una entrevista al Columbia Journalism Review: “Quiero que la idea misma de la información de código abierto atemorice a la clase de personas que tienen algo que ocultar, porque sabrán que hay una red de personas preparadas para usarla y exponer lo que están tratando de mantener oculto”. Para eso a veces solo basta detenerse en la vorágine y analizar las armas.