Las grandes preguntas del ser humano son grandes porque jamás han encontrado respuesta, ni en las ciencias ni en las humanidades, ni en los siglos oscuros, ni en los de la luz. Seguimos preguntándonos ¿quiénes somos?, y puede que haya llegado el momento de asumir que no hay una única respuesta. Porque el individuo no es un ser único, sino que está construido a base de retazos. Somos memoria individual y colectiva. Cambiamos a cada paso que damos. La mirada del otro nos define. En torno a todas estas ideas reflexiona El Barco de Teseo, la exposición colectiva comisariada por Nerea Ubieto en la Sala Amadís (C/ José Ortega y Gasset, 71, Madrid). Ha sido uno de los cuarenta proyectos beneficiados con las Ayudas a la Creación Joven Injuve, y que reaviva la sala pública después de su reapertura en el pasado otoño con el programa #RESET.

La muestra reúne a 15 artistas contemporáneos españoles de las más variadas disciplinas. “El proceso de selección fue bastante largo y laborioso. Me interesaba dar una visión lo más amplia posible sobre la construcción actual del sujeto identitario, planteada desde diferentes perspectivas” explica Ubieto. “El criterio principal era la calidad de las obras y que se adaptasen sin peros al discurso. También tuve en cuenta la heterogeneidad de los formatos y que fueran piezas atractivas en todos los sentidos”. Así se articuló un discurso acerca de lo caleidoscópico de nuestra existencia arrancando con la obra ‘Ahora’ de Olalla Gómez, una serie de 66 lápices donde cada uno borra el mensaje del anterior, de tal modo que al final sólo nos queda el presente; y se cierra con un fotomontaje de la misma artista que, a base muebles abandonados, construye un nuevo hogar para nuestro yo difuso.

Shadows hands a bird, de Juan Zamora

Shadows hands a bird, de Juan Zamora

 

Se toma el mito de Teseo, rey de Atenas, como punto de partida de la reflexión. El joven formó parte de uno de los envíos de chicos y chicas como ofrenda al rey Minos de Creta: un sacrificio de sangre joven y hermosa para el Minotauro. Teseo salió victorioso y liberó a la ciudad, y el barco en el que viajó y regresó fue conservado durante siglos por el pueblo griego. El paso del tiempo y posteriores usos fueron deteriorando la nave, cuya madera fue repuesta una y otra vez. Al final, ¿qué parte quedaba del barco original de Teseo? ¿Cómo podemos definirnos a nosotros mismos si estamos sujetos a un continuo cambio, y es precisamente este cambio el que nos define? Una de las partes más importantes de la exposición es como ese cambio viene producido por la imagen de nosotros mismos que tienen aquellos que nos rodean. “Nos percibimos a través de fragmentos y una gran parte de ellos vienen dados por la mirada del otro. Hay un grupo de obras que reflexionan en torno a la idea de máscara o sombra, ese doble de nosotros mismos que se crea para satisfacer las expectativas de la sociedad en la que nos encontramos” señala la comisaria.

Autorretrato, de Javier Chozas

Autorretrato, de Javier Chozas

 

La muestra se ha dividido en tres perspectivas vinculadas a la paradoja de Teseo: la primera, Piezas de un mismo barco, alude directamente a las capas por las que está compuesto el sujeto y su densidad semiótica; la segunda, El barco original, hace referencia a la tendencia del ser humano a generar una imagen subsidiaria de sí mismo para encajar dentro de los modelos establecidos por la sociedad; y finalmente, Construyendo un nuevo barco, es una reflexión sobre la necesidad actual de reinventar y actualizar nuestra identidad constantemente. Nada más empezar, en un rincón oscuro, el rostro de una chica se construye a través de capas superpuestas que, a la vez la completan, la dividen, todo dependiendo desde dónde mires. Es la obra Los múltiples de María Platero. Prendas de vestir, sábanas, discos, dispositivos electrónicos… un collage escultórico con forma de capa, Sobretodo, de María Revuelta, nos muestra cómo somos todo aquello que una vez poseímos y usamos. “El mito del doble nos inquieta porque de pronto, al definir nuestra identidad, empieza a abrirse paso la idea de que no somos lo que nos gustaría ser o lo que creemos ser”; ésta es la reflexión de Shadows hands (a bird), la pequeña instalación de Juan Zamora sobre el desdoblamiento identitario. Y así siguen más de una decena de interesantísimas creaciones.

Olalla Gómez con su obra Segundo ciclo

Olalla Gómez con su obra Segundo ciclo

 

Entre todo este caos de identidad individual, le preguntamos a Ubieto qué papel desempeñan las redes sociales como Facebook o Instagram en la construcción de la identidad del individuo contemporáneo, que a menudo parece vivir más a través de una pantalla que en la vida real. “Juegan un papel importantísimo, hoy en día construimos nuestra imagen y el personaje que queremos ser de cara a los demás a través de las redes sociales. Ya no disfrutamos del tiempo de una manera experiencial y esto afecta a nuestra persona. La obra de Javier Chozas, Autorretrato, reflexiona de una manera muy lúcida sobre este tema”. Con las redes sociales podemos “subsanar o corregir todas aquellas deficiencias cotidianas que nos abruman y contra las que es difícil luchar en el mundo físico”. La obra consiste en una aplicación que analiza en tiempo real las apariciones de las palabras yo, mi, mío y conmigo en una cuenta de Twitter. Cada vez que la aplicación detecta un tuit que contenga una de estas palabras, convierte el mensaje mediante un algoritmo en un rectángulo blanco, gris o negro.