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Carlos Salem, en su casa, enseña su nueva novela, ‘En el cielo no hay cerveza’ / Ana Caaveiro.

Muchos consideran al poético, periodístico y novelístico pirata de pañuelo negro anudado en la cabeza el Bukowski de Malasaña. Pero él mismo se define como un “pésimo partido”. Tiene esa mirada de quien retrata hasta lo más profundo de la identidad humana. De quien conoce las pasiones delirantes de la canalla noche madrileña y las retrata a través de personajes malditos que, a veces, dejan saborear cierta amarga victoria. Su nombre es Carlos Salem (Buenos Aires, 1959), un prolífico escritor de cuya pluma salen novelas negras -Matar y guardar la ropa-, libros de poesía –Follamantes- y obras de teatro –El torturador arrepentido-.  Recibe a El Acróbata en su céntrico piso próximo la plaza donde sirven el mejor “relaxing cup of café con leche” del mundo. Con ese acento “argeñol” -medio argentino, medio español- invita a entrar al pequeño refugio, estudio del genio. Los libros se acumulan en una pequeña estantería y sobre las paredes cuelgan, desde un premio de la Semana Negra de Gijón hasta un pequeño retrato del artista, blanco y negro, con la cabeza gacha, su eterno pañuelo negro y una pequeña ancla sobre el pecho. En la mesa está su nuevo libro, En el cielo no hay cerveza, y, como en cualquier novela de Salem, comienzan a sonar los boleros y el olor a bourbon impregna el ambiente.

¿Por qué “En el cielo no hay cerveza”?

Siempre tengo uno o más títulos. El título inicial que tenía era “El hijo pequeño de Dios”.  Así se publicó en Francia en febrero y cuando fuimos a hacerlo aquí mi editor de Navona me dijo: “Me encanta el libro pero el título no me termina de convencer.” Y como el segundo título que tenía era “En el cielo no hay cerveza”, me dijo que le gustaba mucho más y acepté dejarlo así. Soy bastante razonable cuando me proponen un cambio, aunque ya me ha pasado, no con ésta, que me digan que hay que quitarle diez años a la protagonista porque dice la gente de márketing… La gente de márketing no sabe leer.  Si un editor me lo dice por el sentido de la obra, ya es otra cosa.

La defines como una novela de cerveza-ficción.

El relato de cerveza-ficción existía antes que esta novela, es una especie de juego que me inventé. Como todo se mide con etiquetas, yo me creé ésta para un libro de relatos que saqué-“Yo lloré con Terminator 2”-. Aunque era  un cuento en sí, mucha gente se lo tomó en serio. Antes que esta novela, hubo otra, “El huevo izquierdo del talento”, que ya contaba con el mismo protagonista que aparece aquí, con el Poe, y el año que viene saldrá otra que cerrará la trilogía de este personaje, una trilogía de cerveza-ficción. Hasta hubo un premio internacional de relatos de “cerveza-ficción” que patrocinó una marca de cerveza y yo fui parte del jurado. Fue un poco el juego y otro poco la realidad.

¿Por qué esta novela?

Pretendía matar a los periodistas del corazón. He sido periodista toda mi vida y les odio. Esta generación de jóvenes ha crecido pareciéndole natural que llegue una señora y diga que se ha tirado a un torero,  que se pelee con otras… Y ¿sabes qué? Está todo guionizado. Me parece ridículo que un garrulo esté cobrando un dineral por encerrarse en una casa y contar… ¿Qué va a contar si no tiene nada que decir? ¡Si es un garrulo!  Antes los niños querían ser astronautas, ahora quieren ser tronistas y la culpa de esto la tienen los periodistas. Muchos de ellos con título y carrera, en nombre de la libertad de expresión, mienten, crean montajes…

Has afirmado que “la prensa del corazón ha hecho más daño a este país que la corrupción política”. ¿Tiene menos perdón el mundo del corazón que un escándalo de corrupción como el que engloba a Bárcenas?

El problema es que la corrupción está tipificada como un delito y lo que hacen los programas del corazón no. No hace mucho, en Ginebra, cuando presentaba la versión francesa de este libro, explicaba que en España hubo una muchacha que se acostó con un torero. Saltó una mujer: “¡La Pantoja!” Y le contesté: “No. La Pantoja por lo menos canta y ahora está en la cárcel. Ya me dará para otra novela”. De la que hablo es otra que no hace nada y que lleva quince años en la tele. Hace un libro, que no escribirá ella, y arrasa en ventas… Se ha convertido en la cara de un éxito que no se basa ni en el estudio, ni en la superación, ni en ningún valor… Se basa en lo cutre. La gente quiere ser famosa porque sí. Y quien administra eso son estos supuestos periodistas, que son los más cabrones de todos porque son los conscientes: sin ellos, no se podría hacer este tipo de basura. Por eso  también quería hablar de lo que está dispuesta a hacer la gente para conseguir fama.

Diosito, protagonista de la “cerveza-ficción”, es el hermanastro de Jesús que viene a la Tierra dispuesto a ser más famoso que él… Y, pese a todos sus milagros, no asombra a nadie…

Era otro tema que me rondaba: la capacidad de asombro que hemos perdido, que hoy es igual a nada. Si ahora mismo Jesucristo resucitara y bajara a la tierra, no se comería una rosca. Hemos visto ya tantas cosas. ¿Qué multiplicaría: panes y peces? Me imaginé lo mal que lo pasaría un mesías bajando aquí  y lo hice como un treintañero típico europeo: gordito, medio calvo, friki, con una vida sexual muy pobre, con todo a medias… El ni-ni del que los medios tanto se permitieron hablar y que España ha creado.

¿Por qué elegiste a Diosito? Sobran personajes que busquen la fama a toda costa…

Se unieron dos necesidades: hablar de la basura de la prensa del corazón y esa falta de fe en cualquier cosa. ¿Qué mejor que traer un imitador de Jesucristo baje a la Tierra y nadie le crea? Haga lo que haga, cualquiera lo puede hacer con su Iphone. El nombre de Diosito lo cogí porque un día entré en una iglesia evangelista que había en Atocha y escuché a un pastor evangelista hablando a sus seguidores: “Porque Diosito perdona todo… Porque Diosito…”. Y de ahí salió una broma personal, que me haría durante años: “Porque Diosito no te lo va a perdonar”. Cuando empecé a crear esta novela lo puse: Diosito era el hijo de Dios. A veces las bromas se vuelven serias.

Has matado de manera cruel a varios periodistas del corazón españoles. ¿Quién disfrutó más la idea: el Carlos periodista, el novelista o el poeta?

El periodista. Me preguntaron en otra entrevista si iría a algún programa del corazón a defender mi novela y dije que ni loco, que ni por todo el oro del mundo -que no lo tengo, así que no me sobra-. Cuando se apagaron los micros, el periodista se acercó y me lo propuso seriamente, que él tenía contactos, que la promoción… Y yo le dije: “Que no. Que yo los quiero matar.”

Si en vez de periodistas del corazón fuesen políticos, ¿cuál debería tener más miedo?

No mataría a ninguno. Sólo a un dictador.

carlos salem cerca

¿A qué se debe la existencia de los programas del corazón?

Hay un refrán que pregunta si la culpa la tiene el cerdo o el que le da de comer. Tengo muy claro que la tiene el que le da de comer. Si a ti desde pequeño te educan para que seas un cerdo, te comportarás como un cerdo.

La televisión es el medio de educación más potente. Teniéndola no debería existir el analfabetismo en el mundo. Sin embargo,  los programas culturales son a las cuatro de la mañana y no hay ya programas de libros… En Francia están en prime time. El estado le está dando un arma con gran poder a las empresas y no les exige ninguna responsabilidad civil con la sociedad: les besa el culo.

Esta novela salió antes en Francia que en España. En alguna entrevista has comentado que aquí “no habías encontrado a ningún editor valiente capaz de sacar algo tan simple como es una novela negra con bastante ironía”. ¿Crees que esto se debe a las raíces católicas españolas? ¿Consideras que la Iglesia sigue teniendo cierta influencia?

Un poco es eso y otro poco el catetismo. En España hay excelentes editores, lo que pasa es que lo de las exigencias es otra ley del gallinero. Un editor de una gran editorial si tiene un empleado y no triunfa, le echa. Está obligado a tener pelotazos, y de cada diez pelotazos, le sale uno.

¿Por qué sientes esa predilección por la novela negra?

Esta novela es un homenaje a “El largo adiós” de Raymond Chandler. A mí me gusta mucho este género. La novela negra es la que te permite contar lo que el sistema hace con la gente y tiene una ventaja interesante: siempre hay un enigma que te ayuda a llegar. Mis novelas negras son atípicas: me he negado a tener un policía. Cuando encuentre un policía que me seduzca, lo incluiré.

Tus seguidores pueden apreciar que tus personajes secundarios, como el detective Arregui, salen en varias de tus novelas. ¿A qué se debe ese amor por ellos?


Si quiero un detective ya tengo Arregui: sé cómo es, sé cómo respira…  A Soldati también le tengo mucho cariño.

Soldati es otro de esos secundarios tuyos, es el canalla y seductor argentino, ¿cuánto tiene de autobiográfico?

Es más alter ego mío Poe. Cuando me lo inventé, era lo que detestaba del argentino: el caradurismo, la inconsistencia, pero al mismo tiempo, había nobleza de cierta alma de tango que me parecía interesante. Era el argentino que no había querido ser nunca, pero que, al final, eres un poco.

Le sueles dar un papel importante a las mujeres…

Generalmente me dicen lo contrario. No creo en las cuotas ni en la corrección política. Mi función como novelista es escribir lo mejor que pueda las historias que quiera contar, nada más. A veces tienen un papel catalizador de las debilidades y fortalezas del hombre,  representan la ausencia… La mujer es muy importante, pero se suele medir por el espacio que ocupe.

Carlos Salem tiene “pánico a la página en blanco”. Sabe cómo empieza y termina cada novela. Para el resto, ¿cómo llega la inspiración? ¿Es gracias al huevo izquierdo del talento [título de su blog personal]? ¿O viene servido en gotas de bourbon?


Con matiz. Tengo miedo de escribir automático, que un día me quede sin historias que contar. Por eso ahora mismo puedo tener diez historias abiertas, pero sentarme y terminar una. Nunca bebo cuando escribo, pero ahora que he dejado de fumar, me está costando…Al no tener cigarro, me ponía nervioso.

¿Eres muy exigente contigo mismo?

Sí, mucho. Considero que hay que escribir bien, que se confunde con redactar. Redactar lo hace cualquiera. Parece que acumular adjetivos ya es escribir bien.

El sexo es muy importante en tus novelas…

Está demostrado que un adulto medio piensa, consciente o inconscientemente, en sexo unas doscientas veces al día. Siempre digo en broma que pienso quinientas. Tiene mucho que ver con si la historia lo pide. Si es así, lo hay, si no, no lo hay. Estoy en contra de que el sexo sea una cuota en la novela.

¿Qué opinas del éxito de novelas eróticas como “Cincuenta sombras de Grey”? Olvido Hormigos, una de las tertulianas del mundo del corazón, ha publicado su primera novela a la estela de Grey.

Las grandes editoriales están buscando vender la basura que sea, es como la prensa del corazón. La novela erótica estuvo muy cultivada en España y desapareció. Antes había un premio de literatura erótica muy importante: “Sonrisa vertical”. El presidente era Luis García Berlanga, director de cine, y, sin embargo, desapareció porque no mandaban obras de calidad y no se vendían.

No hace mucho salió que el segundo libro más vendido en digital en Estados Unidos era una novela erótica casi pornográfica. Claro, nadie sabe lo que tú lo lees en el e-book. Me quedé con este dato y, dos o tres años después, salió la trilogía de “Cincuentas sombras de Grey”. Hay mucha gente mal follada, si no, no entiendo este éxito. Este libro es porno para amas de casa americanas. Una muchacha para ser feliz en la vida firma un contrato con un señor, según el cual, va a hacer todo lo que él diga. Eso es un matrimonio de la época franquista. ¿Tanto ha avanzado la mujer para retroceder?

Como poeta, se te ha podido escuchar que los poemas que más venden “son los de follar”. ¿Sobra sexo y falta amor?

El concepto de “follamar”, que salió en mi libro “Follamantes”, es interesante porque, en el fondo, es lo que todos queremos. Dice Woody Allen que el sexo, para ser bueno, tiene que ser sucio. Y ya si es bueno, sucio y con amor es la hostia. Eso siempre se ha querido, pero ahora se dice con más sinceridad. Al varón español todavía le da mucho pudor  hablar con sinceridad de sus sentimientos, pero lo está haciendo.

¿Se puede vivir de la poesía?

Escandar (Algeet) y yo tenemos un pacto de decir una bordería cuando nos preguntan eso: si con lo bien que follamos no vivimos de follar, no vamos a vivir de la poesía. Te da risa. De cualquier arte se puede vivir. Los poetas tenemos una desventaja con los cantautores, la mayoría amigos nuestros, y es que se están poniendo a escribir libros. Yo ahora estoy haciendo un disco con un amigo con tal de llevar la contra.

¿Se puede hablar de una nueva generación poética?

Una generación no se define por la edad, sino por tener algo que decir. Mucha gente está escribiendo poesía y publicándola. Muchos van a leer a los bares. Aquí las jam sessions, que van a cumplir diez años, las inventé yo cuando abrí el Bukowski Club. A veces veo que la gente que va lleva una poesía efectista, que ha estudiado para ser actor. La poesía si no aguanta en el papel, no aguanta. Ése es el secreto de la poesía.

Otro fenómeno es la “escandarización”. Hay mogollón de gente que imita a Escandar Algeet, gran amigo mío. La poesía es más que buscar formas de contar una cosa o un juego de palabras, es un “necesito hacer esto”.

¿Falta originalidad y creatividad?

No sé si falta, pero no estaría de más que hubiera más. Falta arriesgarse, falta lectura de poesía. La gente tiene miedo de que si lee mucho, se vaya a contagiar. Pues claro: se va a contagiar.

¿Qué lee Carlos Salem?

Leo de todo. Soy un amante de la novela. También he leído y leo mucha poesía.

¿Cuáles son tus próximos proyectos? Te estrenas en la novela gráfica…

Saldrá un adelanto de la adaptación gráfica de “El huevo izquierdo del talento” en una revista. En Francia, en enero del 2016, sacaré el primer cómic con mis historias ilustradas por una dibujante francesa. También hay en marcha un libro-disco con Adrià Navarro, un cantautor catalán, su título provisional es Tu novio vintage.

Además, tengo una novela en mente que no es una novela negra -que me trae loco-, y tengo por la mitad otra novela negra mucho más dura que ésta porque me apetece.