Elvira Sastre

Elvira Sastre

Es segoviana, universitaria y madrileña de adopción. Se la puede ver mucho por los locales de poesía y aunque no la conozcas es muy posible que hayas leído algunos de sus versos en cualquier red social o en los muros de tu ciudad. Elvira Sastre es una de esas poetisas que se han batido el cobre en la jungla de Internet demostrando paso a paso que la poesía está más viva que nunca. Jamás le han conseguido convencer de lo contrario.

Ahora cuenta con una gran legión de fans incondicionales que llenan los locales cuando ella recita, sola o junto a su inseparable compañera Adriana Moragues. Solo tiene 22 años pero ya es una voz consagrada en el nuevo mundo de la poesía. Ha escrito dos poemarios que han copado los primeros puestos de los libros más leídos y ya prepara su primera novela. El Acróbata la entrevista en uno de sus pequeños descansos, uno de esos que asegura que necesita porque “se agobia facilmente”.

¿Cómo es para una joven poetisa y filóloga inglesa de 22 años haber escrito dos poemarios, tener más de 33 mil seguidores en Twitter, casi 20 mil en Instagram y llenar locales por todas las ciudades que pasa?

Asombroso, es algo a lo que no me acostumbro, ni quiero. De todos modos, los números y los aforos completos es algo secundario a la hora de escribir. Agradezco muchísimo que me lean tanto y tantos; este equipo que hemos creado entre todos en las redes es una maravilla porque facilita la difusión y no pone barreras. Es una suerte para la cultura en general, ya que la dificultad e inversión económica que supone que un libro llegue, por ejemplo, a América Latina, es brutal. De este modo, los poemas o las frases llegan de inmediato.

En mi caso en particular, es una responsabilidad y a la vez un abrazo cálido, una mano en la espalda que te sostiene cuando compartes lo que tienes dentro. Una suerte.

Mucho antes de conseguir publicar un libro ya eras bastante conocida en Internet y en las redes sociales, y pisabas muchos locales de poesía ¿Cómo llegó la oportunidad de publicar?

Poco a poco, y gracias a las redes sociales, fui llegando a más personas y, finalmente, uno de ellos me escribió proponiéndome la publicación de mi primer poemario, Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo.

¿Es diferente escribir un libro a publicar poemas en Internet? ¿Ha cambiado tu poesía tras publicar  43 formas de soltarse el pelo y Baluarte?

Sí, es totalmente diferente. Los poemas que publico en el blog son gritos, instantes, no pasan filtros más allá de mi cabeza, no hay selección fuera de mi propia crítica y elección en el momento. En el libro cuido más los poemas, dejo que maceren, que se elijan ellos solos, que guarden cierta calidad más allá de la instantaneidad cibernética. Al fin y al cabo, lo estás ofreciendo al lector y a tu futuro, y merece el máximo respeto.

Respecto al cambio, sí, creo que he experimentado una evolución hacia una poesía más concreta y directa, de mejor calidad y gusto, al menos para mí.

¿Qué poetas, clásicos y actuales, son tu referencia?

Mis poetas favoritos de ayer y hoy son Bécquer, Cernuda y Aleixandre, Idea Vilariño, Virginia Woolf, Benjamín Prado, Luis García Montero, Diego Álvarez Miguel, Roger Wolfe y Gordon E. McNeer, a quien he tenido la inmensa suerte de traducir.

Parece que cada vez más libros de poesía copan los primeros puestos entre los más vendidos y poetas como Marwan empiezan a publicar en grandes editoriales ¿Crees que existe un nuevo boom de la poesía en España y Latinoamérica?

No es tanto un boom sino un fenómeno que se ha ido gestando estos últimos años. La gente que no leía poesía antes era porque guardaba un concepto equivocado, la entendían como una poesía más clásica y formal, con una mayor dificultad de comprensión, lo que les alejaba de ella. Ahora hay un movimiento nuevo de una poesía más directa y visceral, una poesía muy compleja que algunos poetas hacen sencilla pero no simple (como dice mi amigo y poeta Fernando Valverde). Esta etapa literaria ha coincidido con la facilidad a la hora de acceder a ella, y esto ha suscitado un gran recibimiento por parte de los lectores, sobre todo de lo más jóvenes.

Todos los que os habéis hecho un nombre en las redes sociales sois bastante jóvenes. Hay incluso chicas, como Loreto Sesma, que con apenas 18 años empiezan a publicar ¿Crees que es bueno que se dé tanta importancia a los perfiles sociales? ¿No se corre el riesgo de que la calidad literaria sea lo último que importe?

No, creo que no es nada bueno. Como he señalado antes, las redes sociales son óptimas para la difusión, pero no aseguran la calidad de lo escrito. Ahí es donde, en teoría, entraría el papel de la editorial, que es la que cuenta con un criterio profesional capaz de discernir lo que es poesía de lo que es mera repetición de conceptos o ideas tremendamente vacíos. El número de seguidores, en ningún caso, asegura la calidad, eso es algo totalmente rándom: puede haber gente con muchísimo apoyo cuya prosa falle, gente totalmente desconocida que encierre tesoros en los puños o, por supuesto, gente con muchos seguidores que ofrezca verdaderas joyas.

“La poesía parecía ese género intocable al que solo podían acceder los tocados por la varita de la mejor inspiración; ahora todas las puertas están abiertas y nadie tiene la llave”

Es cierto que una editorial es una empresa y el hecho de contratar a alguien con cifras inmensas de seguidores le asegura suficientes ventas como para recuperar la inversión inicial, algo que actualmente da tranquilidad, pero no debería perder de vista el propósito de las editoriales de siempre, que no es más que ofrecer algo con la suficiente calidad como para que el lector, confiado, se gaste su dinero en ello. Muchas, aunque afortunadamente no todas, están cayendo en una investigación de los perfiles sociales y están dejando de lado el mimo al libro y el respeto al lector, y eso es una pena inmensa. Claro que esto es algo que ha ocurrido desde siempre en la literatura, pero la poesía parecía ese género intocable al que solo podían acceder los tocados por la varita de la mejor inspiración: ahora todas las puertas están abiertas y nadie tiene la llave.

Tú escribes, estudias, contestas a todos los tuits y menciones y estás de gira con Adriana Moragues ¿Cómo te da tiempo a todo?

No lo sé, te juro que no lo sé, además tengo algo de ansiedad y me agobio con facilidad. Un día haré un Salinger, me marcharé a una cabaña alejada del planeta y no volveré a decir nada hasta cumplir los 90 años.

Por cierto, tras el éxito de esta gira ¿Cómo ves tu futuro?

La verdad es que brilla mucho, pero no con un brillo de una bombilla de baja potencia similar a la que ven los que van a morir, sino como algo bueno y seguro. Vienen cosas tremendamente buenas y vertiginosas que me sigo tomando con mucha calma, así que las iré desvelando despacio y con felicidad.

Ya has anunciado que dentro de nada publicarás tu primera novela ¿Eso significa que dejarás a una lado la poesía?

No, nunca, no podría y jamás querría. Sigo escribiendo poesía casi diariamente y publico casi todo, porque a veces lo bonito de desnudarse es que alguien te mire con ganas. Sin embargo, no quiero publicar un tercer libro que sea la segunda parte de “Baluarte”. No tengo ninguna prisa, no pienso en aprovechar ningún momento. Quiero cuidar mucho y bien mi obra y ofrecer algo que sea bueno y distinto. Recibo mucho cariño y palabras bonitas y esa es mi manera de corresponderlo. La novela, espero, será un entretenimiento: me apetece pasármelo bien.

Después de publicar dos exitosos poemarios, llenar locales, ver como cubren paredes con versos suyos, ganarse el respeto de lectores y escritores como Benjamín Prado ¿Qué metas como poetisa le quedan a Elvira Sastre?

Nunca tuve ninguna y sigo sin tenerlas: creo que es la mejor manera de enfrentarse a este modo de vida, así recibo todo con sorpresa y alegría. Sí hay algo que me encantaría llegar a hacer y no tengo ni idea de porqué: recitar en Nueva York.

¿Qué es, ahora mismo, la poesía para ti?

La vida, no la concibo de otro modo. Como dice mi querido Gordon E. McNeer, la poesía es una conexión con uno mismo, le dice a uno quién es uno.