Fotografía de la escritora Laura Freixa.

Fotografía de la escritora Laura Freixas.

Su nombre es sinónimo de lucha: la de recuperar los nombres de mujeres escritoras silenciadas por una historia falazmente construída y la de reivindicar una igualdad actual entre hombres y mujeres en el sector de la cultura. Autora de varias novelas y biografías y ensayos sobre grandes autoras, Laura Freixas (Barcelona, 1958) nos atiende por teléfono para hablar sobre el último libro que acaba de publicar, El silencio de las madres, un compendio de 32 textos escritos entre otros medios para El País, La Vanguardia y Letras Libres, en los que reflexiona acerca del reflejo invisible del trabajo cultural de las mujeres. Hablamos de maternidad, de la Constitución, de su asociación Clásicas y Modernas, de escritoras sexys y de premios institucionales excluyentes. Entre otras muchas cosas.

En tu último libro, El silencio de las madres, entre otros temas abordas el olvido de la maternidad como materia creativa en la historia de la literatura. ¿Por qué no es escribe sobre esta experiencia? ¿Puede ser porque es exclusivamente femenina?

Evidentemente, en teoría el sexo de quien escribe no tiene por qué condicionar lo que escribe. En teoría. Pero en la práctica no es verdad, condiciona. Frente a esta teoría, tenemos la realidad histórica de miles de años de literatura en los cuales se habla hasta la saciedad de guerra y luchas por el poder, masculino por excelencia, sea por lo que sea la lucha por el poder es una experiencia únicamente masculina, y como los hombres son los que han escrito la literatura pues se ha hablado de eso, y las experiencias de las mujeres han quedado excluidas de la literatura, es una hecho. Eso se traduce en una cultura que no refleja toda la realidad sino sólo una parte: el punto de vista de los hombres. Esto es injusto y además tiene unas consecuencias nefastas para la sociedad porque la cultura es el espejo en el que nos miramos y nos dice qué experiencias son interesantes, importantes… Una cultura desigual perpetúa la desigualdad y la legítima.

¿Puede un hombre escribir sobre la intimidad de una mujer y viceversa? Porque es conocido el dicho de que las mujeres escriben para mujeres y los hombres escriben para hombres y mujeres…

No es verdad que hombres y mujeres escribamos para públicos distintos. Toda persona que escribe aspira a una recepción universal. Ahora bien, en la práctica lo que sucede es que las obras de los hombres son leídas por hombres y mujeres y las de las mujeres mayoritariamente son leídas por otras mujeres. Es así porque vivimos en una cultura que nos dice, ya incluso desde el lenguaje (hombre es igual a ser humano que es igual varón), que lo masculino es universal y lo femenino sólo para mujeres. Hay que vencer ese principio: tan universales y humanas son unas obras y otras. Respecto a si un hombre puede escribir sobre la intimidad de una mujer y viceversa, claro que pueden escribir, pero no lo hacen. Cuando las mujeres han empezado a escribir sobre experiencias de mujeres, como la maternidad, lo han ido convirtiendo en tema literario y ya los hombres lo abordan. Si las mujeres están excluidas de la autoría no aportan sus experiencias al acervo común y por tanto quedan excluidas de la cultura. Es imprescindible y urgente que las mujeres sean aceptadas como ciudadanas de pleno derecho en la autoría cultural.

¿Están encasilladas las mujeres escritoras en algún género literario, como la literatura romántica? ¿Es por comodidad o porque es en el único género que se las lee?

Globalmente las mujeres están más presentes en la subcultura que en la alta cultura. Esto es injusto y además tiene el efecto de validar la jerarquía entre los sexos. Por ejemplo, en editoriales y en el cine hay muchas mujeres trabajando pero los puestos de autoridad y autoría los tienen casi exclusivamente hombres. La cultura está estructurada de tal manera que la alta cultura es un feudo exclusivamente masculino y las mujeres se contentan con la baja cultura. ¿Por qué? En términos generales, en la sociedad los hombres siguen ostentando el poder, ya sea por inercia o por factores no escritos que hacen que a las mujeres les cueste más acceder a puestos altos. Son factores comunes a toda la sociedad, no sólo en la cultura. Por ejemplo, el hecho de que se pidan muchas bajas de maternidad y prácticamente ninguna de paternidad. Si las mujeres se tienen que quedar solas cuidando a sus hijos no podrán avanzar profesionalmente. Y, en cuanto a los factores específicos de la cultura, está la inercia de que se ve a sí misma como cosa de hombres y que no incorpora la obra de mujeres a cánones, libros de texto, Premios Cervantes… Hay una resistencia interna por parte de la cultura a cambiar. Está monopolizada por hombres y les cuesta aceptar a las mujeres y sus experiencias. Hay una tendencia inconsciente a considerar que la novela de una mujer o con protagonistas mujeres no es universal. También hay una tendencia a considerar que una literatura que trate el tema de la maternidad será forzosamente ñoña y solamente para mujeres.

¿Crees que aún mantenemos esa idea de que la mujer es musa pero no creadora?

Desde la asociación que presido, Clásicas y modernas, y junto con MAV (Mujeres en las Artes Visuales) hemos llevado a cabo la exposición Ni musas ni genios. Hay una serie de estereotipos que se siguen aplicando por inercia a mujeres y hombres en el mundo de la cultura y que traen en sí una desigualdad, una jerarquía, un prejuicio de que él es el creador y ella sólo le inspira. Ésta palabra de “musa” encubre un papel de secretaria, de niñera, de enfermera, de ama de casa… Es una pena que mujeres tan valiosas como Zenobia Camprubí hayan acabado dedicándose a estas labores sin contar con su talento. Me decepciona mucho ver que generaciones tan progresistas y rompedoras en algunas cosas como la del boom latinoamericano fueron tan reaccionarios en este asunto. Este ejemplo se ve muy bien en el libro Aquellos años del boom de Xavier Ayén.

Como mujer y escritora, en tu experiencia profesional dentro del mundo de la literatura, ¿te has topado con mayores dificultades y/o desprecios de tus compañeros masculinos?

Sí, sí, sí… [empieza a contestar en cuanto entiende la pregunta]. Mi experiencia es la misma que la de todas las escritoras a las que conozco y otras de las que he oído hablar. A las escritoras nos cuesta más que nos apoyen para hacer carrera. Nos hacen demasiado caso cuando somos jóvenes y luego esa atención se retira rápidamente. Hay una serie de tipos de escritoras a las que se presta atención: jóvenes sexys, “mujeres de” o aquellas que han tenido la suerte de convertirse en best sellers. Si no perteneces a esa categoría te encuentras con un desinterés por parte de las editoriales y es cuando alcanzamos el techo de cristal. Cualquier escritora mayor de 40 o 45 años ha dado un paso atrás en su carrera a menos que por fortuna venda muchísimos libros. En los hombres se confía más. Por ejemplo, como anécdota, uno de mis editores me dijo: “no te quiero ofender, pero reconozcamos que a ti te leen mujeres”. Quiere decir que mi siguen publicando porque vendo libros pero no existe un respeto hacia mi autoría. Y cuando venda menos libros entonces me dejarán de publicar.

Portada de "El silencio de las madres" de Laura Freixas.

Portada de “El silencio de las madres” de Laura Freixas.

¿Qué importancia tiene recuperar las voces de escritores que no aparecen en los manuales de literatura?

Tiene una importancia fundamental, primero por puro rigor histórico: sí que ha habido muchas mujeres que han escrito y han creado obras muy importantes. No es que queramos hacer una Historia con perspectiva de género, sino solo una Historia sin discriminación por género. Es necesario también para empoderar a las nuevas generaciones. No es lo mismo crecer creyendo que las de tu sexo no han hecho nada importante que crecer creyendo que si vales puedes alcanzar esas cimas que otras mujeres han alcanzado. Lo que a mí me abrió los ojos fue un número especial del diario El País, el 15 mayo de 2001, en el que hacían una lista consensuada por distintos especialistas de los 15 libros de narrativa más importantes desde la muerte de Franco, y todos ellos eran de hombres. Me di cuenta de que en el presente no nos hablan de mujeres del pasado porque supuestamente no había mujeres que escribieran y eso es falso. Si me lo decían antes me lo tenía que creer porque no tenía acceso a fuentes. Pero en esos años después de Franco ya era adulta, leía y sabía que sí había libros importantes escritos por mujeres, incluso más importantes que algunos de los que aparecían en esa lista. Este proceso de invisibilización es constante.

¿Cuáles son las escritoras que más te han marcado? Y en el panorama literario actual, ¿a cuáles destacarías?

Pues así que se me ocurran rápidamente sin consultar mi biblioteca, el Libro de la vida de Santa Teresa. Las cartas de Madame de Sevigne. Virginia Woolf, sobre la que yo he escrito. También Clarisse Lispector, de la que escribí una biografía. Silvia Plath, sobre la que ahora preparo una conferencia. Y en España, por ejemplo, Ana María Matute. Y actuales, creo que las más importantes son Belén Gopegui y Marta Sanz. Me gusta mucho una autora francesa que se llama Annie Ernaux y también Alice Munro.

Últimamente el feminismo vuelve a copar titulares en los medios, distintas celebrities se declaran feministas y reivindican su papel… ¿Es que se ha puesto de moda o de verdad la sociedad sigue exigiendo una igualdad no conseguida?

Yo creo que lo que ha pasado es que, en el caso español, creímos en la promesa de la Constitución de 1978 y su artículo 14 que decía que no habría discriminación por sexo. Creímos que a partir de ese momento, una vez conseguida la igualdad política, jurídica, educativa, ya era cuestión de tiempo el que este ideal asumido por la sociedad se convirtiera en una realidad. Pero ha pasado suficiente tiempo y vemos que no. El patriarcado simplemente ha mutado, por ejemplo el regreso de la moda azul para niños y rosa para niñas, la defensa de la prostitución como libertad para la mujer -que me parece el colmo…-, derechos garantizados como el aborto están en peligro… Treintaitantos años después hacemos balance y decimos “nos han engañado”, y hay un proceso de conciencia de este engaño. Hay igualdad formal pero no real. En el mundo de la cultura han surgido muchas asociaciones que luchan por esta igualdad dentro del sector: cine, artes visuales, historia, ciencia… Todas nacen entre 2000 y 2010 por esta misma constatación de que la igualdad en el día a día no es real.

¿Cómo se puede reivindicar el papel de las mujeres desde y para el sector de la cultura?

Hay que ir paso a paso, el primero es sin ninguna duda, y es lo primero que hemos hecho las asociaciones, investigar, buscar datos y sacarlos a la luz, y han salido algunos tan inverosímiles como que de las películas españolas de los últimos años sólo el 7% han estado dirigidas por mujeres. El segundo paso no es suficiente con exigir una cuota, que la exigimos; hace falta un proceso de reflexión para preguntarnos el porqué. Es lo que hacemos ahora en el ciclo de Caixaforum. ¿Por qué no hay mujeres? Y también nos lleva de lo cuantitativo a lo cualitativo. Por ejemplo, deshacer lo de genio y musa. Por ahora hay que conseguir igualdad en la agenda de la cultura.

¿Qué tipo de actividades y propuestas se llevan a cabo desde la asociación que presides, Clásicas y modernas?

Por ejemplo, el ciclo de Caixaforum que te comento. Otras veces, primero investigamos y concluimos en un libro que publicó el Ministerio de Cultura: Mujeres y cultura: políticas de igualdad. Por otro lado estos ciclos de conferencias y mesas redondas. Cada año hacemos unas mesas redondas de “debate pendiente”, y cada edición tiene un tema: por ejemplo, “el mito del amor romántico como freno a la igualdad”. También llevamos quejas al defensor del pueblo cuando tenemos constancia de que en algún ámbito no se aplica la igualdad…. Investigamos sobre las reflexiones propuestas porque queremos que las instituciones no sólo acojan estas conferencias, sino para que también practiquen esta igualdad en todos sus ciclos.