Huerta de San Vicente, Luis Asín

Huerta de San Vicente, Luis Asín

Luis Asín (Madrid, 1962) es uno de los fotógrafos más veteranos que exponen en el marco del Festival Off del mayor encuentro artístico que invade la capital durante los meses de verano: Photoespaña. Su obra se distribuye en el exterior y el interior del céntrico Espacio Valverde, una joven galería bajo las riendas de Jacobo Fitz-James Stuart. La fotografías de Asín, graduado en el San Francisco Art Institute, se articulan de manera silenciosa. Todo en ellas parece haberse detenido, y los espacios han quedado vacíos de tiempo, de vida. Tiene una manera peculiar de relacionarse con la arquitectura y los entornos, como si capturase de ellos un fragmento de otro modo invisible. La fotografía, una vez más, va más allá del mero registro documental de los espacios. Asín hace de la herramienta un arte. “Luis Asín fue a tomar una foto y se encontró, de improviso, departiendo con lo que pasaba en medio: con el tac de un reloj digital reflejado en la ventana, con el rielar de unas sombras sobre una puerta, con el cambio de luz entre dos habitaciones de la Huerta de San Vicente o el frustrado enfoque de una sombra que se marcha”, explican Inmaculada Maluenda y Enrique Encabo, los comisarios de esta pequeña exposición que estará abierta al público en la Calle Valverde hasta el 27 de julio.

¿Por qué elegiste estos espacios inhabitados?

La mayoría de estos espacios inhabitados se debe a mi relación profesional con la arquitectura. Llevo colaborando con arquitectos desde mis inicios como fotógrafo. He podido comprobar cómo el uso del espacio mediante un determinado mobiliario altera significativamente su estado original y, en la mayoría de los casos, esa transformación no es positiva. Desde mi punto de vista, es primordial documentar los espacios tal y como fueron concebidos por sus creadores.

Las habitaciones, los pasillos, las escaleras… los hogares vacíos, ¿siguen siendo hogares? ¿Define un espacio las personas que viven en él?

Evidentemente siguen siendo lugares aptos para ser adoptados como hogar o como lugar de trabajo o para otras actividades. Siendo niño, recuerdo tardes de cine en un edificio diseñado por Luis Gutiérrez Soto y, al cabo de unos años, ya adolescente, volvía para asistir a conciertos de rock (Stray Cats). Ese mismo cine que había sido concebido como teatro se convirtió en una célebre discoteca cuarenta años después. Los espacios privados no definen personas, si quizás su estatus socioeconómico y cultural por diversos motivos como la localización, tamaño del inmueble y tipo de mobiliario.

Arte Sacro, Luis Asín

Arte Sacro, Luis Asín

¿Cómo influye el tiempo en los espacios?

Los espacios están sometidos, como todo, al aparentemente imperceptible paso del tiempo. Hay un tiempo prehistórico en los edificios que sucede en el proceso de construcción. Después un devenir, un uso del espacio para lo que fue concebido y, al final, un lógico deterioro físico que anticipa o la muerte del espacio, o una remodelación debido a su importancia histórica, artística o económica.

Como fotógrafo, ¿intervienes en estos espacios o actúas de mero centinela?

El mero hecho de elegir un punto de vista, una distancia, un objetivo y decidir el momento y la luz existente en la toma de la fotografía son argumentos suficientes para poder afirmar que existe una cierta intervención en ellos.

¿Cómo dialogan la fotografía y la arquitectura?

La fotografía siempre estará ligada a la arquitectura desde un punto de vista documental. No sólo como documento que suele ensalzar las virtudes y disimular los defectos de los espacios fotografiados. Puede resultar forzado, exagerado. Puede describir, que ha sido lo que la mayoría de revistas y libros de arquitectura han deseado, pero también se puede interpretar, se puede subjetivizar el espacio. Desde mi lado más personal, siempre he intentado lograr una captación de la atmósfera de los espacios retratados. Es algo que nada tiene que ver con la nitidez ni con el cómo son las cosas. De alguna manera, intento mediante mi lenguaje, que es la fotografía, describir mi sensación frente a ese espacio. Sumergirme en él y sentir mi percepción espacial. Tanto si es la desnuda casa decimonónica de un poeta universal, como si es la de un palacio lleno de obras de los artistas más célebres de los diferentes tiempos que ha vivido, como si se trata de un espacio público.

La fotografía de obras de arte, ¿es también un arte en sí mismo?

Fotografiar un cuadro, iluminar y polarizar la luz para su reproducción óptima en libros es una especialización técnica en el ámbito de la fotografía. En el arte contemporáneo los artistas intervienen el espacio y dialogan con él. He documentado intervenciones artísticas recientes que así lo confirman; como fuentes/esculturas en jardines privados y en lugares públicos frente a catedrales. En general, pienso que deben prevalecer las intenciones de los artistas e intentar describir de manera objetiva sus creaciones.

¿Sobre qué otros temas has trabajado a lo largo de tu carrera como fotógrafo? ¿Qué te queda por contar?

Mis inicios como fotógrafo están ligados a influencias de clásicos del siglo XX, como Werner Bischof, André Kertész, Henri Cartier-Bresson… Me interesaba el blanco y negro, las cámaras de 35mm y las películas triX. Soñaba con ser reportero de viajes, tal vez trabajar para alguna agencia. Viajé y tomé fotos. Gentes y lugares que visitaba. Parte de ese trabajo está publicado en un libro que corresponde al número 9 de la biblioteca de fotógrafos madrileños siglo XX, editada por la Obra Social Caja Madrid. Pero no trabajé para ninguna agencia, y vivir de ello era prácticamente imposible. En el campo de la arquitectura hubo arquitectos que se interesaron por mi trabajo y comencé a “profesionalizarme” colaborando con arquitectos como Mansilla + Tuñón y Paredes Pedrosa, entre otros. Durante cinco años fui profesor asociado en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. Siempre me ha interesado el mundo del retrato, con luz existente y alejado de los focos y los estudios. Me vienen a la memoria colaboraciones con el Círculo de Bellas Artes donde pude retratar a personalidades como el director de cine griego Teo Angelopoulos y John Berger, entre otros. Simultáneamente hice proyectos materializados en libros como A un tiempo en la Maestranza de Sevilla (2006), en el que abordaba mi punto de vista sobre el mundo taurino y La Palma, La Herencia de Flandes (2004), donde trato estrictamente el tema del paisaje.  Artísticamente, realicé en Espacio Valverde dos exposiciones, Desenlace (2010) y A tientas (2013), esta última considerada como un proyecto abierto y en desarrollo sobre el intimismo y el sentimiento, algo así como la mirada de un sonámbulo. También he iniciado un adentramiento en el complicado mundo de la cinematografía. En colaboración con Tito Álvarez de Eulate he filmado Atrio, obra de Luis M. Mansilla y Emilio Tuñón. Fotografía y cine son mundos con muchas cosas en común y, al mismo tiempo, separados por el factor del movimiento.

Casa CL, Luis Asín

Casa CL, Luis Asín

¿Cómo es el proceso de creación de tus fotografías? ¿Trabajas en torno a un concepto, encuentras de repente un rostro o un espacio que necesitas capturar…?

En general fotografío por encargo. Mi trabajo personal está asociado a la gente y a los espacios que me rodean.

¿Qué importancia tiene para ti exponer en Photoespaña, en el espacio Valverde?

Espacio Valverde es una galería joven en la que se da cabida a diferentes tipos de artistas. Para mí es alentador que cuenten con mi trabajo. Aunque tengo bastantes años de experiencia, la mayor parte de mi trabajo ha permanecido oculto, incluso para mí mismo. En todas mis exposiciones he intercalado imágenes que tomé hace diez, quince, veinte o veinticinco años con obras recientes. Se produce una unión entre la experiencia actual y el entusiasmo de los inicios y el resultado es coherente. PhotoEspaña es un festival que atrae a mucha gente al mundo de la fotografía y, consiguientemente, es un gran escaparate.

¿Crees que la fotografía digital, las apps para móviles y todo el fenómeno de la fotografía social han banalizado esta disciplina?

Estamos inmersos en una revolución superior a la industrial que vivieron nuestros próximos antepasados. La revolución digital, Internet y las aplicaciones para hacer y difundir a toda velocidad nuestras fotografías con un simple clic, facilitan el uso de la fotografía a casi todo el mundo, estén preparados o no. Mi formación es absolutamente analógica. En los años 80 nadie imaginaba el gran cambio que se avecinaba. Mi adaptación al mundo digital es haber encontrado programas que me permiten imitar lo que antes hacía con película y químicos. De hecho, y como he comentado antes, hay muy poca diferencia entre mi trabajo analógico de los años 90 y mis últimas fotografías realizadas con sensores digitales. No creo que ni en fotografía ni en otras disciplinas la aparición de ordenadores y aplicaciones mejore la calidad, por ejemplo, la literaria en futuros escritores.