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Sus maneras son inconfundibles. Líneas que parecen salvajes pero que esconden una milimétrica precisión. Pinceladas de acuarela vibrante que desbordan los contornos. Miradas enigmáticas y melancólicas de personajes que siempre son uno mismo. Mensajes que son a la vez una pulsión de vida y de sueño. En un encuentro de bloggers de arte y moda celebrado en Madrid hace unos meses, una ilustradora dijo: “Tienes que buscar tu propio estilo y no copiar a otros. Porque las chicas tristes sólo las dibuja una persona, y es Paula Bonet“. Cada vez que una de esas chicas, que son todo mirada de agua azul celeste y pómulos sonrojados en manchas de coral, aparece para decorar un cartel, como para los conciertos de Vetusta Morla o The Black Keys, éste se convierte en una reliquia. Sus lápices y pinceles son de los más codiciados dentro del sector. Después de iniciarse en el óleo y el grabado, Paula Bonet decidió dedicar todos sus esfuerzos a la ilustración.

En 2014 publicó con la editorial Lunwerg Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End, su primer libro de ilustraciones, acompañado de pequeños escritos de la propia autora. Se ha convertido en todo un éxito de ventas, y los seguidores de Bonet en busca de sus chicas invisibles, de sus colores de agua, se cuentan por cientos de miles en redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter. Acaba de publicar con La Galera su segundo libro, 813 -los números están colgados sobre el sofá de su estudio, que pueden verse en las fotografías y videos rápidos que comparte a diario en sus perfiles públicos-, un homenaje al cineasta francés François Truffaut y sus triángulos amorosos. Bonet se ha convertido en la punta de lanza de una generación de ilustradores españoles que han saltado a la fama gracias -en gran medida- a Internet. Sin embargo, aun teniendo casi 300.000 seguidores en Facebook, vivir del arte es complicado. Casi todos ellos sobreviven gracias a colaboraciones con la prensa y carteles comerciales. El Acróbata ha echado un ojo al proceso creativo de la artista valenciana, y ha charlado con ella de imitadores, fans y, por supuesta, de sus inconfundibles chicas tristes.

¿Cómo y cuándo empezaste a dibujar? ¿Y cuándo decidiste que la Ilustración sería tu profesión?

¿Cómo y cuándo la mayoría de la gente dejó de dibujar? Decidí dedicarme a la pintura cuando cursaba bellas artes. El paso al dibujo fue azaroso, ocurrió hace unos cuatro años.

Tus chicas son etéreas, melancólicas… ¿Hay un sentimiento o una historia detrás de cada una de ellas?

Detrás de cada uno de mis personajes, sean hombres o mujeres, siempre hay una historia. Algunas de mis mujeres son melancólicas, pero no todas, quizás lo son las más conocidas, las que la gente ha hecho más suyas y ha compartido más por redes sociales. Pero la melancolía es sólo uno de los temas que trato en mi trabajo.

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¿Cuánto tienen estas chicas de ti misma?

Supongo que todos mis personajes tienen bastante de mí misma. Los obsesivos, los melancólicos, los ausentes, los autodestructivos, los frágiles, los que únicamente observan… entiendo que en todos debe de haber un poco de mí.

Desde que has publicado tus dos libros de ilustraciones, y también por tu  altísimo número de seguidores en Internet, ¿te han surgido muchos imitadores?

Sí, han surgido algunos.

¿Cómo de importante han sido las redes sociales en tu “salto a la fama”?

Han sido indispensables. Me han permitido contactar con un público sin  ningún tipo de filtro, que este público sea cercano, y poder establecer un diálogo que es cómodo y fructífero para ambas partes.

Cuando alguno de tus dibujos aparece en un poster, la gente lo arranca de las marquesinas para colgarlo en su habitación. ¿Cómo llevas este fenómeno fan?

Me parece un gesto precioso. Yo he arrancado muchos carteles que me gustaban. La imagen de una exposición sobre Julia Margaret Cameron en la National Portrait de Londres fue durante muchos años el cabezal de mi cama. En aquel momento no pude comprar el catálogo de la exposición y el valor que le di a aquel póster fue desmesurado. Creo que cualquier autor de una imagen que alguien decide arrancar de un lugar público y llevarse a su casa se sentiría mínimamente abrumado.

¿Influyen las otras Artes –literatura, música, cine…- en tu obra?

Muchísimo. Sobre todo la literatura y el cine.

¿Por qué una obra dedicada a Truffaut? ¿Qué ha significado para ti el imaginario de este director de cine?

Porque Truffaut es uno de mis máximos referentes, sus temas me tocan muy de cerca. De él aprendí muchos modos de hacer. También ha influido en mí su manera de ser obsesiva.

Littleisdrawing, Silvia Prada, Sara Herranz, Malota, Júlia Sardà, Sara Morante… ¿Vivimos una especie de “momento de oro” de las ilustradoras españolas”?

Es cierto que parece que somos muchas las mujeres ilustradoras o pintoras que ahora mismo estamos trabajando duro, somos muchas las que tenemos la necesidad de explicar y de explicarnos. Pero creo que esto no se reduce únicamente al terreno de la ilustración, hay muchas mujeres escribiendo guiones, dirigiendo películas o subiéndose a un escenario con una guitarra para defender su proyecto.

¿Qué otros compañeros y compañeras de profesión nos recomiendas seguir?

Admiro la obra de Sergio Mora, por ejemplo. También la de Chamo San y Oriol Malet.

¿Cómo se gana la vida hoy en día un ilustrador en España?

Trabajando sin parar. Llevando varios proyectos al mismo tiempo. Sabiendo decir sí y no según el contexto. Arriesgándose al buscar nuevas maneras y siendo muy autoexigente.