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Marjan Minnesma, directora de Urgenda, con el magistrado que ha dado la razón a  su organización.

David contra Goliat. En abril del año pasado, un millar de ciudadanos holandeses, organizados entorno a la ONG Urgenda, llevaron a los tribunales al Ejecutivo de su país por vulnerar la obligación legal que, a su juicio, tenía el Estado de proteger a sus ciudadanos de los peligros que trae aparejado el calentamiento global. Un año más tarde, la Justicia les ha dado la razón y ha ordenado al Gobierno que reduzca, con medidas más eficaces que las actuales, el avance del efecto invernadero. Los jueces han fijado incluso una meta: para el año 2020 debe haber una rebaja de un 25% de los gases que provocan el calentamiento de la Tierra (CO2), en lugar del 16% marcado por la actual política medioambiental. Una decisión calificada de “histórica” por la directora de Urgenda, Marjan Minnesma, y es que se trata de la primera vez que un grupo de civiles recurre a la legislación europea sobre derechos humanos -y al derecho de daños- para pedir que se ponga coto a la contaminación. Desde El Acróbata hemos contactado con Wigger Verschoor, responsable del proyecto de Construcción Sostenible de la ONG, para conocer cómo David -una pequeña ONG con el apoyo de un puñado de ciudadanos- ha conseguido vencer a Goliat.

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Wieger Verschoor, responsable del proyecto de Construcción Sostenible de Urgenda

¿Qué ha supuesto para vosotros esta sentencia? 

Es un orgullo. Urgenda no es una organización que quiera medallas u honor. Si toda esta atención que estamos recibiendo la podemos usar para sumar a otras entidades que, hasta antes de la sentencia no prestaban atención al cambio climático, sería perfecto. Por ejemplo, tenemos que conseguir que las grandes empresas en Holanda apuesten por la economía sostenible. No se trata de un debate político entre la derecha y la izquierda, es una oportunidad de avanzar hacia un modelo que combine el cuidado del planeta con el crecimiento económico.

¿Qué os llevo a denunciar al Estado holandés en 2013? ¿Cómo surgió la iniciativa? 

Llevamos trabajando para llamar la atención sobre este tema desde bastante antes. Los fundadores de la ONG tiene una larga tradición ecologista. El tema es visible desde los años 90 y, gracias a Urgenda, ha crecido en importancia y nos ha permitido incorporar a mucha gente de la calle. En 2010 llegamos a un acuerdo con China para comprar placas fotovoltaicas y las pusimos al alcance de los ciudadanos. Un año más tarde nos convertimos en el mayor vendedor de placas solares de Holanda.

Holanda es un país de gas. Nuestro sistema energético se basa en el gas que procede del norte de Europa y eso ha provocado que no miráramos hacia otro tipo de energías. Las grandes empresas gasistas estaban muy contentas con ese estatus quo. Mientras tanto, países de nuestro entorno como Dinamarca daban importantes pasos en políticas medioambientales. Decidimos poner en marcha esta demanda porque la cantidad de CO2 (dióxido de carbono) que viene de la industria y el transporte comenzó a ser insostenible. Se trata de cosas que no están al alcance del individuo pero que forman parte del sistema y que son muy difíciles de influenciar desde el punto de vista del ciudadano.

¿Han encontrado muchos apoyos entre los ciudadanos?

Desde el principio tuvimos claro que lo importante era el contenido, no el llegar a la máxima cantidad de personas. Urgenda tiene su propia red de colaboradores. En 2013 abrimos nuestra red y se sumaron 1.000 ciudadanos que querían apoyar el proceso. Podríamos haber tenido miles de apoyos más, pero era más importante el contenido del recurso.

Se trata de una sentencia pionera en el mundo, ¿pensáis que puede tener su réplica en otros países? 

Es algo único y debe servir de inspiración para otras organizaciones. Nuestro objetivo no es sumar al resto de países a hacer lo mismo. El sistema y las posibilidades de que fructifique son diferentes en cada Estado. Creo que lo más importante es tomar esta resolución como inspiración y mirar como encontrar las herramientas para hacer que otros países avancen hacia una política ambiental sostenibilidad más deprisa.

La visión que tenemos desde España de Holanda es la de un país con una larga tradición ecologista y pionero en asuntos medioambientales, ¿hasta qué punto está en peligro la salud de los holandeses? 

Desde el extranjero parece existir la percepción de que en Holanda todo el mundo tiene una bicicleta, pero nosotros también tenemos problemas medioambientales. Emitimos una gran cantidad de CO2 por persona, estamos entre los más contaminantes del mundo. Además, basamos nuestro modelo energético en el gas procedente del Norte. Somos un país muy denso, los núcleos urbanos están muy concentrados y el tema de la contaminación es un asunto muy importante para la salud de los holandeses.

¿Cuáles son los retos que debe afrontar Holanda en materia medioambiental para el futuro? 

El juez ha dicho que tenemos que hacer todo lo posible para llegar a un recorte de emisión de los gases de efecto invernadero del 25% para 2020. Además, desde Urgenda hemos calculado que la transición hacia fuentes de energía limpia en 2030 no sólo es posible, sino que supondría el ahorro de 4.000 millones de euros.