Dos ciudadanos portan una pancarta

Dos ciudadanos portan una pancarta con el lema: “Nosotros los ciudadanos declaramos a Donald Trump moralmente en bancarrota” / Elvert Banes (Flickr)

Las semanas pasan y la polémica no cesa. El candidato a la nominación presidencial por el Partido Republicano, el magnate inmobiliario Donald Trump, se ha empeñado en marcar el paso del debate político norteamericano hasta el punto de hacer temblar los cimientos de su propio partido. El empresario ha eclipsado al resto de candidatos a las primarias republicanas recurriendo a un discurso duro y hostil contra los inmigrantes de origen latinoamericano, que ha conectado con las -muy conservadoras- bases de su partido como ningún otro candidato lo ha hecho.

“Cuando México nos envía su gente, no manda a los mejores. Envía personas que tienen problemas y que se los traen consigo. Llevan el crimen y la droga, son violadores”. Son algunas de las frases con las que el multimillonario aspirante a político ha regado su campaña. La semana pasada, continuando la disputa que mantiene con Univision, la mayor cadena en español del país y que debido a sus ataques contra los colectivos hispanos decidió cancelar la emisión del certamen de Miss Universo, del que Trump es propietario de sus derechos, el candidato republicano expulsó de una de sus ruedas de prensa al periodista Jorge Ramos, uno de las rostros más destacados de la cadena. Millones de personas, en su mayoría de origen hispano, se asoman cada día para ver su influyente informativo emitido desde Miami. “Tengo una pregunta sobre inmigración”, dijo Ramos durante el encuentro con la prensa. “Ok, ¿quién es el siguiente?”, le respondió tajante Donald Trump. “Siéntese”, le repitió el magnate, “no le he dado la palabra. Vuélvase a Univisión, zanjó antes de expulsarle de la sala.

El enfrentamiento con Ramos es sólo la última de las innumerables salidas de tono de Trump durante los dos meses que van de campaña. Sus polémicas propuestas migratorias -como la deportación de los 11 millones de inmigrantes sin papeles que viven en Estados Unidos, la construcción de un muro en la frontera con México o la negación de la nacionalidad a los niños nacidos en el país de padres indocumentados- han arrastrado al resto de candidatos de su partido, que luchan por obtener la nominación presidencial, a posiciones extremas que amenazan con romper el tradicional equilibrio de poderes conservador. Así, el magnate inmobiliario empuja al partido de Reagan y Nixon a una difícil encrucijada: Elegir entre unos Estados Unidos más diversos, donde según los estudios, los ciudadanos blancos de origen europeo dejarán de ser mayoría en 2040; o bien convertirse en un partido identitario, al estilo del Partido Afrikáans en la Sudáfrica del apartheid, enfocado a blancos y sólo para blancos. “Trump plantea una elección al Partido Republicano sobre qué camino seguir: un camino hacia una coalición amplia, liberal en el sentido clásico, y coherente con la historia del partido, o hacia una coalición que se reduzca a los intereses estrechos de la política identitaria de los blancos”, escribe Ben Domenech, editor de la revista conservadora The Federalist, en un artículo citado por el diario El País. “A menos que se hagan cambios, en el futuro próximo cada vez será más difícil para los republicanos ganar otra elección presidencial”, concluye.

Una deriva que preocupa, y mucho, al establishment del Partido Republicano, muy crítico con las formas de Trump y que observa como ninguno de los candidatos presidenciables, como el hijo y nieto de ex presidentes Jeb Bush, son capaces de sacudirse la presión del multimillonario y tomar la iniciativa del debate político. El pasado 19 de agosto, el diario The Washington Post, que tradicionalmente se ha posicionado del lado conservador, comparaba a la estrella mediática republicana con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Is Donald Trump an American Putin?”, se preguntaba el diario que destapó el ‘caso Watergate’: “El promete devolver al país su grandeza, sin ofrecer ningún plan específico. Él usa expresiones crudas y vulgares que le hacen sonar como un chico corriente, pese a que es multimillonario. Es narcisista y le gusta reclamar la atención de los medios para si. ¿A quién me refiero? Al presidente ruso Vladimir Putin, por supuesto. Pero los paralelismos con ‘The Donald’ son evidentes”.

No cabe ninguna duda de que éste es el verano de Donald Trump y así lo reflejan las encuestas: según los sondeos de la cadena CNN, el empresario lidera las encuestas con un 18% de intención de voto, frente al 15% del exgobernador de Florida, y favorito por los expertos, Jeb Bush. En tercera posición, con un 10%, se situaría el gobernador de Wisconsin, Scott Walker. Sin embargo, todavía quedan muchos meses hasta la celebración de las primarias republicanas en febrero y, según apuntan todos los analistas, el polémico Trump cederá en las encuestas en favor de algo de los candidatos verdaderamente presidenciables. Así sucedió en las última campaña para la nominación republicana, en 2012, en la que candidatos como el pizzero Herman Cain, el gobernador de Texas Rick Perry o el jefe de la Cámara de Representantes Newt Gringich, encabezaron las encuestas. Finalmente fue el favorito del establishment, Mitt Romney, el que acabó saliendo nominado. En 2008, el favorito republicano a estas alturas era el exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani. El nominado fue el senador John McCain. En verano los republicanos imaginan el país en el que querrían vivir, en invierno se enfrentan a la realidad del país en el que viven.