La estatua de Félix Dzerzhinski en el 'Parque de los Monumentos Caídos'

La estatua de Félix Dzerzhinski en el ‘Parque de los Monumentos Caídos’

Desde 1958, la estatua de 11 toneladas del creador de uno de los grupos más represores de la antigua URSS, la Checa, Felix Edmundovich Dzerzhinski, reposaba frente al palacio que había sido su hogar, y también el sitio más odiado por los enemigos del régimen comunista desde que en 1917 la revolución bolchevique estallara en Moscú. Reposaba y ya no reposa porque tras un intento de golpe de Estado contra el aperturista Gorbachov, en 1991, unos cuantos rusos amedrentados por la Checa durante décadas decidieron que Dzerzhinski ya no hacía nada allí, y que debería desaparecer como tantos hombres en aquella temible plaza Lubianka de Moscú. Pero ahora esos mismos rusos, más de 20 años después, deberán decidir por medio de un referéndum si ese hombre del que muchos jóvenes sólo conocerán las historias que se cuentan de padres e hijos vuelve a reposar frente a su gran obra.

Puede sonar contradictorio, y quizá alocado, solo propio de ese país tan indescifrable e impredecible que es Rusia. Pero el primer referéndum que se celebre en Moscú tras la caída del comunismo tendrá como objetivo decidir el regreso o no de la estatua dedicada a uno de los hombres que más hicieron por erradicar la democracia de todo el territorio ruso. Una locura orquestada por el partido comunista ruso que hizo una petición al Ayuntamiento de Moscú para que se devolviera la estatua del temido ‘Félix de Acero’ a aquella plaza donde sirvió a la Revolución hasta el día de su muerte. Ahora, tras la aprobación de la consulta, los comunistas deberán buscar 150.000 firmas que avalen este referéndum.

Muchos dicen que este tipo de iniciativas responden al intento del Kremlin de revivir los mitos y las imágenes de la revolución bolchevique ante el alejamiento y el enfriamiento de las relaciones con Occidente por la guerra de Ucrania. Pero lo cierto es que Félix, como todo lo oscuro de aquella URSS, nunca desapareció del todo del memorándum ruso. Como Stalin, o las ansias imperialistas, Félix se apartó a un lugar donde poca gente lo notase, lejos de aquella plaza de la que le echaron unos grupos de compatriotas tras más de 70 años de represión. Las 11 toneladas de bronce descansan y descansarán hasta que, al menos, se decida el referéndum, en el parque conocido como el de los “Monumentos Caídos”, aletargado, escondido, esperando a que llegue el momento de volver a ver esa sede de la KGB que fundó tras años de lucha revolucionaria. Nunca llegó a Siberia donde a tantos había mandado con sus medidas por el bien y el futuro de una Revolución que tras haber llegado tan lejos no se podía perder.

Según las encuestas, tras el conflicto con Ucrania, un 43% de los rusos apoyarían la vuelta de la estatua a su lugar inicial, mostrando su enfado con Occidente devolviendo a la actualidad rusa esos símbolos de una época oscura que el gobierno de Putin se ha encargada de embellecer. Sería para muchos una muestra más de que esos más de 80 años de régimen comunista son un orgullo para un país que mantiene, por ejemplo, la tumba de Lenin como un lugar sagrado.

La nostalgia comunista de Putin

Desde que llegara al poder en 1999, los guiños de Vladimir Putin -un antiguo agente de la KGB y militar de las fuerzas especiales de la URSS- hacia el pasado comunista de su país han sido constantes. El ultranacionalista ruso nunca ha escondido este amor por el pasado de su país y ha hecho todo lo posible por devolver símbolos de esa época a la Rusia actual sin ningún tipo de remordimiento y, por lo que se ve, con un gran apoyo popular.

Uno de los más llamativos fue la decisión de de volver a instaurar el himno soviético como himno nacional ruso, algo que hizo al principio de su gobierno, en el año 2000, dejando bien claras sus intenciones. Además devolvió la gran parafernalia militar del país y sacó imágenes de un represor como Stalin en esos desfiles al más puro estilo soviético.

Dzerzhinski siempre ha sido uno de los personajes preferidos del líder ruso y no ha escatimado esfuerzos en devolver al creador de los primeros campos de concentración de la URSS el brillo que tuvo en la época soviética. Durante todos estos años de mandato ha revocado todas las leyes instauradas por Yeltsin tras la caída del comunismo y ha devuelto, con su poder hegemónico, el nombre del represor Félix a todas las plazas, calles o instituciones que estaban dedicadas a él antes de 1992. En 2013 más de 1300 avenidas, plazas o calles siguen dedicadas a un hombre al que se acusa de haber sido partícipe de la muerte de más de 2 millones de personas durante el ‘Terror Rojo’ que se dio de 1917 a 1922.

Esta última iniciativa parece llevar el mismo camino que las demás medidas llevadas a cabo por el magnánimo Putin, que busca la vuelta de la Rusia actual a la anterior a 1991. De ganar el a la recolocación de la estatua, Dzerzhinski deberá compartir la céntrica plaza de Moscú de la que le echaron con un monumento que se erigió para sustituirle. Un monumento en homenaje a los represaliados por la URSS y que simbólicamente está construido sobre una piedra traída directamente de Solovki, el primer Gulag de la historia de la URSS que el mismo Felix mandó construir.