Felipe el hermoso y Fernando el Católico

Felipe el hermoso y Fernando el Católico

Juana I de Castilla, apodada “La Loca”, fue el desdichado peón que emplearon como arma política su padre y su esposo, Fernando el Católico y Felipe el Hermoso. Estos dos personajes mantuvieron una dura pugna por gobernar Castilla.

El origen del conflicto se remonta a 1496, cuando Los Reyes Católicos acordaron un doble enlace con la familia imperial a fin de aislar políticamente a Francia: Juan, el Príncipe de Asturias, se casaría con Margarita mientras que Juana lo haría con Felipe el Hermoso, heredero del emperador Maximiliano y por entonces duque de Borgoña. La desconfianza y la rivalidad no tardaron en aparecer entre suegros y yerno.

Al poco de casarse Felipe despachó de vuelta a Castilla a todos los cortesanos y damas que habían acompañado a Juana camino de Flandes. El Duque, un joven muy ambicioso y astuto, sospechaba que entre los acompañantes de su esposa podría haber espías a sueldo de sus suegros. También confiscaba el dinero e interceptaba las cartas que regularmente los Reyes Católicos hacían llegar a su hija. Su desconfianza era instigada por su mentor, el Obispo Busleyden, partidario de los franceses en la pugna que éstos mantenían con Aragón. A su vez Fernando también recelaba de su yerno que, merced a su cargo de duque de Borgoña, era vasallo del rey de Francia.

Felipe quería alejar a Juana de sus padres y ganarse completamente su voluntad. Los pocos informes que llegaban a Castilla lo hacían de la mano del embajador imperial Gutierre Gómez de Fuensalida, quien pudo permanecer en la corte merced a su cargo. Desde allí el diplomático envió los primeros escritos alertando a los Reyes Católicos del aislamiento de su hija y de los primeros síntomas de su inestabilidad mental.

El evento que supuso la ruptura definitiva entre Fernando y Felipe fue la muerte del príncipe Juan a los diecinueve años de edad. Según las leyes castellanas la nueva heredera era Isabel, la hija mayor de los Reyes Católicos, pero Felipe amagó con proclamarse Príncipe de Asturias conjuntamente con su esposa. Las sucesivas muertes de Isabel y su hijo Miguel allanaron su camino al trono al convertirse en los nuevos herederos.

Felipe amenazó a su esposa en varias ocasiones para que ésta delegase en él los derechos al trono y poder gobernar como rey efectivo y no como consorte, algo a lo que Juana se negó. Su marido comenzó entonces a anotar en un diario las locuras de su esposa para poder usarlo como herramienta para ocupar el trono cuando llegase el momento.

Felipe el Hermoso y Juana la Loca

Felipe el Hermoso y Juana la Loca

En 1501 los nuevos Príncipes de Asturias llegaron a la Península Ibérica para ser jurados por las cortes. Tras ello Felipe regresó a Flandes dejando a su esposa en Castilla debido a su embarazo. Tras dar a luz, Juana protagonizó episodios de histeria por la negativa de sus padres a dejarla volver con su marido. Tras una huelga de hambre, que la dio el sobrenombre con el que pasó a la historia, los Reyes Católicos accedieron a dejarla marchar aunque el recién nacido Fernando se quedó en Castilla.

Nuevos enfrentamientos marcaron la agonía de la reina Isabel. Felipe acordó casar a su hijo Carlos con la hija del rey de Francia, Claudia, entregando a Francia como dote Nápoles, el reino que le había costado tanto conquistar a Fernando. El acuerdo se rompió con la reconciliación entre Fernando y Luis XII pero la preocupación por la educación flamenca de su nieto se adueñó de los Reyes Católicos. Fernando se planteó nombrar heredero a Fernando, criado en Castilla y su ojito derecho.

La reina Isabel falleció en 1504 y por su testamento nombró a su esposo gobernante de Castilla en nombre de su hija en caso de que esta no pudiese hacerse cargo de su reino, algo que ya había quedado sobradamente patente; desde hacía tiempo los que de verdad contaban eran suegro y yerno.

Tras la muerte de Isabel

Fernando proclamó reina a su hija y se hizo cargo del reino tal y como era la voluntad de su difunta esposa, pero la guerra distaba mucho de haber terminado. Felipe envió a Castilla a uno de sus hombres de confianza: el Señor de Belmonte, un cortesano enviado a Flandes por el embajador Fuensalida para que le informase de cómo trataba su esposo a Juana, pero que le traicionó para pasarse al servicio de Felipe el Hermoso.

El diplomático sondeó qué apoyos tendría Felipe para poder gobernar en lugar de Fernando. La misión diplomática fue un éxito debido al odio que la aristocracia sentía hacia el autoritario rey Fernando. La nobleza anhelaban los tiempos de Enrique IV, en los que nobles como los Pacheco podían controlar los asuntos del reino y al propio rey a su antojo.

A excepción del Duque de Alba la mayor parte de la aristocracia castellana apoyó la candidatura de Felipe. Abandonado por todos, Fernando se vio obligado a pactar con su yerno en la Concordia de Salamanca (1505). Se acordó un gobierno conjunto entre Juana, Felipe y Fernando en un triunvirato en el que los dos últimos serían quienes ostentarían el poder.

Mientras tanto Fernando volvió a contraer matrimonio, esta vez con Germana de Foix, la sobrina del rey de Francia, para formalizar la paz entre los dos reinos. Además Fernando quería un heredero que evitase que Felipe también gobernase Aragón cuando él falleciera. La separación entre las coronas pudo consumarse, ya que la pareja tuvo un hijo que falleció a las pocas horas de morir y que de no haberlo hecho habría cambiado la historia de España.

Felipe el Hermoso y Juana llegaron a la Península Ibérica a principios de 1506. Los nobles se fueron sumando a la comitiva de la pareja real según cruzaban la geografía castellana. Finalmente, yerno y suegro se encontraron en la localidad de Villafáfila, en Castilla y León. El Habsburgo se presentó con 2.000 lansquenetes alemanes y un innumerable séquito armado con lo más granado de la nobleza de Castilla. El Rey Católico apenas se presentó con unos pocos cortesanos. Los apoyos habían quedado patentes y finalmente Fernando y Felipe firmado la Concordia de Villafáfila por la cual Fernando se retiraba a Aragón y Felipe era proclamado rey.

Amargado por la traición, Fernando puso rumbo a Italia para hacerse cargo de Nápoles. La noticia de la muerte de su yerno le sorprendió de camino. Según cuentan las crónicas, el joven rey falleció el 25 de septiembre de 1506 al sentirse mal tras jugar un partido de pelota. Hay quien apunta a que fue por beber agua helada tras la actividad física. Otros indican que se debió a la peste mientras que otros acusan a su suegro, quien le habría mandado envenenar.

Así acabó esta historia de odio y rivalidad entre los dos personajes. Tras enterarse de la noticia Fernando volvió a España donde se encontró al cortejo fúnebre de su yerno presidido por Juana. El Rey Católico ordenó el encierro de su hija en el monasterio de Tordesillas, donde permaneció hasta su muerte en 1555. Fernando pudo retomar las riendas del gobierno y comenzar una venganza contra los nobles que le habían abandonado hasta su muerte en enero de 1516 cuando Cisneros se convirtió en regente del reino hasta la llegada del heredero: el príncipe Carlos.