Imagen Ricardo García Vilanova / UPFRONT

Imagen Ricardo García Vilanova / UPFRONT

Unos agujeros de bala y una imagen de un francotirador a punto de disparar definen la entrada a la exposición colocada en la Sala 1 del Centro Cultural Conde Duque de Madrid desde el 13 de noviembre. Nada está puesto al azar, la imagen es de un reportero desaparecido en Siria desde verano, los agujeros de bala sirven para trazar el nombre de la exposición que se está a punto de ver: UPFRONT, Fotorreporteros de Guerra. La mayor, y quizá la mejor, retrospectiva hecha hasta el momento sobre la generación de oro de los fotorreporteros hispanos que nutre las portadas de medios y revistas de medio mundo desde hace ya unos cuantos años con imágenes, retratos, que muestran lo peor y lo mejor del ser humano, muestran al hombre en su naturaleza más cruel.

Y, a pesar de ser una de las mayores que se han hecho hasta el momento, solo ha podido recoger el trabajo de 23 de esos aventureros que se han jugado la vida en medio mundo para poder llevar a cada casa la realidad más cruda, con su firma en el pie, o a veces ni eso. “Un nuevo “desorden” mundial se abre tras el 11 de septiembre. En él se ha formado la generación más internacional de fotorreporteros hispanos de la historia” así explica Ramiro Villapadierna, uno de los creadores de esta exposición, su obra. Él, que cubrió como reportero las revoluciones y conflictos en Europa Central y los Balcanes, y hoy dirige el centro del Instituto Cervantes en Praga, se ha reconvertido en comisario de exposiciones encargado de reunir todo este trabajo para mostrárselo a todo el mundo.

Imagen de Miguel Ángel Sánchez / UPFRONT

Imagen de Miguel Ángel Sánchez / UPFRONT

Pasado el primer impacto con la imagen de J.M. López, ganadora de varios premios internacionales, que muestra a un rebelde sirio con su rifle sobre el hombro y su ojo puesto sobre la mirilla, la sala se abre ante el espectador sin ninguna foto a primera vista. Una exposición de fotografías sin fotografías a primera vista, un símbolo de que ésta no es una muestra al uso sino mucho más. De repente los oídos empiezan a percibir algunos sonidos extraños que en los primeros momentos pueden llegar incluso a confundir, van desde el sonido de una Canon al disparar, al de una ráfaga de metralleta, pasando por una sintonía de rock mal afinada. Son los sonidos de una guerra, de un conflicto, de la pobreza, del día a día del fotorreportero. “La exposición se ha concebido de una manera experiencial, con la intención de reproducir sensaciones o situaciones que los reporteros viven habitualmente”, explica el comisario. Ante la sala totalmente oscura, solo alumbrada por la luz de unos paneles blancos que cuelgan del techo y que hacen las veces de marco, el espectador se encuentra suspendido en un nuevo espacio sensorial que lo sumerge en el tenso mundo del reportero.

Todo en la sala está medido a la perfección, todo tiene su sentido, su composición, como en cada fotografía que presenta. A un lado aparece apuntada la distancia que hay desde el inicio hasta el final de la sala, como si cada metro fuera clave. El visitante anda entre los cuadros blancos leyendo pies de foto con el contexto para que, ‘voila’, al dar la vuelta a ese mismo marco aparezca como una bofetada en la cara de realidad la dureza de la imagen. Al pie de cada grupo de imágenes se encuentra el número de la serie para poder seguir la muestra sin perderse (1/1 1/2 1/3 y así hasta el final). Junto al número solo un título que resume cada grupo de imágenes. El curioso navega por entre las fotos contando conflictos, países, ritos, pobrezas, colores, personas. Se encuentra de frente con un miliciano sirio tuerto, con un migrante lloroso, con una madre desconsolada, con unos jóvenes con rabia en los ojos y armas en las manos, se encuentra con una realidad que pocas veces se ve tan duramente representada. Y así hasta el final de un laberinto que deja de todo menos indiferente.

Imagen de Andrés Martínez Casares / UPFRONT

Imagen de Andrés Martínez Casares / UPFRONT

En total 75 fotografías y 3 vídeos de una veintena de autores de España y Latinoamérica conforman UPFRONT, y faltarían muchos más. Entre ellas hay premios World Press Photo (el premio más importante de fotografía informativa) Pulitzer, premios nacionales, portadas de The New York Times, de The Guardian, de The Times, etc. Manu Bravo, Ricardo García Villanova, Alvaro Ybáñez, Ariana Cubillos, son algunos de los nombres de estos autores que firman portadas de medio mundo y acumulan premios internacionales en sus vitrinas.

Pero, y aquí viene la crítica de toda la exposición, lo hacen sin prácticamente ningún apoyo en su país, con unos salarios de freelance paupérrimos y con miles de problemas para poder vivir de esto sin morir en el intento. “UPFRONT abre la puerta al público a uno de los oficios más expuestos y traicioneros del momento, y es una reivindicación de estos profesionales que salen a trabajar solos, con lo puesto, una cámara y su determinación, sin saber cómo y cuándo regresarán”, cuenta Ramiro Villapadierna.

Pero la exposición no acaba con la imagen 75 colocada al final de la laberíntica sala. Aún queda volver entre las imágenes hasta el inicio, donde espera la salida. Queda una última sala, el último homenaje a los protagonistas de la muestra en un pequeño círculo donde cuelgan la imagen de cada uno con una pequeña descripción personal debajo. Y en medio un bonito detalle para Miguel Gil, uno de los reporteros españoles clásicos y que murió mientras hacía su trabajo. Con ese recuerdo final sale el público de la sala, con él y con una de las imágenes que regalan a la salida de la exposición. Imágenes de las de la muestra cogidas de una pared donde pone “coge una tú mismo”. Una llamada tan simple como profunda, con tantos significados como las miradas que cuelgan en toda la sala.

Imagen de Sergio Caro / UPFRONT

Imagen de Sergio Caro / UPFRONT