La “patrulla cristiana” británica se encarga de velar y preservar la identidad de Gran Bretaña. De hacer que “sea todavía más grande”. Es por ello que el pasado frío 25 de enero decidió poner orden en la ciudad de Luton, al este de Inglaterra, donde alrededor del 25% de su población es musulmana. Allí se dedicó a pasear un gran crucifijo blanco, símbolo de pureza, a increpar a toda mujer que vistiera ‘hijab’ y a amenazar, como es habitual, a los restaurantes que sirven carne ‘halal’- sacrificada de acuerdo al rito musulmán-.

Aquella vez, la incomprendida “patrulla cristiana”, conocida en Reino Unido como ‘Britain First’ -Gran Bretaña Primero-, acabó de la peor manera. Su líder, Paul Golding, y su diputada, Jayda Fransen fueron llamados a presentarse a la comisaría de Kent para ser arrestados formalmente. Allí se les comunicaron los cargos, entre otros, alteración del orden público, así como de la orden de alejamiento de la ciudad de Luton. No pueden volver a poner un pie allí… En una región de su propio país.

Las últimas elecciones que se celebraron en Reino Unido y que devolvieron al, desde hoy, ex primer ministro David Cameron a Downing Street fueron el reflejo del descontento del pueblo británico con la Unión Europea. Junto al claro aumento del nacionalismo escocés, el partido europeísta por excelencia y tercera fuerza, el Liberal Democrats, quedaba marginado en la Cámara de los Comunes y perdía un 15% de sus votantes.

En contraste, la gran sorpresa vino de la mano de UKIP -Partido de la Independencia del Reino Unido-, con un aumento de votos del 9.5%, con respecto a las elecciones generales del 2010. Su líder, Nigel Farage, es, al igual que Boris Johnson -ex alcalde de Londres-, una de las caras más reconocibles del Brexit, que exhibe su victoria con una gran sonrisa por las diferentes tertulias matinales de televisión -el 51.9% ha decidido abandonar la Unión Europea frente al 48.1% que se ha decantado por la permanencia-. Además, Farage es conocido por ser uno de los personajes más polémicos del escenario político inglés, con constantes declaraciones en contra de “la inmigración en masa” que llega al país.

Las urnas ya hablaron por sí solas y dejaron claro que la brecha existente entre las élites londinenses -europeístas- y el resto de la población de clase media-baja, sobre todo de las regiones del norte de Inglaterra -euroescépticos-, era más grande que nunca. Una sociedad polarizada que también se ha visto alimentada por mensajes anti-inmigración y anti-Unión Europea que diarios sensacionalistas como The Sun han propagado en los últimos años.

‘Recuperemos de nuevo nuestro país’

Existe entre los británicos la sensación de que cada vez hay más inmigrantes procedentes de los países pobres de la Unión Europea -tales como España, Italia o Grecia- y de países musulmanes -Pakistán-. “Pronto Inglaterra dejará de ser Inglaterra” proclamaba un inglés ante las cámaras de la BBC, “seremos simplemente una isla llena de extranjeros”. Una de las condiciones propuestas por Cameron ante la Unión era retomar el control de sus fronteras para terminar así con la libre circulación de personas, base del Tratado de Maastricht de 1992. Una propuesta que el resto de países miembro consideró incómoda e innegociable, pero que para los ciudadanos de Reino Unido se plantea como una medida más que necesaria. Pese a la multiculturalidad de la que siempre ha hecho gala el país, de este descontento general con la llegada de inmigrantes nació, hace cinco años, un movimiento de extrema derecha que ya cuenta con más de un millón de seguidores en su página de Facebook y un periódico propio. Se trata de ‘Britain First’, esa “patrulla cristiana” que sigue la estela del Amanecer Dorado griego o del Frente Nacional francés.

Bajo la consigna de “Recuperemos de nuevo nuestro país”, Paul Golding y Jayda Fransen se dedican a organizar manifestaciones y dar discursos racistas en diferentes ciudades del país. Al principio, se dedicaban a protestar por la construcción de mezquitas: boicoteaban su apertura con gritos y pancartas. “Estamos todos aquí para oponernos a esta mezquita. (…) Porque donde haya una mezquita, habrá musulmanes y donde haya musulmanes, habrá radicalización. No podemos dejar que se queden con nuestro país. Nosotros somos los británicos y vamos a hacer que este país vuelva a ser nuestro”- proclamaba Fransen ante la mezquita de Dudley.

Al tiempo que su popularidad y seguidores crecían, lo hacían sus provocaciones. Comenzaron a pasearse por los restaurantes que servían carne ‘halal’ musulmana y amenazaban a sus dueños con que tomarían acciones contra ellos si no dejaban de servir este producto. Afirmaban que con el 2.5% de los beneficios que obtienen de su venta lo destinaban a pagar el impuesto anual ‘zakat’, con el “que financian el terrorismo yihadista”. Nada más alejado de la realidad: todo musulmán debe donar ese 2.5% del total de su riqueza a la caridad para ayudar a los más necesitados de su ciudad.

La BBC emitió un documental el pasado año en lo que fue un intento de ‘Gran Bretaña primero’ por mostrarse a sí misma como un futuro partido político, alejado de acusaciones racistas- han subido a su página web fotos con personas de diferentes etnias-, al que la persona de a pie puede votar.

Sin embargo, el efecto conseguido no fue el esperado. El reportaje se publicó sin censura alguna, lo que provocó el enfado de la organización. Los tensos momentos en los que tanto Fransen como Golding, insultaban, provocaban y, al final, increpaban a un musulmán al que instaban “a volver al desierto de donde venía” desencadenaron la reacción del incrédulo periodista que estaba grabando. Desde ese momento, la organización dejó de contestar las llamadas de la BBC. Tras cuatro meses de rodaje, el documental se daba por acabado.

Ahora Europa contempla, incrédula, cómo el Reino Unido, un país emigrante e inmigrante reniega de su propio ser. Trump -candidato a la presidencia de EE.UU.- y Le Pen -líder del Frente Nacional- ya han expresado sus felicitaciones al pueblo. Por el momento, Cameron seguirá, hasta que tengan lugar unas nuevas elecciones el próximo octubre, como presidente en funciones. Ahora sólo queda en Gran Bretaña la incertidumbre del qué vendrá y la expectación del por qué se ha llegado hasta aquí.