Pie de foto: Gustavo Faverón/Editorial Candaya.   

El relato de Daniel –erudito literario encerrado en una clínica psiquiátrica por la muerte de su novia- centra la narración de la primera novela del escritor, profesor y periodista peruano Gustavo Faverón Patriau: El anticuario (Candaya 2015).  Nacido en Lima en 1966, Faverón se sumerge en el género literario por excelencia con una crónica que juega con la pasión y la racionalidad de los personajes así como con las hipótesis e intrigas del lector.

El alter ego del autor en el libro, Gustavo –comparten nombre de pila- se encarga de descifrar, sufrir y escuchar una historia de violencia, soledad y literatura que su antiguo amigo de juventud, Daniel, le cuenta a través de diferentes conversaciones. Faverón diseña entonces un relato que el lector no puedo interpretar únicamente de manera cronológica. Los cuentos y fábulas que los distintos personajes de la obra transmiten y narran se entrelazan, creando una oscura historia que sólo alcanza la claridad si es entendida en conjunto.

El anticuario reúne  las características básicas que todo buen thriller debe de tener para crear expectación: crímenes macabros, una verdad oculta y un personaje que se convierte en detective de manera desafortunada. Sin embargo, Gustavo Faverón mezcla diferentes vertientes en una misma crónica. El acento americano de la clásica novela noir al más puro estilo Raymond Chandler en Adiós, muñeca  se entremezcla con las reflexiones de los protagonistas acerca de los límites de la cordura propia con la locura ajena. El lector podrá verse envuelto en un relato que más bien parece una pesadilla, en el que los mensajes cifrados, las verdades a medias y los hechos narrados no son siempre lo que dicen ser. Quizá, el mayor éxito de Faverón en la novela sea dotar de sentido y coherencia a una historia contada principalmente por un Don Quijote gótico y huraño acusado de ser un asesino.

Faverón se desprende rotundamente del negro y del blanco, la gama de grises se suceden frase a frase, párrafo a párrafo, situando al lector en el papel de confidente y juez acerca de los hechos

Gustavo, el personaje y narrador de la obra, se enfrenta a un pasado al que dio la espalda para poder mirar a su futuro. Para ello, recorre las calles que creía olvidadas, de la misma manera que el joven poeta García Madero  recorría las calles de México D.F. durante  1975 en la deliciosa novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Faverón es, junto a Edmundo Paz Soldán, creador de Bolaño Salvaje  (Candaya, 2008, edición aumentada en 2013), una obra que reúne textos de distintas personas cercanas al poeta y escritor chileno. La influencia de éste en la novela de Gustavo Faverón es más que notable, así como la de otros escritores latinoamericanos de renombre como la del argentino Ricardo Pligia –tanto Faverón como él han sido profesores en distintas universidades estadounidenses-.

La oscura línea argumental –Daniel, el personaje clave de la novela, está encerrado por el asesinato despiadado de su novia- engulle a todos los hombres y mujeres que se involucran en la historia. Faverón se desprende rotundamente del negro y del blanco, la gama de grises se suceden frase a frase, párrafo a párrafo, situando al lector en el papel de confidente y juez acerca de los hechos. El argumento, inspirado por un antiguo amigo del autor que cometió un asesinato y años más tarde acabaría quitándose la vida por la culpa, no cae en giros de guión rocambolescos o forzados. Se construye, casi de manera circular, desde la primera hasta la última página de la novela.

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Portada El Anticuario.

Entremezclando diferentes lugares comunes de la novela latinoamericana y el suspense más clásico del género negro, Gustavo Faverón no se resiste en la inclusión de pistas falsas, testimonios sorpresa o interacción con la policía, durante los momentos más complicados y oscuros de la investigación de Gustavo –el personaje-, que se entrevista con los antiguos compañeros de su amigo, todos ellos literatos en menor o mayor medida, en la búsqueda de la verdad.  Esta hoguera de sospechas, crímenes, violencia y literatura ha cautivado a grandes nombres como Mario Vargas Llosa o Daniel Alarcón.

Los antiguos pecados de los personajes creados por Faverón, la delgada línea que separa la genialidad de la locura, así como los monstruos que guardamos en nuestro interior y que, a veces, nos marcan el camino, se entrelazan en una sombría historia que hará reflexionar al lector de la mano del autor. Gustavo Faverón abre una ruta clara y racional en una mente, la de Daniel, caótica y desenfrenada, en un thriller crudo y oscuro altamente recomendable.