“La nación germana estará a su merced”. Con estas palabras, pronunciadas en alemán por Hermann Steinschneider, más conocido como Erik Jan Hanussen, consiguió algo que ni el mejor de los mentalistas de la historia podría haber llegado a imaginar, ganarse el favor de Hitler y su partido nazi siendo judío e ilusionista. Esa frase, dicha a principios de los años 30, cuando aún el movimiento Nacional Socialista era solo un partido minúsculo de la extrema derecha cambió todo el devenir de su vida, y eso que no fue su mejor número. Poco después, otra predicción, dicha esta vez sobre un escenario, le llevó a la muerte, según parece a manos de los mismos que tiempo atrás habían amado esa forma de ver el futuro.

Hanussen es de ese tipo de hombres que pasó a la historia igual que pasó por la vida, sin hacer ruido, desapareciendo y volviendo a aparecer, siempre presente pero nunca estancado, consiguiendo así estar en todos lados sin estar en ninguno. Ahora, por ejemplo, es el escritor Gervasio Posadas el que recupera a este personaje tan oscuro y particular de la Alemania de los años 30 en su novela ‘El Mentalista de Hitler’.

Una novela coprotagonizada por un personaje que, como no, se encontró prácticamente por casualidad. “Llevaba tiempo rondando la idea de escribir algo sobre el ascenso al poder de Hitler cuando, en una conversación con mi amigo Fernando Navarro, gran experto en temas del nazismo, me mencionó a Hanussen. A mi me sonaba, pero no acababa de situarlo bien en su contexto. Empecé a leer sobre él y el personaje tiene una historia tan increíble y me atrapó de tal manera que no pude evitar ponerme a escribir”, cuenta el escritor a El Acróbata.

Según describe Posadas en su libro, este Hanussen era toda una estrella en aquel Berlín de Entreguerras que se debatía entre la miseria, y la humillación, que vivían sus habitantes y las ganas que tenían aquellos por salir adelante y olvidarse de sus problemas. Llenaba teatros y locales con sus shows, mezclando en el interior de su público la sensación de asombro y disfrute con la del miedo por lo que un hombre y una mente podía llegar a hacer. Conocido por su hipnosis, sus dotes de ocultismo y de astrólogo a este austriaco de padre judío, actor y guarda de una sinagoga de Viena, le llovían los fans, entre los cuales apareció, el que posteriormente buscaría con ahínco acabar con toda la religión judía y los relacionados con ella, Adolf Hitler, y toda su prole.

Portada de 'El Mentalista de Hitler'

Portada de ‘El Mentalista de Hitler’

Los datos no son muy exactos debido a la desaparición de todos los documentos que hablaban sobre la relación entre el líder del III Reich y el astrólogo, pero según los investigadores Hanussen y Hitler se habrían reunido al menos 3 veces. Los dos austriacos no solo se habrían reunido para hablar del futuro de Alemania sino que, antes de las elecciones de noviembre de 1932 Hanussen habría llegado a enseñar a Hitler diferentes técnicas que el prestidigitador usaba para ganarse a las masas. Clases magistrales que habrían ayudado a Hitler a conseguir la victoria definitiva para instaurar su dictadura.

“Después de tantos años y de la desaparición de toda la información que había en los archivos del partido nazi sobre él, solo podemos conjeturar sobre la dimensión de su influencia. Hanussen no tenía una relación recurrente con Hitler, parece que se reunió con él tres veces, pero le ayudó a recuperar la confianza en sí mismo en un momento en el que el partido nazi y él mismo estaban en serias dificultades después de haber perdido dos millones de votos en unas elecciones. Dentro del partido surgen voces que piden cambiar a Hitler por una cara más dialogante y él amenaza con suicidarse. Hanussen le tranquiliza y le reafirma en su convencimiento de que su destino es gobernar Alemania”, explica Posadas, que ha estado investigando al detalle toda la historia del mentalista. Según cuenta, Hanussen habría sido clave para el futuro de Hitler en un momento que pudo cambiar la historia.

Pero parece que la relación va empeorando con el tiempo a medida que los nazis se hacen con más poder. Los dos hombres van separándose, uno cada vez gana más poder en Alemania y el otro se centra más en sus shows en su Palacio del Ocultismo, un teatro solo dedicado a sus shows en pleno Berlín. Pero hay una predicción que pone punto y final a la suerte de Hanussen con los nazis, y a su vida. A principios de 1933 predice el incendio del Reichstag, el Parlamento alemán, un incendio que finalmente ocurrió el 27 de febrero, según parece a manos de militantes del partido nazi.

Todo apunta a que Hanussen lo predijo valiéndose de información privilegiada conseguida por su relación con los supuestos autores y esto enfurece a Hitler y a los suyos. Deciden clausurar el Palacio de Ocultismo, prohibir todas sus actuaciones y la noche del 24 al 25 de marzo del mismo año el cuerpo sin vida del mentalista aparece en Stahnsdorf, una localidad cercana a Berlín, donde finalmente fue enterrado. No se sabe quién pudo ser el autor o los autores pero todo apunta en la misma dirección, el nazismo.

“Un judío que ayuda a Hitler es una idea casi inconcebible”

Erik Jan Hanussen si pasaría a la historia debido a su fama en el Berlín de los años 30 pero poco a poco su nombre fue desapareciendo dentro de aquel archivo gigante que supuso para el mundo la llegada del régimen nazi a Alemania y todo lo que ocurrió después. El mentalista pasó a ser uno de esos tipos incómodos y extraños que marcan excepciones en el transcurso de la historia, de esos tipos que acaban por ser olvidados.

Gervasio Posadas lo explica de esta manera: “Hanussen es un personaje incómodo, al que resulta difícil colgar etiquetas y al que nadie tiene mucho interés en reivindicar. Un judío que ayuda a Hitler es una idea casi inconcebible a la luz de los acontecimientos posteriores”.

Así se acabó la historia, o leyenda, de Hanussen, un hombre incómodo que rompió los esquemas nazis haciéndose un hueco en el abanico de personas de confianza de Hitler sin saber muy bien cómo. Un hombre que como define el escritor: “Era un personaje fascinante, difícil de catalogar, extremadamente inteligente, muy carismático, con un gran encanto personal, muy generoso y, a la vez un frívolo, arribista, vanidoso, un mal enemigo si lo tenías enfrente. Un jugador que necesitaba constantemente la adrenalina de una apuesta cada vez más alta y aparentemente imposible”.