Se trata de una generación de estudiantes que se han enfrentado a un nuevo sistema de educación superior cuya implantación en todos los centros universitarios se hizo realidad hace cinco años. Con él profesores y alumnos han visto cómo muchas carreras se han reducido un año -pasaron de cinco a cuatro años-, otras se han alargado doce meses más -de tres a cuatro años- y otras, en su minoría, se han mantenido.

De esta manera los estudiantes han dejado de pronunciar la palabra ‘licenciatura’ y ‘diplomatura’ para hablar de ‘grado’: Trabajo de Fin de Grado, prácticas en grado, graduados, etc. A este joven sistema que ha dividido la educación superior en tres niveles -Grado, Máster y Doctorado- se le conoce como el 4+1 4 años de grado + 1 de máster y busca ser sustituido por el llamado 3+2, 3 años de grado + 2 de máster, aprobado ya por Real Decreto el pasado mes de enero.

Entre todos esos graduados se encuentra Berta, quien se dio cuenta de que tras doce años trabajando con su titulación de Ingeniería Técnica Aeronáutica ésta no era suficiente para ser reconocida profesionalmente.  “Con esto de los grados lo que te dejan claro es que una Ingeniería Técnica no era una suficiente titulación para trabajar en Europa”, comenta. Por ello se vio obligada a adaptar su titulación a grado, de hecho, para convalidar su vida profesional por créditos, cursar dos asignaturas (Inglés e informática) y matricularse doblemente del Trabajo de Fin de Grado (TFG) ha pagado 4.000 €.

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Berta Hernández, estudiante de Ingeniería/Alejandro Martínez Vélez

 “He gastado tiempo y dinero en conseguir un papel que diga que puedo hacer lo mismo que he estado haciendo antes”

Pero después de que ella se adaptase al sistema, es el sistema el que vuelve a cambiar.  “El 3+2 me ha servido como elemento desmotivador”, lamenta. Recuerda que mientras estaba haciendo el TFG se enteró de la reforma. “Ya que he llegado a este punto tengo que terminar”, asegura. “Ahora el Gobierno dice que los grados van a ser de tres años que tú si te quieres especializar tienes que hacer dos años más. Entonces, ¿qué he estado haciendo hasta ahora?, ¿he estado haciendo el tonto? He gastado tiempo y dinero en conseguir un papel que diga que puedo hacer lo mismo que he estado haciendo antes y que hasta hace dos años cuando me gradué”. Para ella su paso por la Universidad Politécnica de Madrid donde está realizando su adaptación- ha sido “una pérdida de tiempo y de dinero”. Después de esta experiencia considera que es más  productivo centrarse en un MBA (Master in Business Administration) o en aprender inglés, “va a estar mucho más valorado el inglés que la adaptación”, asegura.

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Pedro J. Lobón, estudiante de Bellas Artes/Alejandro Martínez Vélez.

 “Te enseñan muchos palos, te ponen los dientes largos, pero luego nada”

“Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”, escribió una vez el poeta Jaime Gil de Biedma, y así fue como se dio cuenta Pedro de que sus estudios en Bellas Artes (Universidad Complutense de Madrid) tal vez sólo le hayan servido como ‘hobby’ y no como una carrera que le vaya a dar comer. “Esto es para mí, no para mi ámbito de trabajo, a lo mejor me tengo que buscar un oficio de verdad, y es posible… Y tranquilamente lo hago eh, orgulloso de ello y sin ningún prejuicio”, dice sonriente. Cuenta que buscaba en la universidad adquirir las dotes necesarias para pintar y que en ella encontró a profesores que se desvivían por sus alumnos por pura vocación. Y que también dio con otros que o bien “te dicen que te compres su libro” o bien están “enchufados”, “hay enchufados que al menos se lo curran”, matiza.

Lamenta que la carrera la hayan reducido de cinco a cuatro* años “han quitado horas de las básicas y han metido créditos por todos los lados: performance, tecnologías en el arte. Te enseñan muchos palos, te ponen los dientes largos, pero luego nada. Te quedas volátil sin agarrarte a nada”. Asegura que es capaz de diferenciar quién es de licenciatura y quién es de grado a través de sus pinturas  “es por la mano, se ve que [los de licenciatura] tienen más técnica, más práctica”. Y se compadece de los que vienen detrás “joder si ya me han fastidian lo cuatro años con el tres 3+2 pues pobrecillos los que vengan si lo implantan. Aquí no funcionaría” De hecho, una de las cosas que tiene claro es que, por ahora, no hará un máster “aquí hay dos: educación e investigación, pero es un dinero que no estoy dispuesto a pagar”, explica.

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Jorge, estudiante de Ciencias Políticas/Alejandro Martínez Vélez.

 “Se ha hecho sin ningún tipo de consenso democrático entorno al estudiantado, profesores, rectores etc. No ha habido debate ni en las aulas ni  de los profesores”

La vida de Jorge cambió cuando dejó las leyes por la política y el activismo social, cuando se alejó del concurrido campus de Ciudad Universitaria donde se encuentra la mayor parte de las facultades de la Universidad Complutense de Madrid- y se trasladó al alejado Somosaguas. Cuando se dio cuenta de que Ciencias Políticas era la carrera que cumplía sus expectativas y no Derecho. Otra cosa ya será cuando se enfrente al mercado laboral, según comenta.

Para él hubiese sido más fácil compatibilizar un trabajo o “cualquier tipo de activismo social, cultural o político” si estuviese estudiando licenciatura. Para él ‘El plan Bolonia’ deja muy poco margen de maniobra para los estudiantes. Asegura que es más exigente, de hecho, las clases, las prácticas y los seminarios son presenciales y eso “deja muy poco margen al estudiante para su desarrollo libre y personal de adquirir conocimiento”. Su crítica también se traslada a la reforma universitaria 3+2 “es una completa patraña”, dice. “Se ha hecho sin ningún tipo de consenso democrático entorno al estudiantado, profesores, rectores etc. No ha habido debate ni en las aulas ni por parte de los profesores”. Reconoce que en la actualidad con este nuevo modelo sí podría estudiar gracias al nivel adquisitivo de su familia, pero asegura que se trata de la ‘elitización’ de la universidad porque “se está restringiendo el acceso de la universidad a los que tienen menos nivel adquisitivo y se hace una segregación entre los estudiantes: los que tengan mejores oportunidades económicas tendrán derecho a poder cursar un máster, y la gente que no pueda se quedará con su grado de tres años. En el mercado va a servir de muy poco y serán mano de obra barata, serán graduados de segunda”.

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Luis Herradón, graduado en ADE/Alejandro Martínez Vélez.

 

“Lo considero como: ‘ya no queremos tanta gente súper formada, sino súper formada para ciertos temas'”

 

En una escala del 1 al 10 la carrera de Administración y Dirección de Empresas (ADE) está valorada con un 9 por el joven Luis. Su nota se debe al contenido, a la implicación de los profesores y a la proyección de la carrera, según explica. Y todo en la universidad Carlos III de Madrid.

Él y su familia han invertido unos 12.000€ en sus estudios de grado, máster en económicas y doctorado en el sector de la ganadería. A pesar de sus titulaciones no cree que sea necesario estudiar un máster para acceder al mercado laboral. “Yo he hecho porque quizás habría necesitado dos carreras para lo que quería”, explica.  “Tengo amigos que han querido hacer un máster porque hablaban del prestigio, pero no creas que les ha ido bien. Muchos me han comentado que no sabían por qué lo habían hecho si todo lo que le habían dado ya lo sabía. Ahí está por saber si la culpa es la falta de conocimientos por parte del master o exceso por parte de la carrera de darte esa formación, pero mis compañeros muchos de ellos no han necesitado el máster”.

Luis cree que en su carrera le ha faltado tiempo para estudiar: “quizás a Bolonia lo que pasa es que lo quieres hacer todo tan rápido que te quita tiempo”. “Hay materias que son más profundas y quieres profundizar en ciertos tema y con esto de que tienes que dedicarle más a cada asignatura tanto de tu tiempo de clase como de casa… pues tienes menos asignaturas”. Además, considera que algunas de ellas podrían haberse agrupado de forma anual y que se hace demasiada separación entre cuatrimestres.

Por otro lado, su valoración al 3+2 es positiva si no se tuviese en cuenta el “afán recaudatorio” de esta medida. Cree que es correcta en cuanto a la posibilidad de especializarse e incorporarse más rápido al mercado laboral. “Lo considero como ‘ya no queremos tanta gente súper formada, sino súper formada para ciertos temas: no quiero a uno que sepa hacerme balances, un plan de marketing y un plan general de empresa, sino que quiero a alguien que se sepa hacerme un balance perfecto, a otra persona que me haga  las cuentas de la empresa perfectamente y otro que sea el mejor de lo suyo en marketing´. En tres años es factible esto, con lo cual te plantas antes en el mercado laboral y te plantas mejor”.

Fue en 1999 cuando los países europeos soñaban con un espacio de educación común donde las carreras tuviesen la misma validez más allá de las fronteras de cada estado. Así, pues, España fue de los primeros en apuntarse a la creación del denominado ‘Espació de Educación Superior Europeo’ (EEES), firmando la llamada ‘Convención de Lisboa’ junto a otros 28 países. Sin embargo, tuvieron que pasar ocho años para que se aprobase por Real Decreto este nuevo modelo de educación y tres más para su total implantación en el país.