Bandera de

Imagen de la bandera independentista de Cataluña / Procsilas Moscas (Flickr)

Cuando comienza una campaña electoral y nos vemos sumergidos por un tsunami de slogans y encuestas no solemos parar a preguntar a qué se debe la posición de los partidos en uno u otro lado de los gráficos que vemos día tras día en los medios de comunicación. Esto es debido a que solemos identificarlos fácilmente con su posición respecto a una temática especifica: la inversión en políticas sociales, el fomento de la tradición, la fórmula de modelo de Estado, etc. El problema reside cuando aceptamos, sin analizar, estos mapas electoras sin comprobar si de verdad los partidos políticos se encuentran de esa forma posicionados.

Respecto a la actual campaña catalana el posicionamiento reside en respaldar, o no, lo que ha sido la temática que ha dirigido los debates y ha vertebrado el escenario político: la independencia. Debido al reduccionismo característico de las campañas electorales, es común que éstas pivoten alrededor de una idea básica que sea atractiva y llamativa para el electorado. Pero estos ejes temáticos reducen la complejidad del debate político y lo simplifican tanto que acaban transmitiendo una imagen desfigurada del escenario real. En el caso de las elecciones catalanas, por un lado tenemos dos candidatura que justamente se fundamentan en la temática central de la campaña, Junts pel Si y la CUP, favorables a la independencia. Mientras que en el otro lado del tablero tenemos una conjunción de partidos que dudosamente parecen compartir plano pero que, sin embargo, las encuestas afirman que expresan por igual su rechazo frente a la independencia. Una muestra de nuevo del reduccionismo de campaña es que se haga compartir espacio a formaciones tan ideológicamente distantes como el PSC, el PP, Unió, Ciudadanos o Catalunya Sí que es Pot.

Pero, ¿podemos afirmar que estas formaciones se posicionan de la misma forma ante la independencia? Si dejamos de lado las respuestas maniqueas, nos encontramos con una variedad bien diferenciada de posiciones políticas: el Partido Socialista Catalan defiende claramente otorgar a Cataluña mayor autonomía a través de un replanteamiento federal de la configuración del Estado; el Partido Popular y Ciudadanos se sitúan a favor de la unidad nacional de España y se oponen a otorgar a Cataluña mayores poderes autonómicos de los que ya tiene; Unió rechaza un planteamiento unilateral de independencia y promueve el dialogo entre Cataluña y España para ello; y Catalunya Sí que es Pot defiende el derecho a decidir de los catalanes aunque afirma que  prefieren una Cataluña dentro de una España federal a una Cataluña independiente.

Debido al reduccionismo característico de las campañas electorales, es común que éstas pivoten alrededor de una idea básica que sea atractiva y llamativa para el electorado. Pero estos ejes temáticos reducen la complejidad del debate político y lo simplifican tanto que acaban transmitiendo una imagen desfigurada del escenario real

Como se puede comprobar fácilmente el plano electoral no es tan simple como nos muestran las encuestas. Pero la simplificación y el reduccionismo de las campañas electorales viene marcado por el eje temático principal de estas que, a su vez, es establecido como tal en la agenda política por actores específicos. En el caso del eje de la independencia, aunque históricamente ha pervivido y ha sido exaltado mediáticamente, es fácil observar qué actor ha sido el que ha propiciado que se convierta en la base de todo el discurso y posicionamiento político de cara a las elecciones. Hablo, no específicamente de la candidatura de Junts pel Si, sino del partido Convergencia liderado por el presidente de la Generalitat, Artur Mas.

Con unas encuestas que situaban a Mas fuera del Palau de la Generalitat, Convergencia situó en la agenda política el tema de la independencia, desplazando el resto de las cuestiones del debate electoral como los casos de corrupción de su partido, la sanidad, la educación, el escándalo de la familia Pujol, etc. Tras esto, no solo logro conformar una candidatura con partidos políticos con tendencias programáticas opuestas, sino que anuló la posibilidad de que la campaña fuera un instrumento de rendimiento de cuentas de la actividad y gestión del Ejecutivo catalán durante los últimos cuatro años. Además, configuró un plano electoral que otorga a esta nueva candidatura un posicionamiento preferente mientras que reduce el espacio de los otros actores intentando igualar sus posturas. Por lo que podemos afirmar que las temáticas o ejes vertebradores de las campañas no son inherentes a los partidos políticos ni son elementos naturales de los contextos, sino que son principalmente líneas discursivas estratégicas que se ven incentivadas y colocadas en la agenda por estos.

Por ello, cuando comienza una campaña electoral, ante el tsunami de slogans y encuestas que no nos permiten vislumbrar la realidad del mapa político, es recomendable apagar la televisión, bajar la radio, dejar el periódico a un lado y preguntarnos ¿Qué, quién y en qué condiciones genera el debate político?