Abre el mapa que quieras, o busca en un globo terráqueo. Si eres tan digital que no tienes nada de esto métete en Google Maps y vete directamente al Pacífico Sur. Ese gigante espacio lleno de agua y perforado por pequeñas motitas de pequeñas islas que se encuentra al este de Australia y América del Sur. Entonces mira uno a uno el nombre de la diáspora de ínsulas que llenan ese espacio, todos bastante extraños hasta un nombre, que te sonará más familiar de lo que imaginas. El Archipiélago Juan Fernández, un nombre tan español, tan llano, tan poca cosa que te dejará un poco trastocado. ¿Qué hace un archipiélago al otro lado del mundo con un nombre que podría ser el de mi vecino?

Lo cierto es que un territorio como ese con un nombre, y un apellido, tan peculiar en pleno siglo XXI se sabe de sobra que tiene que tener una historia muy interesante detrás, y la de estas islas y su Juan Fernández no iba a ser menos. Allí, en el apartado y virgen Pacífico Sur, este pequeño conjunto de islotes fue uno de los enclaves del Imperio español en Ultramar y vivió el auge de los marinos que salieron de las costas ibéricas para ganarse la fortuna y la fama que solo los verdaderos aventureros añoran. Un lugar mítico que con, piratas, marinos, cárceles, tesoros y hasta con Robinson Crusoe se hizo legendario.

Eso, lo de la fama y la fortuna, procuraba el bueno de Juan Fernández, el protagonista de esta historia, cuando llegó con su misión de aventureros a mediados del siglo XVI al Pacífico Sur. Fernández, navegante comercial y hombre de negocios, además de aventurero, descubrió las Islas que dejarían su nombre pegado a los mapas para siempre, en pleno viaje en búsqueda de nuevas rutas que aligeraran los larguísimos trayectos que debían recorrer los comerciantes por los mares americanos para poder llevar las mercancías de un lugar para otro.

mapa archipielago Juan Fernández

Mapa archipiélago Juan Fernández

La Corriente de Humboldt hacía que cada viaje de la zona norte del continente americano hacia el sur se hiciera interminable ya que los navíos tenían que navegar numerosas millas contracorriente de cabo en cabo hasta encontrar su destino.

Cansado por esta pérdida de tiempo, nuestro navegante quiso optimizar el trayecto y decidió probar a alejarse de la costa intentando evitar la corriente, sólo navegando en ella cuando tuviera que acercarse a la costa. Acertó de pleno, tanto que hasta en medio de su trayecto encontró unas islas vírgenes cerca de las costas de Chile a las que decidió poner su nombre. El 22 de 1574 se quedó como el día del descubrimiento del Archipiélago Juan Fernández que pasó a engrosar las listas de propiedades de la Corona española. Aunque como la mayoría de los territorios de Ultramar quedaría en el olvido de las autoridades ibéricas ante la imposibilidad, física y técnica, de poder controlar todas sus posesiones.

El archipiélago, compuesto por dos grandes islas. La isla Robinson Crusoe (antiguamente llamada Más a Tierra) y la isla Alejandro Selkirk (antiguamente llamada Más Afuera) un gran islote llamado Santa Clara e islotes pequeños, quedó a la suerte de corsarios y piratas que lo usaron para esconderse y guardar sus botines hasta 1749. En ese año los españoles, cansados de mantener una guarida para sus enemigos construyeron un fuerte amurallado llamado de Santa Bárbara en la Isla Más a Tierra y convirtieron el lugar en un enclave táctico para controlar el Pacífico Sur.

Mapa de las Islas del Pacífico chilenas

Mapa de las Islas del Pacífico chilenas

Conquista chilena y el enemigo Robinson Crusoe

Si hubo un momento en el que Juan Fernández desde su tumba podría temer por su lugar en en la historia mundial ese fue con la explosión de Robinson Crusoe. La novela de Defoe publicada en 1719 y que cobró en seguida fama mundial, tiene su escenario en una de las islas del Archipiélago Juan Fernández.

Y aunque en ese momento no se temía por el nombre de esas islas lo cierto es que posteriormente y tras la conquista chilena de las islas en su independencia del imperio hispánico, los gobernantes del país decidieron cambiar el nombre de las islas. Por un motivo que no queda muy claro, el archipiélago mantuvo su antiguo nombre pero sus islas variaron tomando el nombre una de Robinson Crusoe y la otra de Alejandro Selkirk, marino escocés cuya historia sirvió de base para la de la novela.

Robinson Crusoe

Robinson Crusoe

Juan Fernández pudo mantener su lugar en los mapas pero lo cierto es que el archipiélago, cosas del marketing, se quedó en el recuerdo de la mayoría porque allí fue donde naufragó y sobrevivió el mítico Crusoe de Defoe.

Un paraíso místico

Lo cierto es que pese a la pequeñez y el lugar donde se encuentra este territorio desde su descubrimiento ha sido un enclave muy especial. El paso de los corsarios dejó leyendas de tesoros míticos, la I Guerra Mundial vivió una de sus historias más rocambolescas en sus costas y hasta cuenta con un buque de la época hundido bajo sus costas. Las historias de Juan Fernández y Robinson Crusoe solo son dos más que entran en la historia mítica de unas islas perdidas en el mar que tienen mucho que contar.

Al menos, a partir de 1935 es una de las reservas de la biosfera protegidas por la UNESCO, cuenta con un gran arrecife de coral y hasta con sus propias especies endémicas. Solo habrá que esperar, y desear que el paraíso de este murciano siga igual al menos otros 4 o 5 siglos más.

Plano antiguo del archipiélago Juan Fernández

Plano antiguo del archipiélago Juan Fernández