Sede de la BBC en Londres /

Sede de la BBC en Londres / Mike_Fleming (Flickr)

Las nuevas tecnologías están cambiado los hábitos de los televidentes. El auge de plataformas digitales como Yomvi, HBO Go, Amazon o Netflix ha provocado que los usuarios ya no tengan que acudir puntualmente a su cita con el televisor, sino que pueden disponer de sus contenidos favoritos cuando y donde quieran a través de Internet. Incluso las cadenas generalista y los entes públicos han apostado en los últimos años por desarrollar plataformas digitales para consumir sus productos vía online. Esta transformación del modelo de consumo televisivo ha pillado a la primera compañía pública de radiodifusión del mundo, la BBC (British Broadcasting Corporation), con el pie cambiado, lo que unido a los recelos que despierta entre el Ejecutivo conservador de David Cameron, amenaza con volar por los aires un modelo de éxito construido a lo largo de casi un siglo.

El principal problema con el que se encuentra la cadena pública británica tiene que ver con su modelo de financiación. La BBC se financia principalmente, desde hace 70 años, a través de una cuota anual (de 280 euros) que pagan los hogares que ven televisión en directo. El ejercicio pasado la cadena recaudó 5.240 millones de euros mediante esta tasa. Sin embargo, el número de hogares que declaran no ver televisión en directo ha crecido de forma inesperada. Según Ofcom, el organismo regulador de las telecomunicaciones británicas, el 69% de los adultos ve televisión en directo, pero el porcentaje baja al 50% entre los jóvenes, de entre 16 y 24 años, más familiarizados con las nuevas tecnologías.

Además, el ente público no ha escapado al tijeretazo en el gasto público que promueve Cameron. En 2010, el anterior Gobierno de coalición entre tories y liberales demócratas decidió congelar la tasa hasta 2017, mientras que, este ejercicio, con una mayoría absoluta de conservadores en el Parlamento, el Ejecutivo ha decidido eliminar de un plumazo un 18% de lo que ingresa la BBC con el canon. La entidad, según anunció el pasado 8 de julio el canciller del Exchequer (el ministro responsable de los asuntos económicos y financieros), asumirá a partir de ahora la financiación del canon a los mayores de 75 años, algo que venía haciendo el Ministerio de Trabajo. De este modo, el Gobierno se ahorra 630 millones de los 12.000 millones de libras de gasto público que se ha propuesto recortar.

Como no podía ser de otra manera, este importante “hachazo” a las vías de financiación de la cadena se ha traducido en despidos y recortes en el ente púbico. Así, la BBC ya ha anunciado que despedirá a 1.000 empleados -cerca de un 5% de su plantilla- y ha trasladado la emisión de algunos canales, como el juvenil BBC Three, a su plataforma online.

Motivaciones políticas

Sin embargo, no todos los argumentos contrarios al actual modelo de gestión de la BBC están relacionados con cuestiones de índole financiera. De hecho, no es ningún secreto que el actual primer ministro, David Cameron, no es partidario de una televisión pública que, a su juicio, se excede en tamaño y mantiene una tendencia supuestamente izquierdista. Prueba de ello es el nombramiento del diputado John Whittingdale, antiguo asesor de Thatcher y una de las figuras más críticas del partido tory contra la radiotelevisión pública, como nuevo ministro de Cultura.

“¿Debe la BBC continuar siéndolo todo para todo el mundo?”. Con esta pregunta presentó Whittingdale el pasado mes de julio un informe elaborado por el Ejecutivo sobre el futuro de la cadena pública y que servirá de base para reformar el estatuto constitutivo de la entidad, cuando el vigente venza en diciembre de 2016. Dicho estatuto, como explica el profesor de Historia del Periodismo Universal de la Universidad Complutense de Madrid, Ángel L. Rubio, es el que “garantiza la independencia del medio frente a controles de tipo político o comercial”. “La carta se renueva cada diez años. Ahora debido a que el periodo de vigencia expira a finales de 2016, el Gobierno británico se está planteando realizar una reforma en profundidad que afectaría a su dimensión, los contenidos que emiten y los objetivos de la corporación”, explica Rubio.

El informe dibuja una transformación total de la BBC hacia una televisión más pequeña, austera y que acabaría con una de sus principales características: su vocación de universalidad. “Ese carácter que tiene la BBC que hace que sus contenidos, desde prácticamente sus orígenes, traspasen las fronteras nacionales es una característica del propio medio desde su constitución inicial. En la Segunda Guerra Mundial el papel desempeñado por BBC Radio fue determinante para los objetivos británicos y gracias al modelo informativo aplicado se convirtió en un referente inmediato para seguir los avatares de la guerra y por ello se realizó un esfuerzo especialmente importante para que los contenidos de la BBC llegaran sin dificultades a numerosos países y en sus lenguas respectivas”, asegura  el profesor universitario. La BBC es hoy un monstruo que emplea a cerca de 20.000 personas y cuenta con un presupuesto público anual de 4.800 millones de libras. Hasta 48 millones de británicos ven la BBC 18 horas por semana.

En lo que respecta a su funcionamiento interno, el ministro de Cultura indicó que el Ejecutivo pretende revisar el sistema de gobernanza de la BBC que, en su opinión, “ha estado muy por debajo de los estándares exigibles”. Entre las medidas propuestas está trasladar las funciones del BBC Trust, el consejo independiente que ahora rige la corporación, a Ofcom, regulador de las comunicaciones en el Reino Unido, y cuyos responsables son designado por el Gobierno de turno. Esta decisión, según han denunciado desde la oposición, pondría el riesgo la imparcialidad y autonomía del medio de comunicación, otra de sus características fundacionales y que convierten a la BBC en referente mundial de la televisión pública de calidad.