Portada de La Casa / Paco Roca

Portada de La Casa / Paco Roca

La muerte del padre es uno de los grandes temas de la historia de la literatura. A la muerte de la madre aún le quedan por hacer algunas obras maestras. El duelo por la ausencia del progenitor siempre es complicado: se fundamenta en recuerdos propios y ajenos, algunos verdaderos, otros totalmente inventados. Reconstruir la figura del padre a través de la memoria. Pero la memoria es traidora y en ocasiones solo recuerda lo peor y lo mejor. El resto, todos los demás pequeños días, los momentos que componen la existencia de una persona, se pierden. Y entonces el hijo o la hija se enfrentan al duelo de la pérdida del padre y se dan cuenta de que su figura es borrosa, de que no lo conocían demasiado bien, de que quizá no se quisieron lo suficiente. Los muertos siguen doliendo después de muertos. Duelen en el recuerdo. Pero también reconfortan.

El dibujante Paco Roca, uno de los autores de cómic más galardonados de nuestro país, publica nueva obra en la editorial Astiberri: La casa. Tres hermanos, ya adultos, con sus propias vidas construidas en torno al trabajo y la nueva familia, vuelven a la casa de veraneo de sus padres. En vez de viajar por el extranjero, o simplemente ir a la playa, su padre -como el de muchos españoles, apunta críticamente Roca- decidió pagar la escueta multa por construir en terreno ilegal y levantar una casa para que su mujer y sus tres hijos pasasen los veranos cerca del mar. Los cimientos, el tejado, el huerto, la piscina… Cada año, la casa se iba levantando sobre vidas que crecían. Pero ahora el padre ha muerto; o se dejó morir, piensan a veces sus tres hijos, y lo único que queda de él es la casa y lo que se hizo o se dejó de hacer en ella.

Imagen cómic La Casa / Paco Roca

Imagen cómic La Casa / Paco Roca

Paco Roca se enfrenta al tema de la muerte del padre enfrentándose a la muerte del suyo propio. En las páginas finales, posan, juntos y sonrientes, sentados en un banco. Su nuevo cómic, por tanto, tiene restos de su propio padre, de su propia memoria, de su propio dolor. Roca debió pensar en todas las cosas que quedaron por decir, y lo hace dibujando, con su estilo limpio, sencillo y profundamente narrativo de siempre, a tres hermanos, dos chicos y una chica, que acuden a la casa de veraneo de su infancia a sentir el vacío de sus padres. La madre murió, y el padre no tardó mucho en acompañarla. Estas cosas pasan. Los hermanos deciden arreglar la casa, cuyo deterioro, intercalado mediante pequeñas ventanas -un árbol seco, un muro roto, una pared desconchada…- entre las conversaciones de los hermanos y sus respectivas nuevas familias, muestra el deterioro que el propio padre sufrió en los últimos años. “¿Por qué dejaste de luchar?”, se pregunta uno de los hijos, el mediano, el novelista, y una vez juntos, con la pérgola, la barbacoa, la pintura, piensan en que quizá no hicieron lo suficiente.

El nuevo cómic de Paco Roca es una tarde de verano. Por sus páginas en formato cartoné desfila el tiempo, o más bien, el paso del tiempo. Se intercalan los días que fueron y los que son. Y a su alrededor flota la incertidumbre de los que serán. El autor de Arrugas y Los surcos del azar se enfrenta a otro de los grandes temas de la literatura, profundamente moderno: el del tiempo. Al final, todo parece resumirse en él. Nacemos, crecemos y morimos. Somos el tiempo que atravesamos y nos transforma. Roca lo dibuja magníficamente en sus páginas, intercalando la limpieza de la casa que tiene lugar en los días presentes con los recuerdos, envueltos en una neblina verde, malva o rojiza, vinculados a cada estancia, a cada objeto. El bidón en el que se bañaron cuando aún no habían construido la piscina. La higuera que nunca tiró y que su padre plantó pensando en los días de hambre de su propia infancia. Todos recuerdan. Todos los personajes, incluso los niños, están hechos a base de memoria.

Fernando Marías, que escribe un breve y sentido epílogo a este cómic, dice que La casa es “el libro que un chico quiso dibujar a su padre muerto” y que un libro como éste es “el último paseo juntos de padre e hijo”. Caminan juntos a través del tiempo encerrado en la memoria. Marías, al hacerse viejo, dice estar seguro de que el único tema de la literatura -y probablemente de todo lo demás- es el paso del tiempo. Roca lo dibuja a través de la evolución de una familia que podría ser cualquiera de las nuestras. Deja atrás la sátira o la épica de otras obras y se retrotrae a un ambiente cotidiano y sencillo que le mereció varios premios con su obra Arrugas. Hay algo mágico en la vejez. Roca lo atrapa. Cada surco es tiempo, pero tiempo vivido, exprimido hasta su última gota, que así es mucho mejor.

Imagen cómic La Casa / Paco Roca

Imagen cómic La Casa / Paco Roca