La canciller alemana, Angela Merkel, en compañía del líder de sus socios de Gobierno, Sigmar Gabriel

La canciller alemana, Angela Merkel (en el centro), en compañía del líder de sus socios de Gobierno, Sigmar Gabriel (a la izquierda).

La elección de Jeremy Corbyn como nuevo líder del Partido Laborista no es sino la enésima mutación que experimenta la izquierda europea desde el inicio de la crisis económica. Antes de él, el ascenso al poder de Matteo Renzi, en Italia; de Alexis Tsipras, en Grecia; y de Francois Hollande, en Francia; prometía devolver a la socialdemocracia la vitalidad que, años de crisis económica y un duro recorte del Estado del bienestar, les ha arrebatado. La realidad, sin embargo, es que las recetas de austeridad dictadas desde Berlín se han impuesto y el espíritu de la izquierda se ha reencarnado en tantos cuerpos que es complicado extraer un patrón de comportamiento común de los partidos socialdemócratas sin caer en una simplificación. No ha existido una línea discursiva común ni una oferta política nueva que de respuesta a los retos de un mundo cambiante. La falta de compromiso social, la ausencia de propuestas concretas y una total carencia de liderazgo han situado a la socialdemocracia a remolque de las formaciones conservadores.

Una falta de ideas sólidas que se ha traducido en la aplicación de todo tipo de recetas: desde virar al centro en busca del voto menos politizado hasta apelar a los valores más tradicionales del votante progresista. A continuación presentamos un mapa con la evolución que han tenido los partidos de izquierda en los principales países de Europa. De Francia a Alemania, pasando por Reino Unido, Italia y España.

Alemania

Desde la derrota en las elecciones de 2005 de Gerhard Schröder y la irrupción de la actual canciller, Angela Merkel, el Partido Socialdemócrata (SPD) no ha levantado cabeza. En los comicios de 2009 y 2013, la formación obtuvo los peores resultados de su historia. En la actualidad, está integrada en una Gran Coalición junto a los democristianos de la CDU que, sin embargo, ha situado en una situación muy complicada al partido liderado por Sigmar Gabriel.

Con apenas un 25% de intención de voto, según las últimas encuestas, Gabriel está lejos de poder competir con Merkel, que aglutina más de un 40%, en las próximas elecciones de 2017. Todo ello pese a haber arrancado importantes concesiones en materia social a su socio de Gobierno como la implantación de un salario mínimo profesional. Además, el ala más dura de SPD acusa a la cúpula de la formación de haberse desplazado demasiado al centro en su intento de atraer más votantes y le reprocha su dura postura frente a la crisis griega y el apoyo al tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Francia

Semana tras semana, Francois Hollande observa resignado como su nombre no consigue remontar en las encuestas y, elección tras elección, su partido no deja de perder poder en todo el territorio. El tránsito del Partido Socialista francés ha sido el opuesto al de los laboristas. Mientras unos apelaban hacia sus bases más ideologizadas y daban la victoria a un socialista de la vieja escuela, en Francia el PS ha emprendido un viaje al centro de la mano de su primer ministro, Manuel Valls, y de su titular de Economía, Emmanuel Macron.

Desde 2012, cuando los socialistas ostentaban el poder en todos los niveles del Estado, no han dejado de ceder espacio a la derecha. El PS ha perdido el control de las grandes ciudades, las mayorías absolutas en la Asamblea Nacional y el Senado y la mitad de los 48 departamentos que presidía. Además, todas las encuestas hacen presagiar que esa sangría de votos se mantendrá en las regionales de diciembre y acabará con la pérdida del Elíseo en 2017.

Reino Unido

Aunque contundente, obtuvo 251.417 votos, un 59,5% de las papeletas emitidas, la victoria de Jeremy Corbyn no deja de resultar toda una sorpresa. Con la elección del veterano diputado de 66 años, el laborismo británico ha emprendido un viraje a la izquierda con el objetivo de reencontrarse con sus principios fundacionales. Después de años en los que la formación ha tratado de exorcizar los demonios del Nuevo Laborismo, la dura derrota de Ed Miliband, el anterior líder laborista, en las legislativas del pasado mes de mayo ha acelerado los acontecimientos.

Pese al inapelable triunfo de Corbyn, los apoyos con los que cuenta, incluso dentro de su propio partido, son muy escasos y resulta complicado imaginar como el veterano diputado, alejado del centro del tablero político, disputará el poder en as próximas elecciones a los conservadores.

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos.

España

En España el liderazgo de la izquierda se lo disputan el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), encarnando el ala más tradicional de la izquierda europea, y Podemos que, con su discurso rupturista, ha insuflado esperanzas renovadas a miles de votantes progresista decepcionados por la gestión de la crisis y la corrupción de los líderes socialistas. Nada está escrito sobre qué ocurrirá el próximo mes de diciembre, cuando tengan lugar próximas elecciones generales, salvo que la disputa por el centro político será salvaje. Tanto PSOE como Podemos buscan alejarse de los extremos sabedores de que es en el centro donde se resuelven las elecciones en España. Quizá esto haya influido en la decisión de Pablo Iglesias de rechazar sumarse a la candidatura de unidad popular  de las fuerzas de izquierda, encabezadas  por  Izquierda Unida, de cara a los próximos comicios.

Italia

¿Es Matteo Renzi realmente de izquierdas? Con esa pregunta trató el ala más radical de su partido, el Partido Democrático (PD), de dinamitar su ascenso al poder hace un par de años. En respuesta a estas críticas, el actual primer ministro se inspiró en una cita de uno de sus referentes políticos, Tony Blair: “Amo todas las tradiciones de mi partido salvo una, la tradición de perder”. Este ejemplo viene a resumir la situación actual de la izquierda en Italia dividida entre los que apoyan al actual líder del PD y los que esperan una oportunidad para asustar cuentas con el joven exalcalde de Florencia. La cómoda posición de Renzi tan sólo se ve amenazada, si acaso, por el ascenso del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, todavía muy lejos en las encuestas.