Imagen de la librería Alberti

Fotografía del interior de la librería Alberti

Cuando una librería echa el cierre, es como si todos los libros que una vez se compraron en ella murieran un poco. Si el local se había ganado cierta fama en el mundo de las letras, o incluso si había trascendido los muros de cristal del sector literario y se había enraizado con el paisaje y las costumbres de una ciudad, entonces, la noticia de su cierre, siempre amarga, siempre melancólica, puede llegar a los medios de comunicación. Y todos los que compraron allí una vez levantan la mirada del ordenador y buscan entre las estanterías los dos o tres o el par de decenas de libros que recuerdan haber comprado en aquella librería. Es como si sus hojas estuviesen más silenciosas que de costumbre. Y si encima se trata de alguien que había establecido esa antigua y romántica relación con su librero -la visita semanal, las recomendaciones, los avisos de novedades, ser bien recibido, casi esperado, en las charlas y presentaciones…-, el lector, cuando vea la noticia ilustrada con esa puerta que tantas veces ha cruzado ahora tapiada, por un momento se sentirá perdido.

¿Por qué de repente uno de sus hábitos se convierte en recuerdo? ¿Por qué el resto de lectores, los otros libreros, los editores, los ciudadanos, el Gobierno, permiten que cierre su librería? ¿A dónde irá a comprar sus lecturas ahora? Lee tristemente, seguramente un par de párrafos más abajo en la misma noticia, que en España cada día se cierran dos librerías. Piensa entonces que debe haber muchos lectores sin librero como él. Y, un día, en su deambular, de pronto se topa con una librería que antes no estaba ahí. El escaparte es reluciente. A las novedades acompañan bolsas de lona con citas literarias, figuritas en porcelana, fanzines, discos de vinilo, y dentro, atisba por el escaparate, entre las estanterías hay mesas donde un puñado de gente se sienta a beber vinos o café mientras hojean los libros. El lector, que entra tímidamente en la que podría ser su nueva librería, se acuerda de la cifra hace poco leída. Si cada día se cierran dos librerías porque el sector va -dicen- mal, fatal, catastrófico, ¿quiénes son estos?

Hoy se celebra en toda España el Día de las Librerías. Un día de acción conjunta entre el Ministerio de Cultura y la CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) que pretende duplicar la jornada de fiesta en torno a los libros que ya vivimos cada 23 de abril. Y es que un día al año para celebrar el amor por la lectura y todo lo que se mueve en torno a ella -escritores, editores, correctores, lectores, libreros, críticos…- resulta más que insuficiente. Por eso, hoy 13 de noviembre, las librerías que quieran participar en esta jornada de alegría en tiempos difíciles han programada actividades, puesto descuentos especiales a algunos de sus libros y ampliado su horario de apertura hasta bien entrada la noche. Con ello se trata de invitar, no tanto a sus compradores habituales, porque cuando un lector acostumbra a comprar en una librería lo hace siempre, si no a aquellos otros lectores, habituales o esporádicos, que acuden a las grandes superficies comerciales a comprar sus libros porque, piensan, las librerías son viejas, caras y para unos pocos. Nada más lejos de la realidad.

Librería Antonio Machado en la calle Fernando IV de Madrid

Librería Antonio Machado en la calle Fernando IV de Madrid

Lo cierto es que las cifras del sector del libro no apuntan al optimismo. No son sólo las dos librerías (2,5 para ser exactos) que echan el cierre cada día. La cifra verdaderamente preocupante es ese 55% de los españoles que no lee nunca o casi nunca. La venta de libros -si un país no lee tampoco vende libros- ha caído un 18% desde 2011. Eso supone un descenso de 870 millones de euros a 707 en el volumen de facturación durante el pasado 2014, según el informe de la CEGAL Observatorio de la Librería 2014. Este año, la Federación de Gremios de Editores de España lanzó lo que los medio de comunicación denominaron como un auténtico SOS en vistas de que su sector retrocedía a cifras de hace 20 años, y propusieron al Gobierno un Plan Integral de Fomento del Libro y la Lectura. ¿Por qué los hábitos lectores de la sociedad española van en retroceso? “Lo que falla en el sector del libro es no haber sabido transmitir a la sociedad la importancia de los libros, que la gente sepa que el libro es el producto más barato en relación coste-producción que hay en el mercado” nos cuentan los libreros de Antonio Machado, que cuenta dos grandes librerías abiertas en la capital madrileña. Cabe preguntarse entonces, ¿qué parte de culpa de estas cifras tiene el Gobierno -el presente y los anteriores-; qué parte la sociedad española -como resultado de una educación que presenta muchos fallos-; y qué parte el propio sector del libro, quizás anquilosado y hermético?

“Los números están ahí, en estos diez años se ha producido un cierre de librerías enorme, la crisis económica se ha cebado con el eslabón más débil de la cadena del libro, como se escucha decir con frecuencia. Si a esto le añadimos un cuestionamiento a cerca del objeto que vendemos, el libro en papel, pues esto ha creado un clima de desánimo muy generalizado, libreros que no han visto futuro en sus negocios, que no se han visto respaldados por la sociedad para resistir momentos adversos, pues han tirado la toalla, cierran y es muy de entender si conoces mínimamente como es la vida de un librero, de una librera. Se percibe el nacimiento de nuevas librerías, tímidamente, en fórmulas mixtas de libros y algo más, como si, antes de empezar, ya dudarán de que la palabra librería puede ir sola”. Así nos lo cuenta Lola Larumbe, una de las libreras con más experiencia de la capital madrileña. Hubo un tiempo, en el tardío franquismo, en que la librería Alberti tenía seguridad en la puerta porque una noche descargaron una ráfaga de tiros contra ella. Aquella experiencia horrible ocultaba un significado esperanzador: que los libros eran importantes porque su capacidad de influencia en los ciudadanos era poderosa. Las librerías representaban un espacio de encuentro, diálogo y transgresión. Eran enclaves cosmopolitas donde el ciudadano se abría a otros mundos y otras posibilidades. ¿Cuánto ha cambiado ese ciudadano para no acudir -casi- ya a estos espacios?

Las librerías tradicionales, como la propia Alberti, que sigue contando con el apoyo de importantes escritores españoles que acuden eventualmente a su planta baja a presentar sus libros y a conversar, deben readaptarse a estos nuevos tiempos, difíciles y exigentes. “Todos hemos tenidos que adaptarnos, libreros, editores, escritores. Me parece que las librerías hemos sido más elásticas que muchos otros negocios. Nunca ha sido fácil, siempre hemos tenido que buscarnos la vida, pero ahora hay que ser más rápidos, más elásticos y pensar que las librerías tienen que salir afuera, proyectarse en la sociedad, provocar a leer” opina Lola. También lo piensan en las librerías Antonio Machado, que nos contestan lo siguiente cuando les preguntamos por los nuevos tiempos que afrontan las librerías: “el reto hoy en día es conseguir valorizar el espacio físico que representa la librería como uno de los puntos culturales de referencia en todas las ciudades, un espacio para el dialogo, la cultura, y que sin ellas se empobrecen los lugares. Es importante estimular la lectura en la gente que se acerque a las librerías y mostrar la importancia que la misma tiene en el desarrollo de las personas”. Las librerías tienen trabajo que hacer, pero también lo tienen los organismos estatales en cuyas manos queda la educación de unas generaciones que cada vez leen menos y peor.

Nuevas librerías para nuevos lectores

Aun con todo esto, el libro nunca va a morir. Son muchos los que se llenan la boca augurándolo, pero nunca aciertan, porque nuestra sociedad aún no ha encontrado mejor forma de preservar su esencia que en la literatura. Y si la literatura existe, tienen que existir también los libros. Su formato y su modo de venta puedan cambiar, y ahí reside el reto del sector. En adaptarse a unos tiempos nuevos que crean lectores nuevos. En estar al día de lo que los ciudadanos, en cuanto a consumidores culturales, demandan. Quedan unos 3.600 espacios independientes de ventas de libros. Se han cerrado casi mil. Pero hay otra cifra que apunta al optimismo: el resultado real es menor, porque a esos cierres acompañaron 226 nuevas aperturas. Nuevas librerías casi siempre puestas en marcha por gente joven, bien formada, que ha crecido y se ha curtido en antiguas librerías y que deciden lanzarse a la aventura con una idea personalísima.

Librería Tipos Infames, ubicada en pleno barrio de Malasaña

Librería Tipos Infames, ubicada en pleno barrio de Malasaña

La clase reside en la diferencia. En ser una librería distinta, única, atractiva, que sepa atraer a los lectores y a todas las personas que pululan por los círculos culturales de una ciudad, ya sea grande o periférica. Bien los saben los libreros de Tipos Infames. Estos tres amigos abrieron un pequeño espacio de dos plantas en plena Malasaña y supieron marcarse una personalidad propia: una gran selección narrativa de editoriales independientes; actividades conjuntas con escritores y editores; y el vino, toda una bodega exquisitamente elegida para acompañar a cada lectura. “La verdad es que no creemos que haya fórmula de éxito, quizá la selección y la especialización, trabajar muchas horas y con gente tan amiga y apasionada con lo que hace que todo resulta mucho más fácil. Siempre es bonito comprobar que compartes gustos literarios con otros lectores y que la librería se convierta en un lugar de encuentro y lecturas”, nos explican los infames.

¿Y qué pasa con el libro digital?

El libro digital sigue creciendo, pero aún está muy lejos de desbancar al formato papel. La Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales de España 2014-2015 publicado el pasado mes de septiembre revela que el 59.9% de los españoles lee en papel, el 17.7% en digital y un 5.7% en Internet. En 2014 creció por primera vez en cuatro años la edición de libros en papel, un 3.7%, mientras que disminuyó la edición de libros digitales un 1.9%. Amazon y su Kindle siguen siendo los reyes de la lectura digital. De los 25 libros más vendidos en Kindle en 2014, un 48% (12 títulos) fueron autoeditados. El papel de las editoriales en el mundo del libro electrónico se diluye, lo cual da la impresión de convertirlo en un mundo más libre pero de menor calidad. Nubico, la plataforma de referencia para la lectura digital en nuestro país, amplía sus fronteras hacia América Latina y cree que el libro digital es una oportunidad única de acercar la lectura a países donde casi todo el mundo tiene un smartphone pero donde hay muchos problemas para acceder a los libros.