Portada libro 'Cuando llegaron los soldados'

Portada libro ‘Cuando llegaron los soldados’

“Al menos 860.000 mujeres y niñas, pero también hombres y niños, fueron violadas por soldados aliados (…) al final de la guerra y en la posguerra. Sucedió en todas partes “, escribe Miriam Gebhardt en su libro Cuando llegaron los soldados (Als die Soldaten kamen).

Un tercio total de las agresiones sexuales ocasionadas durante la II Guerra Mundial las llevaron a cabo soldados franceses, ingleses y estadounidenses. Más de 270.000 mujeres, niños e incluso hombres con nombres y apellidos e historias personales durísimas que esta historiadora intenta recabar en un libro para evitar que se pierdan y conseguir matizar la historia de la guerra que cuenta Occidente.

Gracias a las películas y la cultura estadounidense se llegó a convencer a la gente de que los soldados occidentales fueron una especie de héroes ejemplares que salvaron al mundo de la amenaza nazi. Tras la guerra solo se documentó un caso de una mujer torturada por las huestes de los países occidentales en el mayor conflicto de la historia. Todo lo relacionado con este tipo de torturas y agresiones se echó sobre la espalda de los que venían del Este, los soldados de la URSS. Algo que matiza bastante Gebhardt, culpando al Ejército Rojo solo de 590.000 agresiones, muchas menos del millón o los dos millones que creían las autoridades occidentales.

Parece que no todo fue tan ejemplar como vende la cultura estadounidense, sino que también los aliados occidentales cometieron actos deleznables durante la cruenta y salvaje guerra. Así lo documenta la historiadora y profesora de la Universidad de Costanza que habla de que, de los 860.000 casos de violación, unos 270.000 correspondieron a soldados occidentales (190.000 estadounidenses 50.000 franceses y 30.000 británicos).

Soldados estadounidenses II Guerra Mundial

Soldados estadounidenses II Guerra Mundial

Para dar más peso a estas cifras, y caras a los documentos, el libro recoge el testimonio de varias mujeres que fueron violadas por las fuerzas occidentales cuando eran adolescentes o niñas. Es el caso de Elfriede Seltenheim, una alemana de 84 años que sufrió las agresiones de los soldados occidentales cuando solo tenía 14 años. “No había agua corriente y mi madre y yo habíamos salido a buscar agua con cubos. Al llegar al puente, los soldados americanos dijeron que mi madre debía pasar, pero que yo tenía que esperar allí. Mamá hizo ademán de volver atrás, pero la empujaron y la obligaron a atravesar el puente. Ella miraba hacia atrás sin perderme de vista, pero no podía hacer nada”.

El testimonio de Seltheim es solo uno de los que recoge ‘Cuando llegaron los soldados’. Las historias personales van desde que los soldados llegasen a tierras alemanas alrededor de 1942 hasta 1955 cuando la región recuperó su autonomía. En esos años hay casos de violaciones en masa y casos particulares que van desde niñas de 7 años hasta una mujer de 69. Todas sufrieron, no solo el dolor de la agresión, sino el deshonor personal y familiar, y el silencio de las autoridades incapaces de parar a los soldados hinchados por la victoria en el campo de batalla.

A pesar de lo conseguido, la autora de uno de los libros más vendidos en Alemania asegura que esto solo es el principio. Registros en iglesias, testimonios dejados en papel por sacerdotes, documentos institucionales y demás recuerdos han sido las armas de Gebhardt para poder recabar unas cifras que hasta a ella han sorprendido por su magnitud, aunque aún le quede mucho por documentar.

“Los grupos de mujeres rotaban, eran sustituidas cada 15 días y cuando volvían a casa guardaban silencio incluso con sentimiento de culpa”

Muchas todavía permanecen en silencio. Casos de abortos, suicidios, silencios por vergüenza… historias personales que permanecen ocultas a la espera de que esta u otra investigadora tozuda decida dar con ellas. “A menudo las tropas americanas pedían a las autoridades locales personal femenino, grupos de mujeres de 15 en 15, supuestamente para atender en las tareas de secretariado o cocina. Era un tipo de trabajo forzoso que a menudo encubría violaciones indiscriminadas. Los grupos de mujeres rotaban, eran sustituidas cada 15 días y cuando volvían a casa guardaban silencio incluso con sentimiento de culpa”, cuenta la investigadora, mostrando como en diversas ocasiones estas agresiones no solo eran consentidas por las instituciones sino apoyadas por las mismas.

Una historia negra de los vencedores de la II Guerra Mundial que quedó oculta bajo el manto de los héroes que vencieron al diabólico fascismo. Un pago que algunos supusieron menor a cambio de haber salvado al mundo del yugo del nazismo.