“Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los mal informados e ingenuos serafines de majestuosas alas, envidiaron. Contemplen esta maraña de espinas”

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Portada de Lolita, de Vladimir Nabokov.

Con estas palabras, la sociedad occidental de mediados del siglo XX se enamoró y horrorizó de aquello que se había enamorado. Lo que ocurrió con Lolita, la primera y más exitosa novela del escritor ruso nacionalizado estadounidense Vladimir Nabokov. Lolita, que narra la atracción enfermiza del profesor Humbert Humbert por una niña y su periplo recorriendo el país en una huida constante de sí mismos, fue publicada por la editorial estadounidense G. P. Putnams´s Sons en 1958 y en Gran Bretaña por Widenfeld & Nicolson en 1959. Anteriormente había sido publicada en París en 1955 con el sello Olympia Press, una pequeñísima editorial fundamentalmente dedicada a publicar libros pornográficos, pues ningún editor anglosajón se atrevía con ella. Nada más ver la luz en el país galo fue prohibida debido a su “contenido obsceno”. Los otros editores, estadounidenses principalmente, a los que enseñó el original antes de 1955 –consciente de que le podía valer su puesto como profesor universitario, Nabokov quería publicarlo sin su nombre- sabían que publicar aquella obra les podría valer una multa o incluso la cárcel. Nabokov desoyó a amigos y colegas de profesión que le recomendaron olvidarse de publicar aquella novela. Muchos quedaron asustados por lo arriesgado del contenido del libro, aunque a la vez impresionados por sus cualidades artísticas. Otros, por el contrario, le dijeron que una de las obras consideradas cumbre de la literatura del último siglo era una basura.

La obra de Nabokov fue rápidamente pasto de la crítica, la censura y la prohibición. Se trata de uno de los libros más controvertidos de la historia de la literatura reciente, y fue considerado altamente peligroso -y aún se sigue considerando en algunos países- por su contenido moral y sexual. El propio Nabokov, desde el principio, se vio superado por la inmensidad de su propia obra. De hecho, se sabe que pretendía quemar los primeros capítulos de Lolita, y fue su mujer la que se lo impidió. Años después, decenas de ejemplares se quemaron públicamente en la localidad alemana de Düsseldorf en las piras orquestadas por el régimennazi. Desde un primer momento fue acusado de pornografía en Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Sudáfrica, países fuertemente marcados por una ideología religiosa puritana.

Antes de que el eco de la obra se oyese en los Estados Unidos, llegaban algunos ejemplares de Lolita, de aquel primer ejemplar francés prohibido que las autoridades galas intentaron requisar de todos los comercios, a librerías de saldo inglesas. Ninguna revista literaria se hizo eco de la obra –también debido al pequeño tamaño y escasa importancia de la editorial francesa- hasta que el escritor Graham Greene la recomendó en el Sunday Times de Londres como uno de los mejores libros del año. Un crítico del Sunday Express reaccionó diciendo que “es el libro más sucio que he leído nunca”. La polémica continuó entre varios periodistas y autores y el libro se convirtió en un éxito gracias al boca a boca. Aquella aberración de la que todo el mundo hablaba, o aquel magnífico y hermoso atrevimiento literario, estaban en boca de todos. Había que leer el libro prohibido.

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Fotograma de Lolita, con James Mason y Sue Lyon.

Distintas editoriales estadounidenses quisieron comprar los derechos al dueño de Olympia Press, que pedía una suma astronómica consciente del increíble entusiasmo que estaba levantando el libro en Europa. Francia, instigada por Inglaterra, decretó la prohibición del libro, pero la editorial se querelló contra el Ministerio del Interior francés por prejuicios al autor y a la propia editorial y ganó. Lolita, sin quererlo su autor, se convirtió en un escándalo internacional, y todo el mundo quería hacerse con un ejemplar. En Estados Unidos, en 1958, Putnam compró los derechos editoriales y la productora de Kubrick los cinematográficos. La película apareció en 1962, con James Mason como Humbert Humbert y Sue Lyon como Lolita, con esas icónicas gafas de corazones rojos. La película cosecharía el mismo éxito y las mismas críticas que la novela.  Lolita vendió más de cien mil ejemplares en su primer mes a la venta, unas cifras tan sólo superadas por Lo que el viento se llevó. Mientras, las bibliotecas de algunos estados más puritanos se negaban a prestarla, la novela de Nabokov acaparaba las listas de las obras más vendidas.