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Imagen de Yosi, vocalista de Los Suaves de Jonas MF (Flickr)

El Rock & Roll nunca morirá. Al menos eso canta Neil Young, pero la realidad es que cuesta imaginarse cómo será sin Los Suaves. Míticos, legendarios o históricos, suelen ser los adjetivos utilizados por la prensa  a la hora de referirse a uno de los grupos más importantes del rock en español. Sus andanzas empezaron en su Galicia natal en 1982, concretamente en Ourense, donde una plaza conmemora a sus hijos predilectos desde 2010 –además de haber recibido la Medalla de Oro de la localidad-. Más de 30 años después, se hace difícil pasar por una fiesta gallega y que la banda de turno no entone aquello de “Dónde vas, bala perdida, dónde vas triste de ti”. Su Dolores, su Lola, es la canción que siempre les acompañó y que nunca faltó en cada concierto. El tema, a mitad de camino entre la pena y el revanchismo, cuenta la historia de cómo Lola, o Dolores, pasó de ser una estrella en la adolescencia a estrellada en la madurez. “Dolores se llamaba Lola,  hace la calle hasta las seis…”

El grupo se cimentó entre los hermanos Domínguez, cantante y bajista del grupo. Aunque acabaría por ser Yosi, quien acaparase el foco mediático. Años atrás, empezó a tomarse en serio la música y decidió dejar su trabajo como Policía Nacional. Su pasado en el cuerpo no fue un impedimento para llevar una vida de estrella del rock: mucha carretera y mucha fiesta. Los Suaves se han recorrido el territorio nacional de punta a punta durante los últimos 30 años. Exponentes básicos del –para bien o para mal- denominado “rock calimochero” forman parte de ese núcleo duro de artistas como Extremoduro, Platero y tú o más recientemente La Fuga o Marea. Todos ellos comparten un mensaje en común, con Los Suaves comenzó todo. Rock sin tapujos.

Con su último trabajo de estudio, Adiós, adiós, publicado en el 2010, el grupo parecía profetizar lo cerca que se encontraban de la disolución. Crisis internas entre los diferentes compañeros de trabajo eran las principales razones para el posible fin de la banda. Al final la enfermedad de Yosi, afectado de hepatitis C, ha supuesto el golpe final. A sus 67 años, su salud mejorará alejado del que todavía es su hogar, el escenario. En él solía pegarse al micrófono en cada suspiro, muchas veces impidiendo que el público entendiera lo que Yosi cantaba. No hacía falta, se la sabían de memoria. Además, más de una vez se dio la circunstancia de que un Yosi en éxtasis y habiendo perdido la camiseta unas cuantas canciones atrás trataba de continuar en el escenario a pesar de que el tiempo programado por la organización del festival –Los Suaves son habituales en casi todas las citas como en el ViñaRock- se había cumplido. El público, normalmente entregado, coreaba a su ídolo y su acto de rebeldía, fuera más o menos teatralizada. Palabras para Julia, Peligrosa María, No puedo dejar el rock forman parte una banda sonora que toca a su fin.

Los Suaves pasaron a la historia desde el momento en el que telonearon a los Ramones. Fue en La Coruña en 1981. El éxito sólo estaba a un paso. Del grupo formado en Queens cogieron algo más que la experiencia, ya que decidieron crear un logo similar sustituyendo el águila por un gato enfurecido. Aunque todavía estén en pleno proceso de despedida, con una gira que, ya han avisado, se podría alargar hasta que consideren oportuno, el fin de una era está más cerca que lejos. Puede que Los Suaves no fueran los que mejor tocaran, ni Yosi tenía la mejor voz, pero siempre fue realmente complicado ir a un concierto suyo y no pasárselo bien. Los Suaves todavía no han muerto: ¡Que vivan los Suaves!