Carmen Ballcels con algunos de

Carmen Ballcels con algunos de sus representados más famosos como Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa

A ella no le gustaba que lo llamasen “boom”, pero fue una explosión. Y quizá ella fue quien prendió la mecha. Eran los años 60 y Carmen Balcells, que no dominaba el inglés, leía todo lo que podía de letras hispanas. Así se topó con Mario Vargas Llosa, al que ofreció un salario de quinientos dólares mensuales para que pudiera dedicarse únicamente a escribir, y también a Gabriel García Márquez, Cortázar y Pablo Neruda. Todos se dieron cita en una Barcelona que, sin nada que envidiarle al París de los años 20, fue toda una fiesta. Había muchas charlas, juergas y algún que otro puñetazo. Pero sobre todo mucha literatura. Libros de hojas desgastadas que pasaban de mano en mano y borradores de las que serían algunas de las mejores historias de la literatura universal. Y Carmen Balcells, la Mamá Grande, apodada así por un personaje de uno de los relatos de García Márquez, amadrinó todo aquel jolgorio.

Nació en Lleida en 1930. Estudió peritaje mercantil para, llegado el caso, salvar a su familia de la ruina. Era la mayor de cuatro hermanos, y así se acostumbró a velar por otros. Trabajó en el sector textil hasta que conoció al rumano Vintila Horia, que tenía una agencia literaria en Madrid, y ella se ofreció a llevarle la representación en Barcelona. No tardaría mucho en instalarse por su cuenta, ya que, embebiéndose en aquellos primeros años de todo cuanto podía saberse del sector editorial español, descubrió que quedaban muchos huecos por rellenar. Lo de los escritores era casi una situación de mendicidad. Muchas editoriales se aprovechaban de ellos con cláusulas abusivas y contratos basura. Carmen Balcells, una especie de mamá guerrera, de veladora de las letras, cambió el negocio de la literatura para siempre. No sólo ayudaba a sus escritores como salarios mensuales y adelantos para comprarse un piso, sino que luchaba férreamente, sin tregua, porque sus derechos de autor se respetasen y cotizasen al alza. Las editoriales la temían. Sus decisiones eran justas e implacables.

Su vida fue un constante trabajo. Levantó y mantuvo la agencia más importante del mundo de las letras hispanas. Carmen Balcells, del mismo nombre que su titánica mamá, ha representado y continuará representando a algunos de los mejores autores del mundo. Tiene más premios Nobel en su cartera que dedos en una mano: García Márquez, Vargas Llosa, Aleixandre, Cela, Miguel Ángel Asturias y Neruda. Y además Cortázar, Manuel Vázquez Montalbán, Ana María Matute, Rosa Montero, Miguel Delibes, Juan Marsé… En el año 2010 el Estado español compró su archivo personal, compuesto por 2.000 cajas que contienen gran parte de la historia reciente de la literatura. Aún en búsqueda de un lugar idóneo donde exponer estos archivos al público, quizá una nueva institución o fundación, el Estado vuelve a negociar otra compra de documentos personales por más de un millón de euros. Contratos, cartas, originales y borradores de sus autores… todo un tesoro de las letras universales. El tesoro mejor guardado de la Mamá Grande.

Un último pacto con el Chacal

andrew wylie

Andrew Wylie, alias “el Chacal”

Solo había otra persona en el mundo que le pudiese hacer frente a la gran dama española y era un animal carroñero de Estados Unidos. Andrew Wylie, más conocido como el Chacal. Tiene otros sobrenombres populares, como fabricante de Nobeles y embaucador de viudas. Así dicen las malas lenguas que le arrebató a Balcells los derechos de autor de Roberto Bolaño, encandilando a una viuda joven. Desde hacía tiempo se venía rumoreando acerca de un posible acuerdo entre los dos gigantes de las letras.Venían a complementar el vacío del que adolecía el otro: Wylie las letras hispanas, Balcells autores anglosajones. Wylie es un magnate de acero con ojos de hielo, multimillonario, dispuesto a comprar la casa de la Balcells, respetando su nombre y su independencia pero salvándola de apuros económicos. El resultado sería Balcells & Wylie, la mayor agencia literaria del mundo, representante de los derechos de los mejores autores, vivos y muertos, de la literatura.

El carácter de ambos era puro fuego, condenados a estallar. Del primer acercamiento que tuvieron en la Feria de Francfort en los años 90 salieron realmente molestos. Además de a Bolaño, Wylie se había llevado al querido Borges. Él era agresivo. Ella, incorruptible. Estaba dispuesta a vender la mitad de su agencia, de la que seguiría siendo directora y con sede en Barcelona,y en unos años el resto. A Wylie le incomodaban sus maneras. Entraron otros nombres en juego, como Riccardo Cavallero, el que fuera máximo responsable de Random House Mondadori en España. Las cifras de la agencia de Balcells eran desconocidas y la gran dama no se decidía. Wylie finalmente optó por crear la agencia The Wylie Agency España. En sus últimos meses, tranquilizó a la agente catalana explicándole que era un paso más para acercar la fusión de sus agencias. Pero ella temía por sus tres grandes nombres hispanos: García Márquez, Vargas Llosa e Isabel Allende. Fallecida Balcells, el contrato sigue en el aire, un empate inmenso e incómodo, y sólo el tiempo dirá en qué termina la hipotética alianza entre la Mamá y el Chacal.